Aprendé a cuidar tus orquídeas (I)


Por Soledad Adjad

Las orquídeas son únicas, tienen formas extrañas y bien exóticas. Cultivarlas es un verdadero reto, ni hablar de hacerlas florecer, año tras año. Tienen sus trucos a la hora de cuidarlas y vamos a tratar de revelar algunos de los secretos para que puedas mantenerlas sanas y llenas de flores.


¿Cómo cuidarlas?
Antes de llevar una orquídea a tu casa es sumamente necesario que te interiorices sobre sus necesidades particulares de cultivo, las cuales dependerán siempre del lugar del planeta de donde provenga (y convengamos que no siempre es fácil recrear las condiciones del lugar de origen). Razón de más para ponerse a leer un poco sobre ellas. La idea es hacer un punteo lo más práctico y sintético posible sobre algunas condiciones generales de cultivo, sin olvidar que cada orquídea es un mundo, por lo que es muy importante conocer su nombre y sus requerimientos específicos.


¿Dónde ubicarlas?
No todas las orquídeas necesitan la misma temperatura, pero muchas de ellas no toleran demasiado el frío. También en general muchas de ellas necesitan una amplitud térmica importante, lo que ayuda a la floración. Dependiendo de la especie la variación puede ser de entre 15 y 20 grados (por ejemplo, 10° de mínima y 30° de máxima). En el verano se puede lograr esa temperatura mojando bien el piso y las paredes del invernadero en donde se encuentren tus plantas.


¿Precisan humedad?
La gran mayoría de estas plantas necesitan mucha humedad para no perder agua por transpiración y para que las raíces se hidraten, razón por la que el aire seco que a veces genera la calefacción puede perjudicarlas. Para reducir la sequedad del ambiente se puede agrupar las plantas (lo que genera un microclima), ubicar las macetas sobre una bandeja con leca y agua (sin que la maceta esté en contacto con agua porque esto puede generar pudrición), poner cuencos con agua cerca de las plantas o bien pulverizar con agua a temperatura ambiente (ojo con mojar las flores, que se pudren). A pesar de todo esto, no olvidar ventilar el ambiente de vez en cuando. El aire estancado combinado con un nivel alto de humedad y temperatura puede propiciar la aparición de hongos, bacterias y virus.


Regar o no regar…
El agua es fundamental para las plantas porque en ella se disuelven los nutrientes que las raíces absorben. En la mayoría de los casos regar abundantemente una vez por semana es suficiente para mantener sana la planta, siempre teniendo en cuenta que si se somete a una orquídea al exceso de agua esta puede morir en muy poco tiempo, mientras que la falta de agua tardará mucho más en matarla. Razón de más para que, ante la duda, siempre les coloquemos menos agua. Los factores que hay que tener en cuenta para el riego son los mismos que corren para cualquier otra planta: mientras más chica es la maceta, más sol haya, más calor haga, más viento corra, etc… más hay que regar. Mientras que si la maceta es grande, la planta se encuentra en condiciones más oscuras, húmedas o con poco viento, menos hay que regar. Es bien simple.

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