La protagonista de esta columna nos presenta sus diez palabras preferidas, con relación a lo que sucede en el trabajo.

 

Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

 

Esto te va a parecer una locura: La señorita de la que voy a hablarte colecciona palabras esdrújulas.

 

 

Mirá que hay coleccionistas de todo tipo, y de cosas insólitas. Pero… ¡palabras esdrújulas! ¡Esta sí que se lleva el premio a la freakie del año!

 

“Esto empezó como un divertimento un domingo que llevé a mis sobrinos a la plaza. Sinceramente, me estaba aburriendo como una ostra cuando de repente la cabeza se me iluminó. Te juro que vi como una luz. Un flash que me encandiló por dentro…  ESTRATÓSFERA, ATMÓSFERA y PENEGÍRICO. Así me aparecieron, en mayúsculas. Al principio le busqué la relación y, estaba claro, que entre las dos primeras la había. Ahora, respecto de la tercera, no sé que hacía ahí. Es más, tampoco estaba segura de su significado, si vamos al caso. Pero el hecho es que me dejé llevar por esa sensación placentera de lo distinto. El haber descubierto un gozo secreto, que pude comprender recién al paso de los días: Coleccionar palabras esdrújulas”.

 

Si hubiese algún psicoanalista en la sala, daría un salto de ¡eureka! al decirle que esta mujer se llama Úrsula Bártole. “Es obvio que su compulsión tiene que ver directamente con eso. Advierta usted que tanto su nombre de pila como su apellido cuentan con las mismas características que sus palabras-meta”, nos enseña aunque no se lo hayamos pedido uno de los mil psicoanalistas por metro cuadrado que hay en esta city. Y tampoco la intención de este relato es conocer las causas de esta peculiar conducta sino más bien utilizarla para nuestros fines. Concretamente, quiero que Úrsula nos presente sus diez palabras preferidas, con relación a lo que sucede en el trabajo.

1. Lógica. “Curiosamente, es una de las más usadas, pero sobre la que hay más desacuerdos. Por ejemplo, según mi jefe, siempre hay que usar la lógica, pero al momento de resolver un problema en particular, hay más de una forma de hacerlo. Y, salvo alguna muy fuera de foco, la mayoría son, cuanto menos racionales. ‘¿Por qué no usaste la lógica Úrsula, cuando le reconociste la garantía al cliente?’ me gritó un día, a lo que le respondí enojada: ‘Apliqué la política de la empresa, porque busqué que se vaya contento, ¡para que vuelva a comprarnos!’”.

 

 

2. Número. “Esta es una mis favoritas, por lejos. Es como una caja de herramientas que te permite utilizarla para decir un montón de cosas. Por caso, sirve para explicar las directivas de la organización, cuando te dicen: ‘Este año daremos un premio extra a todos los empleados porque anduvimos bien en el número’. O también su opuesto ‘Lamentablemente, el número no fue bueno así que nos vemos obligados a recortar todos los incentivos’. En otro aspecto, también es válido para encontrar motivos a la conducta del otro. ‘El vendedor, con tal de que le dé el número, hace cualquier cosa’. Uno más: ‘Acá sos un número flaca. No te hagas problemas más de la cuenta…’”.

 

 

3. Clásico. “¿Con qué necesidad probás algo nuevo, si ya sabemos que con lo clásico anda bien?”. Desde mi punto de vista, esta palabra ilustra uno de los mayores obstáculos al crecimiento de las empresas, porque impide la creatividad. Ojo, hablo de hacer algo distinto en lo cotidiano. No me refiero a inventar la pólvora. Por ejemplo, si podés evitar un paso en un proceso administrativo, haciéndolo más eficaz ¿Por qué no hacerlo? ¿Simplemente porque siempre se hizo así? ¿Clásico?

 

4. Máquina. En términos del gerente, recientemente ascendido: “No es mi idea tratarlos como patrón de estancia. Entiendo a la perfección que somos humanos, no máquinas”. “Sin embargo -sigue Úrsula- también nos agrandamos cuando las cosas salen como lo previmos, y decimos que funcionamos como una máquina, en alusión a la perfección. Al final, ¿Cómo es la cosa? ¿Ser o no ser máquina?”.

 

 

5. Química. “Esto sirve para orientar y dar cuenta del porqué algunos equipos funcionan y otros no. Se convierte así en otra palabra mágica, pero vacía de contenido universal y presta a que cada quien la llene a piacere. Entonces, si los resultados no se logran, es porque entre las personas del equipo no hubo química”. Y acá Úrsula se pone brava: “A nadie le importa analizar si hubo un error en la definición del objetivo o faltó planificación. Usan eso como excusa y listo…”.

 

 

6. Mágico. No importa la edad que tenga un hombre. Siempre estará atravesado por el pensamiento mágico infantil. “En las empresas, lo mágico está en pensar que las cosas se solucionarán solas. O que alguien terminará por hacerlo. O que el cliente no va a quejarse. O que el proveedor seguirá vendiéndonos, así le faltemos el respeto sistemáticamente. Valernos del azar, de un ser superior o simplemente de la providencia es demasiado riesgo para cualquiera. Y además es una excelente excusa para evitar el compromiso con la acción”.

 

 

7. Método. “Posiblemente una de las palabras más ausentes en las Pymes. El empresario se confía en su intuición y el pasado, siendo que la realidad se cansa de ratificar su falta de vigencia a diario. De igual manera, soy optimista en esto porque las nuevas generaciones están más amigadas con los procedimientos. Como una gran parte estudió, conoce la existencia de mejores maneras de gestionar. Más analíticas y bastante menos improvisadas”.

 

 

8. Políticas. “Me encanta como lo dice Wikipedia: ‘Es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo’. Fijate bien que no dice que se establecen de manera participativa y eso está muy bien. Son las empresas las que la escriben y los colaboradores estamos para aplicarlas. Hasta ahí todo bien, pero en la práctica también sabemos que es una palabra utilizada para explicar lo inexplicable. Ejemplo: ‘Esto es así, por política’. O lo más desconcertante, cuando ante la misma circunstancia respondemos de una forma u otra usando el mismo argumento: ¡La política de la compañía!”.

 

 

9. Éxito. Palabra picante si las hay. Definirlo de manera universal es no solo arriesgado, sino que también una corre el riesgo de quedar como adolescente. “Sin embargo, prestale atención a que en todas las empresas se lo nombra constantemente: Que hay que tenerlo, o directamente serlo. De hecho, tuve más de un jefe que se definía como ‘un empresario exitoso’. Pienso que la cosa se complica, una vez más, cuando salís de la mesa del café y tenés que llevarlo a la práctica. Siempre pienso: ¿Cómo se mide, exactamente, una acción ciento por ciento exitosa? ¿Cuando defendés los intereses de la empresa? ¿Del cliente? ¿De tu jefe? ¿El tuyo?” relata Úrsula mientras se acomoda los lentes de ver de cerca.

 

 

10. Propósito. Una de “las” palabras esdrújulas claves. La tecla específica para lograr la motivación de cada uno. La que ayuda a entender para qué está una organización. Si el propósito no está claro, en el primer caso tendremos a alguien disconforme todo el tiempo. Y en el segundo, la inquietante percepción de estar subido a un barco sin rumbo, que le da lo mismo ir a Europa que a África, y por lo tanto todas las rutas son válidas y erróneas al mismo tiempo.