Divertido, apasionado, un poco salvaje, muy caballero y talentoso, Ricardo mostró su arte y su alma en una amenísima charla con Nosotros.
Romina Santopietro. Fotos: Flavio Raina y gentileza del artista.

Ricardo Calanchini estrena muestra en la Estación Belgrano, en el barrio que lo vio nacer. Para esta vidriera expandió los límites formales de su obra, para abarcar el espacio generoso de la Estación. Pero el espectador presiente que la realidad no es un verdadero límite para su afán creador.


Asegura que siempre hizo lo que quiso, disfrutándolo inmensamente.


Y probablemente ese sea su secreto a voces: la perseverancia, alimentada por la pasión, por la vida y por el arte. La primera frase de la entrevista -porque previo hubo presentación, recorrida exclusiva por la mega muestra de los salones altos de la Belgrano, charlas fluidas y sesión de fotos- marca la idea: “A mí, el arte me lo dio todo”. Más concreto, imposible.


Entre café, muchas anécdotas y todavía más risas, Calanchini desgrana su historia, su visión y filosofía personal.


“Yo desde siempre supe que quería dibujar, pintar, y lo hago desde muy chico. Y mi entorno, mi familia, mis parejas, mis hijos, mi hermana, todos apoyaron y sostuvieron esta profesión que elegí. Todo me inspira, todo me conmueve, todo me apasiona. Y esas impresiones son las que quiero llevar al lienzo, para conmover a quien lo vea”, explica.


“En algún momento me pregunté si quería ser artista o ser famoso”, cuenta divertido. Hoy es las dos cosas. Y no solo en nuestra ciudad, con lo que refuta ese infame dicho de que nadie es profeta en su tierra.


En su portal web, una frase se destaca: “El arte sólo es tal cuando logra una conexión genuina con la gente, de ahí la necesidad de que cada obra llegue a tomar contacto con la mayor cantidad de personas posible. Si pudiese elegir entre masividad y transcendencia para lo que hago, elegiría la primera”.


Al respecto, amplía la idea: “yo saqué al arte de los museos. Hice muestras en casi todos los bares grandes de Santa Fe. El arte tiene que estar en la calle, ser accesible para ser disfrutado. En un bar, en un fin de semana, pueden llegar a ver una muestra más del triple de personas de las que pasan por los museos en un mes, te lo aseguro”.


En esto de desacralizar el arte, va más allá: “La gente sabe si le gusta o no le gusta, aunque no puedan decirte exactamente por qué. Y si le gusta, empieza a seguirte, a preguntar, a interesarse… Puede notar que la paleta es diferente, o parecerle que una muestra anterior era más luminosa… Va quedando un antecedente. Y si se interesa, va a empezar a definir por qué te sigue, por qué le gusta. Además de conmover, el artista debe contagiar el amor por el arte”, reflexiona.


Construirse desde el arte
A menudo sostiene que no hay artistas. “El artista vive por y para su arte, no relega una pasión al oscuro nicho de hobby. Si trabajás de otra cosa, no sos artista. Es una decisión que muy pocos toman y defienden”.


“Y por otro lado, cuando van a una muestra y ven todo el glamour de las fotos y los aplausos, no imaginan el trabajo que es sostener eso. Porque no existen raptos de inspiración, hay que trabajar, dedicar diez horas o más a pintar, a dibujar lo que tenés en la cabeza. Y parte del trabajo es también caminar, golpear puertas, insistir para lograr una muestra, una venta… Llegar a proponer algo con todo el evento pulido, pensado, resuelto. Si yo presento una carpeta, todos los detalles fueron pensados y contemplados, la propuesta va completa, cerrada. Hasta de las invitaciones me ocupo yo. Si va una barra de tragos, si va algún cantante, de cada detalle estoy pendiente”. Y agrega riendo: “Soy muy insistente, si tengo que ir y pedir las cosas 20 veces, voy 20 y sigo dispuesto a ir 20 veces más. Pero ese trabajo constante, de todos los días, no se ve”, afirma.


Y elegir como profesión ser artista, implica saber que los tiempos difíciles no son ajenos a la vida. “Yo he pasado momentos muy difíciles. Donde caminaba todos los días porque no tenía plata para movilizarme de otra forma. Incluso así, logré que mis hijos sean los tres profesionales. Pero para mí, no es importante lo material. Disfruto con pasión de todo lo que hago: le presto atención a cada detalle. Si cocino, quiero hacerlo deteniéndome y disfrutando. Si paseo por la costa, quiero conectar con la naturaleza, con el aire, con el momento. Si hago el amor, sentir cada segundo. Poner el alma y el corazón en cada momento, en cada instante”.


