Un jugador que escribe, un escritor que juega


Fuera de la cancha, el ex jugador de fútbol César Carignano usa el deporte como excusa para acercar a los más chicos a la lectura. En una charla con Nosotros habla de su último libro “Gol Entra”, de la infancia, de una especial concepción del deporte y de la pasión por escribir.

Textos. Marina Zavala. Fotos. Guillermo Di Salvatore y Flavio Raina.

Mientras gritaba los goles de su exitosa carrera como futbolista, César Carignano no imaginó que la vida le tenía preparado un futuro como escritor y periodista. Sin embargo, pocos años después, se encuentra presentando “Gol Entra” su segundo libro para chicos con historias que, como es de esperar, giran alrededor de la pelota.

En una entrevista con Nosotros confiesa que siempre le gustó escribir, pero que esta nueva etapa de su vida como escritor se inició mucho más acá en el tiempo. “En un momento estaba en México —recuerda— venía de una etapa de muchas lesiones y sentía que mi familia y mi gente acá a la distancia no podían entenderme. Ellos seguían pensando que yo era el privilegiado que jugaba a la pelota y no caían en la cuenta de que era un tipo que sufría dos años de no poder jugar a la pelota. Entonces empecé a contar mi historia, desde que me fui de mi pueblo. Lo hice primero para mi, porque considero que la memoria es selectiva y con el paso del tiempo uno siempre se queda con lo lindo y nomás, la sociedad también toma solo eso respecto del deportista”.

Luego volvió a la Argentina, ascendió con Atlético Rafaela y otra vez volvió a sentirse pleno. Decidió que era un buen momento para hacer un corte y armar una autobiografía que cuente 14 años de su vida. “¿Por qué esperar a retirarme o ser un tipo exitoso? ¿Por qué no contar la historia de un hombre como lo es la mayoría?”, se preguntaba entonces. Luego de esa primera publicación, adoptó el hábito de la escritura y comenzó a perder el miedo al “qué pueden decir de lo que uno escribe”.

UN PASEO POR LA INFANCIA

A esas primeras incursiones literarias le siguieron muchas más. A los textos cortos que habitualmente hacía, se sumaron otros de análisis de fútbol y un nuevo y más grande desafío: escribir para chicos.

“Dando vueltas con mi nene —recuerda—, buscando algo de literatura sobre deporte para sostenerlo en la lectura, me di cuenta de que había muy poco para pibes de 8 a 12 años. Se lo comenté a mi señora y ella me dijo ‘animate, probá vos’. Entonces encontré qué contar y fui buscando el cómo hacerlo”.

Fruto de esa inquietud, en 2017 publicó “Cañito vale doble”, su primer libro de cuentos para chicos. Dos años después presentó “Gol Entra”, con historias futboleras “para pibes… y no tan pibes”, como se encarga de aclarar la portada, invitando a cada adulto que lo lee a dar un paseo por su propia niñez.

“Tenía como objetivo buscar un título corto —cuenta— hice una lista de palabras y frases de mi infancia que aún hoy tengan vigencia. Con el del primer libro me ha pasado de estar en picaditos de mi hijo en los que un nene hacía un gol y exigía que valga doble por el cañito. Es algo con lo que nos criamos y es una vuelta estética al fútbol, porque el caño es poesía. Con ‘Gol Entra’ pasa lo mismo, es una referencia directa que habla de integración, piberío, pelota y es conexión entre mi época y la actual”.

En el proceso que han recorrido sus libros hasta ser publicados contó con la colaboración de Claudio Cherep. “El Turco es como un ángel para mi, es la piedra basal en la que me apoyé porque sé que en él hay criterio y hay crítica, no adulismo”, destaca. Ignacio Bogino, a quien conoció jugando en Patronato, hizo los dibujos y también ofreció su mirada crítica de los textos. Finalmente, María Laura Secrestad, una amiga de la infancia y maestra jardinera, lo ayudó a comprender la cotidianeidad y el lenguaje de los niños para estar a su altura.

ESTO NO ES LA PLAY

Algo de ese niño que el goleador una vez fue se percibe en casi todas las páginas. Él reconoce que, cuando vuelve al texto, encuentra por qué puso tal nombre a un personaje o por qué describe determinado lugar. Los cuentos no relatan su vida pero tienen mucho de su infancia en Freyre, en la provincia de Córdoba, y también de historias de pibes que fue conociendo en inferiores. Al parecer todo lo lleva a escenarios que son los de aquel entonces, un poco más acá en el tiempo, pero que tienen que ver con su él.

Al hablar de los protagonistas de estas historias, su autor destaca que son absolutamente terrenales. “Esto no es como en la Play que cuando querés configurar a un jugador no lo podés hacer de más de tantos kilos, no pueden tener lentes o ser de patas flacas. Acá hay nenes y nenas de todo tipo, busco que cualquier chico que agarre el libro pueda vincularse con algún personaje, engancharse y leer”.

