Algo más que un chango


Nuestro columnista nos aproxima a la trayectoria de Juan Enrique Farías Gómez, el «Chango», un personaje fundamental en la historia de la música popular argentina.

Por Enrique Madeo.

Hoy voy a contar partes de la trayectoria de un personaje fundamental en la historia de nuestra música popular. Y solo digo «partes» porque en algo más de cincuenta años de actividad en la vida cultural de nuestro país, aún callado, porque pretendieron callarlo; aún exiliado, porque al igual que muchos más, debió abandonar el país; su presencia siempre se sostuvo latente entre todos nosotros.

Juan Enrique Farías Gómez, el Chango, nació el 19 de diciembre 1939 en el barrio de San Telmo, perteneciendo a una familia de músicos y artistas. No resultó sorpresivo entonces que en su adolescencia formara su primer grupo, Los Musiqueros, junto a Mario Arnedo Gallo y Hamlet Lima Quintana.

Sin embargo, su primer impacto en nuestra música popular fue en 1960, con la formación de Los Huanca Hua, junto a su hermano Pedro Farías Gómez, Hernán Figueroa Reyes, Coco del Franco Terrero y Guillermo Urien. Una revolucionaria expresión polifónica, nutrida con el marcado uso de fonemas y onomatopeyas inspiradas entre otros, en los Mills Brothers.

Si bien los sesenta marcaron en la Argentina un verdadero apogeo de la llamada música folklórica, y con él la aparición de numerosos grupos vocales, Los Nocheros de Anta, Los Nombradores, Los Andariegos, los que marcaron una tendencia revolucionaria frente a la ya conocida de los típicos y predominantes cuartetos salteños, Los Fronterizos, Los Chalchaleros, Los de Salta, Los Cantores del Alba. Sin dudas fueron Los Huanca Hua líderes de tan singular movimiento.

Al alejarse del grupo el carismático Hernán Figueroa Reyes, ingresó en su lugar Marián Farías Gómez.

Entre tanto, en 1964 el Chango realizó los arreglos de percusión para la Misa Criolla, participando como percusionista en su primer grabación, ese mismo año, junto a Los Fronterizos. Luego realizó una reducción para cinco voces, la que llevó al disco, primero con Los Huanca Hua, y luego, en 1968, con el Grupo Vocal Argentino.

En 1966 el Chango dejó Los Huanca Hua y formó el Grupo Vocal Argentino, para muchos la formación por excelencia en el género: Chango Farías Gómez, Jorge Raúl Batallé, Luis María Batallé, Galo Hugo García y Amilcar Daniel Scalisi. Con ellos grabó solo dos discos.

Después del alejamiento del Chango, el grupo, desde 1974 en adelante continuó, grabando la Misa Criolla y la Misa del Tercer Mundo con letra del Padre Mujica y música de Roberto Lar, toda una revolución, la cual fuera duramente censurada por el gobierno peronista en turno.

En 1970 y en su faz de percusionista, el Chango fue invitado a participar en Vinicius en La Fusa, uno de los discos referenciales de la Bossa, junto a Vinicius de Moraes, Toquinho, María Creuza, Mario «Mojarra» Fernández, Enrique «Zurdo» Roizner y Fernando Gelbard.

Durante los primeros años de la década del setenta, formó un trío con Kelo Palacios y Dino Saluzzi; y junto a su hermana Marián, grabó Marián y Chango Farías Gómez. En 1976, por razones políticas, se radicó en España.

Los años ochenta resultaron prolíficos para el Chango. De regreso en la Argentina participó en la grabación de La voz del Perú, discazo de Chabuca Granda, junto a Lucho González y Oscar Alén; para luego grabar Contra Flor al Resto, con Marián, el distinguido piano de Manolo Juárez y la participación de Marilina Ross.

En 1985 formó Músicos Populares Argentinos grabando dos discos: Nadie Más que Nadie -entre el 22 y 23 de noviembre de 1985 en el teatro Astral- y Antes que Cante el Gallo.

Peteco Carabajal, Rubén Mono Izaurralde, Jacinto Piedra y Verónica Condomí, junto al Chango, fueron artífices de una nueva revolución en la música argentina, donde por primera vez en su trayectoria, los instrumentos tomaron un rol fundamental. El Chango, cual enigmático titiritero, parapetado en su bajo, marcaba tiempos para que el violín de Peteco y la traversa del Mono volaran en diálogos llenos de fantasías, y por supuesto, muy buena percusión, guitarras y voces, en especial las generadas entre Peteco y Jacinto Piedra, más la presencia femenina de Verónica Condomí.

