La escritora presenta su nueva novela “La Tigra”, la historia de una mujer productora agropecuaria que trata de salvar su campo de la ruina mientras un incendio voraz amenaza con devorarlo todo.

Textos. Enrique Butti. Fotos. Amancio Alem y Archivo El Litoral.


Tu nueva novela es la historia de un pasado lejano y de un pasado cercano que es un momento clave para entender el desencuentro actual de los argentinos. Hay muchos conflictos que se plantean en “La Tigra”; ¿dónde ubicarías su tema central?

El tema de “La Tigra” se inició a raíz de la asfixia económica de los 90. Algo muy prosaico, ¿no? En esa década, en la Argentina, los productores agropecuarios nos fundíamos. Yo trabajaba un campo familiar y no sabía qué hacer, qué otra cosa inventar para no terminar en las garras de los bancos, para no convocarme como la mayoría. ¿Podría salvar mi patrimonio de la hecatombe?

Pensándolo desde hoy quizá lo que me ayudó fue empezar a escribir la novela. Eso descomprimió mi situación interna. Primero fueron unos tímidos cuentos con historias de personajes de la región, pero luego tomó otra envergadura, deseché los cuentos y apareció el nudo de “La Tigra”.

¿Cuál es el argumento? Una mujer productora agropecuaria (casi mi “alter ego”) trata de salvar su campo de la ruina mientras un incendio voraz amenaza con devorarlo todo. Ella, Hersilia, vive en la zona rural y busca desesperada un cuaderno en donde su padre escribía consejos, reflexiones, ideas; piensa que allí puede encontrar una llave que le permita divisar la salida y salvar la encrucijada que atraviesa.

Mientras tanto, algunas noches, se junta con sus amigas del pueblo a charlar sobre la vida y los ausentes. El mayor ausente, su padre, se corporiza en las conversaciones hasta que sale a luz un gran secreto: él también se ocupó de “La Tigra”, fue astrónomo aficionado y desplegó diversas teorías para salvar a la humanidad, mientras viajaba a Campo del Cielo a buscar el Mesón de Fierro.

Hay otro personaje, el Tojo Velázquez, un periodista que se juega el todo por el todo, denuncia las maniobras del gobierno para quedarse con los campos y organiza a la gente para apagar el incendio que ya ha arrasado miles de hectáreas.

La novela está cruzada por la historia de amor de Hersilia con un muchachito que podría ser su hijo y por otras múltiples pequeñas historias.

Apuntaste que la novela testimonia experiencias propias e historias reales, como la de tu padre y sus exploraciones. ¿El apéndice al final de la novela con fotografías es una prueba, un recurso que sostenga la verosimilitud de la ficción?

Puedo agregar que mi escritura es autorreferencial, es decir que muchas veces pongo el foco en mi propia vida para, desde allí, convocar al universo que me interesa narrar. En “La Tigra”, por ejemplo, el padre de la protagonista es astrónomo aficionado y viaja a buscar meteoritos a Campo del Cielo, igual que lo hacía mi padre. Es mi forma de escribir, allí me siento muy cómoda. Y hacia el final el relato fotográfico realizado por Amancio Alem tiene la intención de completar y expandir el texto.

Me llevó décadas terminar de construir “La Tigra”; la dejaba arrinconada durante largos períodos, luego me volvía la obsesión y seguía escribiéndola. Me gustó el desafío sobre todo por dos motivos: dar la mirada de una mujer en un mundo y oficio de varones, y poder relatar los desmanes de un gobierno -el menemismo- que, a mi entender, abrió en el país la caja de Pandora, la de todos los males. Me gustó también situarla en el noroeste de la provincia de Santa Fe, en los Bajos Submeridionales, lugar, en muchos aspectos, abandonado a la buena de Dios por los diferentes gobiernos.

“La Tigra” me permitió volcar mis conocimientos de trabajadora rural y narrar la experiencia de la dura de vida de campo cuando no hay luz, ni agua potable, ni se tiene ninguna de las comodidades de la ciudad. Donde todo se hace doblemente difícil y el clima y la naturaleza son los grandes protagonistas.

Quisiera agregar que la edición de Moglia es preciosa, no puedo menos que estar agradecida hacia ellos, hacia Viviana Rosenzwit, la editora; hacia Álvaro Dorigo, que planteó el diseño de tapa y, por supuesto, hacia los colegas -lectores y escritores- que me ayudaron a escribir una versión cada vez más mejorada de la novela.

El padre de la escritora cuando, joven, comenzaba a ocuparse del campo. Las fotos que forman parte del dossier de la novela “La Tigra” fueron realizadas por el fotógrafo santafesino Amancio Alem.

 

Tu trabajo, y no sólo como escritora sino también como editora, más allá de algunos reconocimientos, fue y es una lucha explícita contra el centralismo cultural que se ha impuesto desde siempre en la Argentina. ¿Qué fuerzas, qué razones hay para persistir en esa lucha?

¿Me preguntás por qué seguir escribiendo? La respuesta es simple: no puedo hacer otra cosa. ¿Para qué lo hago? Para contagiar a los demás este mundo maravilloso. Estas tantas vidas que se pueden vivir cuando una lee o escribe un libro. Me obsesiono con determinados temas y lo único que deseo es traducir el mundo en palabras; el mundo y lo que imagino, ideas, emociones, sentimientos. No importa que el universo entero sea totalmente ajeno, indiferente a esta pulsión. Para mí lo es todo. Para los que escribimos es algo así como el aire que respiramos. A veces el tiempo se nos acorta y no podemos hacerlo como quisiéramos; para una mujer el tema del tiempo se agrava, la mayoría de las veces hay marido hijos nietos, todas opciones que requieren atención; ni que hablar del trabajo rentado y de los trámites cotidianos. Aunque la escritura sea un trabajo mayor, al no tener un retorno económico se hace necesario vivir de otra cosa. Me hubiese gustado escribir muchas y muy buenas novelas como las que me apasionan leer, pero escribir una novela requiere de mucho tiempo… y a mí el tiempo se me escurre a la velocidad de la luz.

Presentación

El libro se presentará en el auditorio del Museo de Arte Contemporáneo de la UNL, dependiente de su Secretaría de Ciencia, Arte y Tecnología. La presentación es en el marco de la muestra patrimonial “Y que sepa abrir la puerta”, con la curaduría de la Prof. Roxana Biagini y la Arq. Vanina Gutiérrez, integrantes del equipo de trabajo del Museo.