La presentación de los libros lo ha acercado a muchos niños que en silencio y con atención siguen sus relatos. César asegura que no busca mucho más que eso, que el objetivo es acercar a los chicos a la literatura a través de un deporte que todos conoces, quienes lo juegan y quienes no lo hacen. “No son libros técnicos de fútbol, ni pócimas mágicas para llegar a ser futbolista profesional, ni siquiera son cuentos de partidos de fútbol. En uno de los cuentos, por ejemplo, hay un nene que no sabe de qué equipo es hincha, entonces empieza una búsqueda en su familia para saber de quién puede ser hincha”, detalla el ex delantero.


ESCRIBIR PARA PENSAR


La lectura y la escritura siempre fueron parte de su vida y, aunque reconoce que hoy lee menos de lo que quisiera, sigue encontrando lugar para abstraerse en algún libro de su biblioteca. Entre sus preferidos se cuenta, en primer lugar, Eduardo Galeano, a quien conoció cuando el fútbol lo cruzó con Ignacio Bogino. También disfruta de leer a Fontanarrosa, Sacheri, Vargas Llosa y Cortazar.

Si se trata de escribir, César comparte sus textos cortos y comentarios deportivos en las redes sociales. Confiesa también que desde hace un tiempo tiene la idea de escribir cuentos para adultos y espera que la inspiración lo guíe en la tarea. Disfruta del “proceso maravilloso” de narrar, aunque reconoce que lleva mucho tiempo.

“La escritura en mi vida es permanente —asegura— algo que tengo incorporado y me hace bien. Ezequiel Fernández Moores dice que detrás de una narración hay siempre una idea, y una idea sin ser pensada no puede existir. Entonces la escritura es una estimulación a pensar permanentemente. Siempre estoy buscando la vuelta para pensar la vida a través del deporte pero desde un ángulo no tan explorado. No trato de imponer verdades sino de acercar otra opinión que ayude a reflexionar”.

¿A quién saliste, Fito?
“A la mañana siguiente amaneció temprano, como el día que empezó a entrenar en el Vecinal Alumni. Desayunó y se fue al último entrenamiento, a su última posibilidad de quedarse en las inferiores del Atlético Macanudo.
No había olvidado ni un segundo todo lo que recordó la noche previa. Ni bien comenzó el entrenamiento, en lugar de tirar caños dio pases cortos, en vez de tirar sombreritos puso la pelota al piso, no tiró gambetas ni amagues sino que buscó hacer paredes con sus compañeros y cuando los defensores imaginaron que la jugaría larga para ganar con su velocidad y su fuerza, optó por meter pelotas para algún jugador de su equipo que estuviese mejor ubicado.
Nadie podía creerlo y nadie podía agarrarlo. Entonces, cuando intentaron bloquear su juego, cambió sus jugadas para desorientar a los pibes que intentaban marcarlo.
Era imposible detenerlo, porque jugaba con su talento y con el de su familia también…”.

Fragmento de “Gol Entra”.

EN LOS MEDIOS
Luego de alejarse del fútbol profesional, César Carignano se fue haciendo un lugar en los medios de comunicación. Todo comenzó cuando Fabián Mazzi lo invitó a participar de su programa de radio.
Hoy se reparte entre sus participaciones en “El Cuarto Poder”, el programa de Mario Cáffaro y Guillermo Tepper que inicia la mañana en LT10 y “Abrazo de Gol”, en Veo Santo Tomé, con la conducción de Eduardo González Riaño y Sebastián Castillo. Además, publica sus textos en los sitios de ambos medios.
“Estar en la radio y en el cable es toda una experiencia -reconoce. Me gusta darle una vuelta al deporte, mirarlo desde lo social, no quedarme con el resultado y eso me implica elaboración. Mi idea es replantear la imagen del futbolista, del deportista en general. Dentro del fútbol tengo parámetros que no van con el estereotipo que se intenta imponer y la oportunidad de estar en los medios me gusta desde ese lugar, el de humanizar al deportista, de mostrar otra opinión y capitalizar la experiencia de haber jugado. Yo no estudié pero aprendo mucho de los maestros con los que trabajo. No me lo imaginaba esto pero fue el eslabón que me dio tranquilidad para soltar el deporte”.

Los niños y el deporte
“Yo no me crié en una ciudad así que no sé cómo era esto hace 20 años, pero creo poder entenderlo. Hoy los pibes tienen lugares mucho más restringidos por la inseguridad y jugar a la pelota pasa más por llevarlos a alguna institución que por la experiencia del campito. Además pelota compite con otros factores de entretenimiento, fundamentalmente con la tecnología. Mi hijo de 11 años hace 5 horas de fútbol por semana, no es poco, pero nosotros a esa edad hacíamos 5 horas por día. Para ellos esta es su realidad, creo que sería mucho peor para nosotros que nos saquen de aquel contexto y nos planten en este. Hay que esforzarse como padres, obviar nuestra comodidad y buscar alternativas para que los chicos hagan deporte y estén en contacto con otros chicos. El deporte colectivo sirve para moderar un montón de cosas. El quedar último en la elección para un picadito te ayuda a madurar, ir perdiendo 5 a 0 y que te quieran seguir haciendo goles, también”, asegura el ex futbolista.

Previo El Egipto de los Reyes
Siguiente Edición Impresa 28-09-2018