En 1989 fue designado por el presidente Carlos Ménem como Director Nacional de Música, cargo en el que se desempeñó hasta 1991. En esa función creó el Ballet Folklórico Nacional.

En la década del 90, además de bandas musicales para películas y obras de teatro, formó La Manija, orientado a profundizar en las raíces afrohispanas de la música argentina. Con este grupo grabó un disco: Rompiendo la Red. Se pueden escuchar en él reversiones de chacareras -«Chacarera de un triste» y «La santiagueña Elegua»- o la versión de «Entre a mi pago sin golpear» con la visita de Peteco Carabajal.

Uno de los momentos cumbres es la cointerpretación de «Alfonsina y el mar» y «Tomara», fusionando una zamba con un bossa. De la misma manera aborda «Vidala para mi sombra» y «Canción para un niño», donde se destaca la participación de Rafael González.

Con su expresión siempre al límite del quiebre, el Chango encara la interpretación de otro clásico, «Canto a la Telesita», de Rolando Valladares y José Augusto Moreno, reservándose para el final a «Los ejes de mi carreta», convirtiendo al tema de Yupanqui en una alegre guajira, donde presenta a sus amigos, entre otros, el Mono Izarrualde, Alfonso Fabre, Eduardo Avena, Pablo Giménez, Guillermo Reuter y en voces Claudia Romero y Verónica Condomí.

Después de algo más de cuarenta años de trayectoria, desde aquel primer disco con Los Huanca Hua, pasando por el Grupo Vocal Argentino, sus encuentros con Marián, los MPA y La Manija, el Chango Farías Gómez grabó en el 2003 su primer y único disco como solista: Chango Sin Arreglo. En su portada aparece una figura «caricaturizando» al ekeko.

El título del disco, algunos con cierto grado de ironía, se lo atribuyen al modo de encarar la música por el Chango; mientras tanto, otros afirman que está vinculado a su pasional acercamiento al peronismo y por ello lo de la falta de arreglo.

Más allá de estar como siempre rodeado de muy buenos amigos, encontramos a un Chango mucho más participativo desde lo vocal.

En cuanto al repertorio, irreprochable, aparecen clásicos reversionados: «La Alabanza» en versión instrumental, «El huajchito» referenciando a la autoría de sus padres Tata Farías Gómez y Pocha Barros, «Milonga del peón de campo», a puro estilo Yupanqui. A esto se suma una zaga de zambas, por supuesto, de las más bellas: «Zamba del Grillo», para una apertura entre una zamba y un samba, «Cantor del obraje» (Castilla y Leguizamón) con la participación de Mercedes Sosa, «Bajo el sauce solo», de Castilla y Rolando Valladares, «Zamba de Juan panadero», «Zamba del carnaval»… y entre otros infaltables, «Te recuerdo Amanda», de VíctorJara. El cierre lo reserva para una íntima interpretación de un tango, «Mi vieja Viola».

En el 2009 convocó a una selección de grandes músicos a participar en el ciclo, «Los Amigos del Chango». Ahí surge su último grupo, que sigue tocando en la actualidad: La Orquesta Popular de Cámara «Chango Farías Gómez». Este es el resultado del trabajo llevado adelante por el Chango desde diciembre del 2009 hasta su fallecimiento en el 2011.

En la actualidad, la orquesta continúa con la tarea comenzada por su fundador, recayendo la responsabilidad en dos de sus integrantes, Rubén Izarrualde y Néstor Gómez, quienes ejercen en forma conjunta las tareas de dirección y arreglos musicales. Hoy su objetivo principal es continuar desarrollando la tarea que los ha convocado desde su formación: crear, divulgar, interpretar, sistematizar y escribir en el lenguaje convencional de la «lectoescritura» occidental las diversas manifestaciones de la música argentina a través del formato orquestal, exaltando sus patrones rítmicos, cadencias y expresividad característica.

La Orquesta Popular de Cámara, constituyéndose en un eslabón más en la trayectoria del Chango, y en definitivas en el último, se ha sostenido fiel a su tan especial y rico estilo.

Por ello, en la selección del repertorio, no nos sorprende escuchar «Entre a mi pago sin golpear» como apertura del disco, ni otra versión de «Canto a la Telesita». «María» y «Garúa», se alzan como estandartes de una estética musical inigualable, o por mejor decir, solo igualable a la generada desde la vena artística de un genio.

El Chango Farías Gómez falleció el 24 de agosto de 2011, pero de eso muy pocos se han enterado ya que su presencia siempre continúa latente entre todos nosotros.

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