El 27 de agosto fue la beatificación en su tierra natal, Santiago del Estero. Es el primer paso en el camino para declararla santa. Todo un país reconoce su figura y su trabajo en favor de los más necesitados.

TEXTOS. REVISTA NOSOTROS.

sábado 27 de agosto no fue un día más para los santiagueños ni para el resto de los argentinos. Fue una jornada de fiesta para acompañar una ceremonia multitudinaria y emocionante: la beatificación de Sor María Antonia de Paz y Figueroa, o Mama Antula como la rebautizaron los quichuas, una de las comunidades donde brindó su incansable servicio.

El acto fue presidido por el delegado del Vaticano cardenal Angelo Amato y concelebrado por el cardenal primado de la Argentina, monseñor Mario Aurelio Poli, el cardenal Héctor Villalba, 36 obispos y más de un centenar de sacerdotes. De esa manera, Mamá Antula se consagró como la octava beata argentina.

Una de las pocas santafesinas que presenció la ceremonia, descendiente colateral de Mama Antula, no ahorra calificativos para describir ese momento. “Impactante y emocionante”, dice que fue la celebración por la forma en que la gente de su provincia, adultos y particularmente muchos jóvenes, se movilizaron y acompañaron con cantos y oraciones la beatificación de una de sus hijas. María Antonia nació en tierra santiagueña en 1730. Los crónicas e imágenes de los diarios de aquella ciudad confirman sus palabras. Delegaciones de otras provincias también se sumaron al acto, incluso desde el NOA, Córdoba y Buenos Aires.

Pero la emoción también es por la historia de esta laica que comenzó a trabajar para la iglesia a los 15 años, en los barrios, con los pobres y los quichuas. Precisamente, el nombre con que se la conoce proviene de esa lengua: Mama por como llaman a la mamá y Antula por Antonia. Mendigos, esclavos, gente muy necesitada, presos y mujeres que trabajaban en la calle fueron su primera opción a la hora de servir a los demás. A tal punto que “si se la santifica, seguramente el Papa la va a designar como Patrona de las víctimas de trata”, aseguran.

UNA PRÉDICA INCANSABLE

Mama Antula prefería cubrirse para no llamar la atención por su belleza y así llegar a la gente de otro modo, cuentan quienes conocen la historia de esta mujer que recorrió el norte del país para fundar casas de retiros espirituales. “Cuando llegó a Buenos Aires la trataron de loca, la apedrearon y la iglesia no le abría las puertas. Aún así no dejó de ir un solo día hasta que se dieron cuenta del valor que tenía. Ahí empezó a hacer su obra y fundó la casa de retiros espirituales en calle Independencia”, donde actualmente descansan sus restos.

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PARA SEGUIR LEYENDO Vida de Sor María Antonia de Paz y Figueroa (Monseñor Marcos Ezcurra) y Ma. Antonia de Paz y Figueroa. La mujer Fuerte (Estela R. Barbero). Facebook: Mama Antula Beata María Antonia de San José.

Además del trabajo por los más necesitados, su preocupación era continuar con la obra de los Jesuitas desde la formación espiritual. Es que Mama Antula se formó con ellos y cuando fueron expulsados de América por la corona española, temió que toda su tarea quede acéfala. “Fue la única persona que trasladó la obra de San Ignacio a nuestro país y además luchó por su retorno”, sostiene esta santafesina.

EL CAMINO A LA BEATIFICACIÓN

Mama Antula fue beatificada porque se le reconoció un milagro: la curación a la hermana María Rosa Vanina, una religiosa del instituto de las Hijas del Divino Salvador, quien se recuperó de una colecistitis aguda con shock séptico en 1904, luego de que otras las monjas le rezaran a su fundadora por su recuperación. La religiosa lo declaró hace exactamente 110 años, el 24 de septiembre de 1906: “Agradezco este beneficio de la Providencia Divina y creo fundamentalmente haber sanado por la intercesión de nuestra venerable madre fundadora‘, dijo entonces.

El 2 de julio de 2010, el papa Benedicto XVI autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto que reconoció que las virtudes cristianas en grado heroico y la proclamó venerable.

El Papa Francisco autorizó el 4 de marzo el decreto que reconoce el “milagro” atribuido a la intercesión de Mama Antula.

Si bien el acto de beatificación se concretó hace un mes, mucho antes se puso en marcha una comisión en Buenos Aires para sacar a la luz su obra en favor de los jesuitas y en defensa de los más necesitados. Mama Antula murió en 1799. “Hoy haría falta alguien como ella”, concluye Silvia Paz.

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