“Yo juego a la timba del arte. Y en eso me juego entero. Si hoy vendo un cuadro, es probable que todo, o casi todo ese dinero vaya a la compra de materiales. Hoy disfruto de un buen pasar, gracias al arte mismo. Y digo timba porque sé con certeza que no es ‘suerte’, me resisto a llamarlo suerte. Porque hay mucho laburo puesto detrás de hacer y ser arte. Es una permanente autogestión, nada llega solo”, asegura.


Hoy reconoce al arte como su profesión. “Se tiene la idea de que el artista tiene que ser pobre. Como si no fuera posible vivir de esto. Sostengo que hay buenos dibujantes, buenos pintores o escultores. Pero no hay artistas. Porque trabajan de algo, de otra cosa, y esa es su profesión. El arte es su hobby. A mí todos me conocen como pintor. Porque esto es a lo que me dedico. Pero yo no tengo obra social, yo no tengo jubilación ni vacaciones pagas. Esa es la gran diferencia. Me juego entero cada día de mi vida por el arte”, relata.


El arte está presente en cada momento de su vida. “No me veo haciendo otra cosa. Si nada me lo impide, creo que moriré pintando. Como me respeto, creo que me reinventaría… si me agarra Parkinson, pintaría cuadros con agua en movimiento”, afirma con sonrisa traviesa.


Vivir libre e intensamente
“A los 16 años me fui a vivir a una comunidad hippie en Uruguay. He vivido muy intensamente. Libremente. He vivido en muchos lugares del mundo. Gracias al arte he ido cumpliendo todos los sueños que tuve. Y los sigo cumpliendo, porque genero todo el tiempo sueños nuevos. Viajé muchísimo. Conocí gente increíble. De ese grupo primigenio de sueños que se sentían imposibles de lograr, los cumplí a todos”, cuenta.


“He tenido una suerte de ángel guardián, por llamarlo de alguna manera. Siempre se me fue allanando el camino. Cada cosa que me he propuesto, la conseguí. Supongo que porque insisto tanto, que deben decir ‘ahí viene otra vez, decíle que sí así no hincha más’ -risas- Pero es trabajo, es insistencia, es pintar todos los días”.


Todo esto que vive lo emociona. Declara que es un mimo al alma y una caricia al corazón y al ego el reconocimiento cosechado. Inquieto, aún no cerró la presente muestra y ya tiene entre ceja y ceja su proyecto siguiente. “Me compré un piano. Vos me dirás ¿para qué puedo querer yo un piano?. Quiero intervenirlo. Transformarlo. No solo pintarlo, colocarle palancas cromadas… Quiero convertirlo en arte”, adelanta.


Autodefinido
“Soy un tipo extremadamente agradecido a lo que la vida me brinda cada día. Nunca un día de mi vida ha sido igual a otro. Soy apasionado, soy generoso. Intuitivo y observador. Soy un gran optimista, siempre veo el vaso lleno. Tengo todo. Soy un tipo amado. He sido amado y amo profundamente. No me importa lo material, todo lo que me importa lo llevo acá”, concluye, señalando a su corazón.

Brevísima bio
Nacido en Santa Fe el 5 de octubre de 1955. En 1972 comienza sus estudios en la Escuela de Arte Juan Mantovani, formándose en la creación artística con maestros como Oscar Esteban Luna, Richard Pautasso, César López Claro, Ricardo Supisiche, César Fernandez Navarro, entre otros.


Multipremiado en salones del país y del exterior, creó más de 400 muestras colectivas e individuales. Expuso en Barcelona, Madrid y París; y residió en Estados Unidos, donde fue invitado a participar en The International Art Colony, Baldhead Island, N.C. En el 2002 ganó el concurso del famoso “Festival de la Hispanidad de Miami”.


Exhibió en “Crisolart Galleries” tanto en su sede de Barcelona (España) como en la de Copenhague (Dinamarca) y participó con esta galería en la Feria Internacional de Arte de Castilla y Len (ARCALE 2003) celebrada en Salamanca.


Su obra se expresa en el dibujo y la pintura. Inspirado por el surrealismo desde sus comienzos, su obra se focaliza en la soledad del ser y sus consecuencias. Desarrolló su estilo personal basado en el surrealismo y apoyado en el psicoanálisis.


Ha vivido en muchos lugares del mundo, pero siempre supo que volvería para radicarse definitivamente en nuestra ciudad.


Considera a Santa Fe su lugar en el mundo, donde continúa con su trabajo creativo y sigue difundiendo su obra en muestras permanentes.