La inteligencia artificial ha logrado este año competir de igual a igual con la nómina de autores destacados que han desembarcado en la Feria del Libro de Fráncfort, la principal cita del sector editorial en el mundo.

 

Ni afamadas plumas internacionales como Dan Brown o Salman Rushdie han logrado hacerle sombra al robot escritor que firma uno de los proyectos estrella de esta edición, bautizado como “Manifest”.

 

“Antes era un robot industrial que hacía un trabajo duro y se movía en un mundo competitivo, pero lo liberamos”, explica el alemán Jan Zappe, quien junto con sus compatriotas Martina Haitz y Matthias Gommel conforma el grupo artístico “robotlab” que se encuentra detrás de este “autor mecanizado”.

 

Sin necesidad de musas que lo inspiren, este robot escribe manifiestos de forma ininterrumpida. Cada uno de ellos se compone de ocho enunciados generados de forma autónoma en base a la información interna de la que dispone en una especie de base de datos.

 

El arte, la filosofía o la tecnología son materias que integran su archivo privado. Tras elegir términos concretos, los asocia y construye oraciones. La combinación resultante produce manifiestos únicos, cada uno sellado con un número de serie.

 

“Concebimos el robot como una instalación artística, no nos centramos en el plano de la investigación. Este robot no responde a órdenes humanas, sino que es libre de elegir y compilar palabras”, aclara Gommel ante una audiencia que toma notas y escucha con atención.

 

Robotlab mostrará este sábado ante el gran público cómo su “criatura”, a través de diferentes algoritmos, es capaz de generar nuevas tesis para a continuación apuntarlas manualmente en tres idiomas. Escribe con la tipografía clásica de las máquinas de escribir, pero a un ritmo mucho más pausado.

 

El trío de artistas, lejos de ser unos novatos en el estudio de la relación hombre-máquina, atesoran una gran experiencia que desde principios del siglo XX han ido plasmando en diferentes proyectos artísticos.

 

Comenzaron desarrollando un “robot dj” que llegó a pinchar en 2002 en el famoso festival de música electrónica y experimental “Sónar” que se celebra en Barcelona.

 

Posteriormente, se convirtió en pintor, realizando retratos en base a una fotografía tomada inicialmente con una cámara lateral. Metido de lleno en el ámbito artístico, se pasó a la literatura y comenzó a escribir.

 

Sus primeras prácticas las realizó copiando la biblia durante nueve meses ininterrumpidos, con sus noches y sus días. Una vez entrenado el hábito de la escritura, con “Manifest” llegó su gran momento.

 

El robot escritor que ha revolucionado Fráncfort trabaja de forma incansable.

 

Terminada una página, empieza con férrea disciplina la siguiente. Sabe que tiene que aprovechar el tiempo, porque la vida útil de un autómata industrial convertido a artista no supera los tres años.