Te presentamos a Baby Yoda


Quién iba a sospechar que un solo personaje de “The Mandalorian” iba a generar todo este interés y expectación, mucha más que cualquiera de los personajes de la nueva “Star Wars: El ascenso de Skywalker”, y eso que estamos a puertas de su inminente estreno el próximo 20 de diciembre. Cómo íbamos a saberlo.

Nah, no nos engañemos. Estaba claro que un personaje como Baby Yoda iba a convertirse en el centro de atención de la serie más comentada de Disney+, hasta el punto de generar memes y gifs en modo avalancha (con sus consiguientes confusiones fugaces por cuestiones de derechos. Que luego quedan en nada porque Disney es famosa por el proteccionismo excesivo de los derechos de difusión de sus criaturas, pero también sabe bien que todo tiene un límite. Y también estaba claro que iba a desatar entre los fans más creativos una buena cantidad de fan-art y homenajes varios dedicados al aún misterioso personajillo.

En Twitter circula una versión argenta: con mate y todo.

La discusión en torno a él ha llegado hasta el punto de que se viralice la devoción del director de cine y actor Werner Herzog, famoso por la ruda contundencia de la que suele hacer gala, derretido de amor ante la expresividad de su minúsculo compañero de reparto. O de que hayamos dedicado su (natural) tiempo a discernir si podemos llamarlo Baby Yoda (en resumen: Yoda Adulto -ahora deberíamos llamar al Yoda de toda la vida Yoda Adulto, con toda lógica-), lo que nos ha llevado unos días porque no es el mismo Yoda que el clásico, obviamente, ya que ‘The Mandalorian’ transcurre cinco años después de «El retorno del Jedi'». Pero Dave Filoni, director del piloto, asegura que podemos decir Baby Yoda con total tranquilidad hasta que tengamos un nombre mejor.

La cuestión es que ese secretismo, que impide que sepamos el nombre exacto de la adorable criatura de momento, y que hace quizás no lo vayamos a conocer hasta el mismo momento en el que sea desvelado en la serie, ha afectado a una rama del negocio Disney sin duda tan esencial como la propia “The Mandalorian”. Una rama a la que Lucas prestó especial atención (si el responsable de la trilogía original alguna vez mereció ser definido como un «visionario», sin duda fue por esto), como puede comprobar cualquiera que se acerque al fascinante episodio de “The Toys that Made Us” dedicado a “Star Wars”: los juguetes y el merchandising.

Ya desde los inicios de la saga, desde su misma primera secuela, Lucas descubrió hasta qué punto era rentable el merchandising de su mundo galáctico. Es lo que le llevó a pactar quinientos mil dólares menos en su salario a cambio de controlar (y recibir los beneficios íntegros) de los juguetes. Fue un movimiento que le convirtió en millonario, y una decisión ciertamente innovadora en una época en la que los juguetes no solían asociarse a películas salvo excepciones muy contadas, y desde luego no de forma tan exhaustiva y variada (solo hay que comparar el merchandising de “Star Wars” con el que generó otro taquillazo de la época potencialmente explotable, “Superman’”).

Sin contar la llegada de Disney, experta en el tema y que convirtió las continuaciones de ‘”Cars” de Pixar, por ejemplo, en campos de pruebas para juguetes más que en secuelas al uso, las cifras hablan por sí solas. Solo con las seis primeras entregas de la serie, la suma de los ingresos de las películas en cines y en el aún más lucrativo mercado doméstico no llegaban a diez mil millones de dólares. Los ingresos de merchandising (y eso no incluye solo juguetes, sino también videojuegos, cómics, libros y demás productos derivados) superaban los veinte mil millones. Más del doble, y sin contar el asalto reciente de Disney e hitos posteriores como la llegada de Lego a la ecuación, que con “Star Wars” licenció por primera vez una propiedad intelectual ajena.

Fuente: Xataka.

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