«UN LADRÓN CON ESTILO», EL RETIRO CON CLASE DE ROBERT REDFORD DE LA ACTUACIÓN


Robert Redford había anunciado el año pasado que sólo le quedaba un papel para desarrollar en su extensa carrera actoral con la película «Un ladrón con estilo», del director David Lowery, una cinta en la que representa a un feliz ladrón de bancos en el final de su vida y que se puede ver a partir de este jueves en las salas del país.


Quizá haya tenido que ver la elección del personaje en que ambos, Redford y el ladrón Forrest Tucker, se encuentran arriba de las siete décadas y que la motivación que tuvieron desde chicos la pudieron desarrollar desde temprana edad.


Pese a ser hijo de un ejecutivo de la Standar Oil, Redford descubrió su pasión por las artes plásticas en su adolescencia y, siguiendo el camino artístico, continuó su trayecto en la actuación, la dirección y la producción.


Forrest Tucker, el feliz ladrón de bancos, por su parte, es todo un artista del escape y un consecuente en seguir su vocación: comenzó a robar a los 13 años y, a partir de allí no paró de hacerlo, llegando a caer preso 17 veces y escapando de los penales unas 16.


En el filme, Tucker, un personaje que pasó desapercibido para el gran público, pero cuya historia quedó retratada en un artículo de David Grann en The New Yorker, es un entrañable anciano que roba bancos apoyado en su aire bonachón, su sonrisa, y un auricular por el que escucha la radio de la policía.


Así, con una cara que jamás demuestra preocupación, dureza o tristeza, y sin mostrar un arma, lleva adelante un raid delictivo por esa zona campestre del Estado de Texas, en una de cuyas rutas encuentra a la mujer, que, pareciera, será la compañera en el final de su vida (Sissy Spacek).


Sin embargo, este desenlace es sólo en apariencias.
«Tenés que darte prisa», le dice el personaje de Spacek a Tucker, en referencia a una lista que el septuagenario delincuente debería cumplir antes de su muerte. La respuesta, a pura sonrisa y brillo en los ojos, marca de lleno lo que es este ladronzuelo: «¿Por qué lo decís?», como si le quedaran cientos de años por vivir.


Además, este guión escrito por el propio director cuenta con otro contrapunto que refleja en todo su ser a Tucker. Mientras que él disfruta de ser perseguido, su perseguidor, el policía John Hunt (Cassey Affleck), se encuentra completamente frustrado con su trabajo y con más interés en alejarse de su profesión para dedicarse a algo en lo que realmente sirva.


En este contraste es que uno no termina de tomar postura ni por un personaje ni por el otro y, como si fueran dos caras de la misma moneda, Hunt y Tucker cimentan, a la distancia, una lejana relación de apego gracias a la cual la película abandona el caso policial para centrarse en experiencias con el objetivo de mostrar a la vida misma y la importancia de mantener viva la motivación y las ganas de hacer cosas.


«Siempre que hago algo, le pregunto a mi niño interior si está orgulloso», se sincera Tucker frente a Jewels (Spacek).


Ya alejándose de la actuación, para dedicarse a la producción y a la dirección (con la cual ganó su único Oscar con «Gente como uno») uno puede pensar que ese niño interior de Redford debe estar conforme con su carrera adulta al ver que su último trabajo, tal como reza el título, fue «con estilo».

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