Al llegar a casa luego de una larga jornada laboral, es importante sacarnos esa ropa, los zapatos, relajarnos y es primordial ponernos cómodos, pero la comodidad de estar en casa nada tiene que ver con disfrazarnos con prendas gastadas, viejas, pasadas de moda, con talles que no son los actuales.
Por Nadia Novillo

Cada casa, cada hogar, cada familia es un mundo, una historia, con estilos de vida, gustos, preferencias muy personales y hábitos particulares.

Cada trabajo de organización es un nuevo desafío para mí, donde debo ofrecerles las mejores alternativas para optimizar sus espacios, brindándoles soluciones de orden que se ajusten a sus necesidades, siguiendo la premisa fundamental que todo les resulte práctico, cómodo, fácil y posible de mantener en el tiempo, aplicando la lógica y el sentido común, asignándole a cada cosa un lugar, ubicando cada cosa donde se usa y se necesita, buscando en todo momento el equilibrio entre funcionalidad y estética.


Soy muy observadora y estoy muy atenta a las conductas y actitudes de los clientes, sus expresiones, lo que les va sucediendo, lo que van sintiendo: aparecen recuerdos, anécdotas, sentimientos de melancolía, sobre todo en el proceso del descarte, hay determinadas cosas que generan más apego, que les cuesta más soltar y eliminar, realmente son jornadas terapéuticas y liberadoras pero a su vez muy dinámicas y divertidas, incluso graciosas cuando se sorprenden y asombran al descubrir cosas guardadas y olvidadas hace años.


A pesar de que nunca una organización, casa o familia es igual a otra, sí puedo asegurar que hay frases, respuestas, costumbres de guardar y acumular determinadas cosas, que se presentan como denominadores comunes en todas las organizaciones.


Cuando organizo vestidores, guardarropas, placares, armarios, roperos, closet o como más les guste llamarlos hay una frase célebre que escucho repetir una y otra vez por la gran mayoría, por no decir la totalidad, de mis clientes durante el proceso de descarte, es la famosa, típica y conocida “esto lo dejo para usar y estar en casa”.


Amparados y justificados por esta categoría comienzan a aferrarse a prendas y zapatos, que están en mal estado, manchados, despintados, gastados, pasados de moda, y que ya no usarían para ir a ningún lado pero como les cuesta desprenderse, tienen la excusa de conservarlos para usar en casa.


Entiendo perfectamente que al llegar a casa luego de una larga jornada laboral, es importante sacarnos esa ropa, los zapatos, relajarnos y es primordial ponernos cómodos, pero la comodidad de estar en casa nada tiene que ver con disfrazarnos con prendas gastadas, viejas, pasadas de moda, con talles que no son los actuales.


Es lógico y razonable que busquemos e intentemos estar lo más cómodos posible en casa, con prendas sueltas, suaves, livianas, ligeras, de algodón, con ojotas o zapatillas, sin maquillaje, con el pelo recogido en una cola o un rodete, con anteojos aéreos si habitualmente usamos lentes de contacto, todo esas cuestiones son obvias y válidas, lo que no está bueno es estar en casa convertidos en calabaza, vestidos de manera ridícula.


Nuestra imagen y aspecto personal habla, comunica y transmite acerca de nosotros e influye muchísimo en nuestro estado de ánimo, no se trata solo de mostrar una apariencia fuera de casa y dentro estamos “así nomás” porque total nadie nos ve, nosotros nos vemos, nuestra familia nos ve, si llegara alguien a visitarnos entraríamos en pánico de que nos vean así.


Ser emprendedor, hacer tareas free lance, y trabajar desde casa tampoco justifica estar desarreglados y abandonados.


Con la llegada del otoño y el frío comienza la temporada de bata, pijama y pantuflas, de manta en el sofá y eso forma parte del confort, el placer, el goce, el disfrute y la comodidad de estar en familia en nuestro hogar, incluso las marcas cada año se esfuerzan más en presentar colecciones de pijamas con diseños originales, novedosos, coloridos, alegres y divertidos, justamente inspirados en la costumbre y tendencia de que los pijamas dejaron de ser prendas exclusivamente para dormir sino que se volvió común y habitual usarlos para estar en casa.


Realmente reconozco que es un placer tanto para niños y adultos darnos un baño caliente, hidratar nuestra piel con una crema con rico aroma, perfumarnos, ponernos un pijamas y pantuflas y quedarnos en casa, es reconfortante, es un mimo a nosotros mismos.


Pero me veo en la obligación de hacer una salvedad, todas aquellas prendas que ya no usamos tampoco es buena idea destinarlas como prendas para dormir, ya que también es típico en el proceso de descarte separar remeras para dormir y usar de pijama.


Siguiendo esta línea de pensamiento surgen nuevas categorías de prendas, esto para hacer el asado, para lavar el auto, para hacer gimnasia, para ir a pescar, para ir al campo, para pintar, para hacer jardinería, para hacer trabajos y arreglos en casa y sigue la lista de ocurrencias para intentar seguir conservando todo lo que se tiene en exceso y ya no se usa.


Si bien nadie se pondría a hacer estas tareas con prendas nuevas, a estrenar, que usa para ir a trabajar o para a un evento tampoco es necesario destinar tanta ropa para estas actividades, que en muchos casos suelen ser muy de vez en cuando y esporádicas. El consejo es en esas situaciones utilizar prendas que ya tienen más usos, más años, pero que aún están vigentes.


Otra utilidad que suelen sugerir para las remeras que ya no usan es convertirlas en trapos de limpieza. Acuerdo con la idea de reciclar y reutilizar pero déjenme decirles que actualmente en el mercado vienen unos paños de limpieza de microfibra especiales para dejar los espejos, vidrios y todas los superficies impecables, gamuzas exclusivas para muebles que no dejan pelusas, ni los rayan, y les puedo afirmar además que seguro las tienen, con lo cual no tiene sentido sumar más cosas a los elementos de limpieza.


Aprendamos a desprendernos de lo que ya no usamos sin intentar inventar nuevos usos y destinos a cada prenda, desterremos los “para estar en casa”, “para dormir”, “para usar de trapo”.


Los invito a estar cómodos en sus hogares, pero no disfrazados. Vale la popular joggineta y vale el pijama, más aún en otoño e invierno, que estar a gusto no signifique estar desarreglados.


Tomo prestadas las palabras de Coco Chanel y me despido diciéndoles que para estar en casa “vístete como si fueras a ver el amor de de tu vida, a tu ex y a tu peor enemiga”, claramente el mensaje es vístete siempre mostrando tu mejor versión.