¿A menudo los hijos se nos parecen? (II)


El mayor desarrollo de una persona siempre se va a dar en la línea de lo propio por lo que sería ideal educar a los hijos con los valores y costumbres de cada familia, pero aceptando y disfrutando las diferentes maneras de ser de cada uno.

Textos. Lic. en Ciencias para la Familia Mariana Borga (@familiayvinculos).

¿Con cuál te identificas? 

Hay algunos tipos básicos de carácter. Este punto es cómo la ropa de fabrica: algún talle se acerca más a mi cuerpo y de ahí puedo adaptarlo si es necesario. Y así se deben interpretar los tipos: ver si alguno me queda y tal vez me sirve para autoconocimiento y para el de nuestros hijos e hijas.

Aquí es importante la combinación de los tres rasgos principales: emotividad, actividad, ritmo biológico y mental (primario/secundario)

Emotivos, activos y primarios (reacción rápida). Los llamamos coléricos, tienen este nombre porque transforman los sentimientos negativos en enojo. En general suelen ser simpáticos, se enojan con los demás y consigo mismos: «Foo ¡No me sale!» es una de sus expresiones características frente a una tarea escolar. Aunque son voluntariosos les cuesta la escuela porque son muy enérgicos y exuberantes. Los reconocemos porque les encanta estar al aire libre, son expansivos.

Emotivo, activo y secundario (lento). Estamos frente a un apasionado. Este nombre se debe a que son niños intensos, todo se lo toman a pecho, suelen ser serios y quieren hacer todo bien. Muy pocas veces hay que llamarles la atención. Y cuando se lo hace, se ofenden porque les encanta cumplir; conocer las reglas y tener claras las cosas.

Emotivo, no activo y secundario. Se los llama sentimentales este es un niño tranquilo, cariñoso, bondadoso, compasivo, obediente, muy charlatanes cuando son chiquitos (cerca de los siete años, parecen que se meten hacia dentro) hasta que se interiorizan. Pueden parecer tímidos, pero más bien les cuesta entrar en confianza. Necesitan tiempo para acostumbrarse. Cuando perciben un lugar como hostil, se retraen, en cambio si se sienten cómodos, se expanden. Suelen ser diferentes (de lo que son) en la casa y (lo que son) afuera.

Emotivo no activo, primario. Nervioso, es un niño inquieto pero poco activo. Puede parecer contradictorio, porque lo vemos siempre en movimiento pero no concreta cosas, es movedizo. Suelen ser delgados, expresivos, teatreros, les gusta ser el centro de atención y hablan muchísimo, principalmente las niñas. Les encanta el entretenimiento continuo, por lo que tenemos que estar atentos al uso que hacen de las pantallas: una vez que le dimos el celular o la tablet nos costará moverlos de allí. Les encanta la fantasía. Aunque parecen muy seguros de sí mismos, necesitan mucho apoyo porque les cuesta reconocer sus propias capacidades.

Los pocos emotivos representan un porcentaje muy bajo de la población. Suelen conmoverse por un arco menor de cosas, son calmos y tranquilos, muy afectivos y hogareños. Parece que les resbalan muchas cuestiones. Necesitan una importante presencia educativa porque la realidad no les provoca estímulo, precisan ayuda para poder salir de su ensimismamiento, para interesarse por las demás personas, por las diferentes actividades. Necesitan de una rutina que les ayude a formarse hábitos. Si a su vez es primario, es decir de reacción rápida, se adaptan con mayor facilidad. A los poco emotivos secundarios les cuestan mucho los cambios, prefieren los lugares de siempre con la gente de siempre.

En esto es importante estar atentos en la búsqueda del equilibrio entre «dejalo a Fulano/a, que es así» y «Fulana/o tiene que cambiar su forma de ser». 

Toda intervención educativa tiene que ser oportunidad para el desarrollo de la persona. Dejar a nuestros pequeños abandonados a sus inclinaciones no les hace ningún favor. Cómo mamás y papás es necesario proveerles de una brújula que los oriente hacia la búsqueda de un saludable desarrollo personal y social 

Una mirada insustituible

Así se llama otro libro de Benedit. En conversación con la autora, Magdalena resalta que la mirada de mamá y de papá es primordial. Observar a cada hijo, ofrecerle oportunidades y herramientas de acuerdo a lo que ellos son para que puedan alcanzar su pleno potencial.

Más allá de definiciones o tipologías es fundamental recordar que vale la pena mirar atentamente a los hijos. En época de apps y soluciones eficaces nada reemplaza la riqueza del día a día en familia, donde aparece la diversidad de las emociones, donde surge la normalidad propia de esa familia que, cómo dice la sabiduría popular, es «un mundo».

Por más expertos que haya en niñez, nada puede sustituir esa observación inicial, continua, benevolente y cotidiana de los padres, explica Magdalena.

El gran consejo que nos brinda la autora es que la mirada de las madres y de los padres es fundamental. Observar es la palabra clave. Si tenemos más de un hijo, intentar conocerlo para darle herramientas de acuerdo a lo que cada uno de ellos es. 

El mayor desarrollo de una persona siempre se va a dar en la línea de lo propio, nunca buscar que sean lo que no son. Sin descuidar que, cómo afirma el psicólogo uruguayo Alejandro De Barbieri, es necesario hablar de educación y no de crianza, buscando el bien y el desarrollo de esta niña, de este niño en particular.

Nuestro hijo no es uno más por eso es conveniente que los cuidados se adapten a cada niño. Cómo en un jardín: encontramos plantas que necesitan mucho sol y otras no tanto, riego seguido y riego espaciado. El jardinero busca y conoce cuál es el mejor lugar del jardín y qué es lo que necesita esa plantita para que tenga mejores condiciones para desarrollarse, sabiendo que cada una tiene su ritmo, aún dentro de la misma variedad de especie.

En la familia se transmiten los valores, es decir nuestros aprecios, prioridades, y eso todos los chicos lo absorben sin necesidad de explicación. Valoremos la belleza de la diferencia del jardín único que se forma en nuestra familia, para que cada uno pueda florecer, sin ahogos ni aridez. A menudo, los hijos no se nos parecen. Y esto nada tiene que ver con nuestra satisfacción.

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