Y así seguimos andando


Por Lucila Cordoneda

Mayo siempre me supo a patria…

¿No lo sienten así?

Desde el día que prendemos la escarapela cerquita del corazón, porque conmemoramos su día, hasta que vamos promediando el final del mes, pregones, cintas azul celeste, ollas de locro y empanadas nos recuerdan en el calendario patrio las convulsionadas jornadas de nuestra revolución fundadora.

Aquellas semanas de mayo bien lejos estuvieron de ser apacibles jornadas de damas y vendedores ambulantes.

Tiempos bravos se avecinaban y bullían acaloradas las discusiones sobre nuestro destino como pueblo libre.

Y así los recordamos con ese candor que solo tienen las cosas que nos han sido dichas y enseñadas desde un lugar casi impoluto. Con el peligro y la dicha que pueden contener.

¿Quién no atesora los más románticos recuerdos infantiles de esas jornadas?

Actos escolares por los que desfilaban veleros, faroleros, candombes y pastelitos. Marchas, gritos de vivas y el sueño de la patria libre y soberana eran parte del paisaje. Los colores del cielo, como nos enseñaron desde pequeños, emperifollaban patios, calles y ventanas.

Aquellos que hemos dejado atrás nuestro rol de alumnos hace ya un tiempo descubrimos que es más factible que hayamos olvidado algún concepto, fórmula u operación, que un acto escolar. Los actos escolares dejan huellas.

Qué importante es poder transmitir en ellos conceptos, ideas, configuraciones que nos ayuden no solo a comprender los hechos pasados sino especialmente a realizar una lectura más profunda y veraz de lo que vivimos y de cómo podrá resultar lo por venir.

Un poco más acá en el tiempo, fuimos accediendo a un relato histórico más cercano, más centrado en lo colectivo, en la empatía y en los protagonismos, no solo de los vencedores o de los otrora héroes, sino como algo más vinculado a lo social, más integrado y nutrido de diversas y variadas fuentes.

Fuimos entendiendo que el transcurrir de lo real nunca ha sido tranquilo, siempre ha sido conflictivo y dialéctico, como una lucha de opuestos. Advertimos que la historia, contraría al dicho milenario, no se repite. Que sus hechos y fenómenos no son observables en un laboratorio, cual experiencia.

Nos acercamos a una historia que fue dejando atrás algunos mitos y dando paso a otros. Con nuevos protagonistas, con viejas luchas renovadas y con otras a estrenar.

Una historia en la que vemos derrotados varios proyectos y ponemos esperanzas en otros.

Una historia que, por qué no, busca interpelar sobre la propia responsabilidad.

Porque cuando tomamos una decisión, pensada o no, consciente o no, nuestra vida en mayor o menor medida, cambia. Posibilita o clausura.

Cada vez que nos paramos de manos ante la vida, esta se reencausa, toma otro camino, avanza hacia otros derroteros.

Y ahí vamos con nuestras historias a cuesta, ahí vamos… intentando.

Intentando construir nuevos aconteceres e intentando prepararnos para próximos devenires.

Bienvenido mayo.

Bienvenidas las ganas de seguir haciendo historias.

«Y así, seguimos andando…

Cada cual con sus trabajos

Con sus sueños, cada cual

Con la esperanza adelante

Con los recuerdos detrás».

Los hermanos. Atahualpa Yupanqui.

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