Buscar, crear, amar


Entrevista a María de los Ángeles González

 

De pequeña su mamá la disfrazó de fantasía. Ya de adulta convirtió la fantasía en su herramienta y motor para crear ámbitos para la niñez y jugar en teatro.

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Textos. Romina Santopietro. Fotos. Guillermo Di Salvatore.

 

Entrar al despacho de María de los Ángeles González, Chiqui, Ministra de Innovación y Cultura de la provincia, es entrar a un espacio personal, plagado de color y de juguetes. No es la típica oficina de un funcionario provincial. Tiene su impronta. Con una amplia sonrisa invita a sentirse cómodo, a entablar la charla, a generar un vínculo, y crear un puente.

 

Su espíritu inquieto y curioso la lleva a indagar, a entrevistar a quien la entrevista. Desde la situación del periodismo en papel y el digital, hasta cómo transportamos los recuerdos familiares, ella en alhajas, yo en la piel. Hay algo de niña curiosa en su afán de saber. Hay todo de directora de teatro en su validación personal, en su evaluación discreta, en el ida y vuelta de preguntas.

 

Comenzamos hablando de uno de sus amores tempranos, el teatro. De las cábalas y reglas a cumplir sobre en escenario y fuera de él. “Tengo una piedra que les hago besar a los técnicos. El color amarillo está prohibido en los estrenos y en el vestuario, como también silbar sobre el escenario y nombrar a las que se arrastran. Tampoco se desea suerte. Decimos una mala palabra”, cuenta sonriendo.

 

“Yo no admitía los vestuarios nuevos para las obras de teatro, porque consideraba que la ropa tenía la vida, las esperanzas y los buenos deseos de quienes la habían llevado, de quienes la habían usado. Tuve dos vestuaristas que entendieron esa dinámica. Era un trabajo de una incesante búsqueda, porque podíamos usar el vestido de novia de una mamá, o el vestido de compromiso de una tía. Y la búsqueda nunca la hacía yo sola, solía ir con la actriz, para ver si se enamoraba del traje que iba a llevar, de esa prenda. Tengo once baúles de ropa que todavía guardo”.

 

“Ya hace 10 años que no dirijo teatro, y lo extraño. El ambiente que genera el teatro es único. Los lazos que se forjan son muy fuertes. Cuando teníamos una función muy emotiva, a nadie se le ocurría irse a la casa. Nos íbamos los actores y los técnicos, las esposas y los hijos a algún lugar barato a comer. No nos podíamos separar hasta que se aflojaba esa cosa de energía, es emoción que se había compartido en la obra”.

 

“Esto viene de chiquita, este amor por el teatro. Me disfrazaba todo el tiempo, frente al espejo, en los carnavales. Los padres te disfrazaban con lo que tenían. No te hacían un traje como a las nenas patinadoras o bailarinas. Te ponían una pollera de colores y una flor en la cabeza y yo preguntaba: ‘¿de qué estoy disfrazada, mamá?’. ‘De fantasía’, me contestó ella. Y yo pensaba que no era nada estar disfrazada de fantasía. Era todo y no era nada. Y me marcó un poco este disfraz de fantasía, me gustó esto de ser fantasía”.

 

“Yo era muy tímida. No decía una palabra. Y desde el aprendizaje del teatro, la palabra, la oralidad fue mi herramienta. Como directora teatral, como docente. Mi padre también fue docente. Mi hija ha publicado cuatro libros en dos años. Hay algo que marca la familia en la palabra. Ella en lo escrito, yo en la oralidad”, rememora.

 

“No tengo incompatibilidad para hacer teatro. No es incompatible con el cargo el hacer teatro. Pero yo lo dejé porque cuando ingresé al Estado comencé dirigiendo un centro cultural en Rosario. Yo tengo una ética de trabajo muy fuerte. Y me di cuenta que no podía dirigir un centro cultural y exponer mis obras. Mis actores soñaban con ese lugar de experimentación. Y no podían representar sus obras porque yo no podía dirigir la obra y el centro en simultáneo. Ahí me di cuenta que tenía que dejar de dirigir. Primero por ellos y después porque demanda mucho tiempo. No podés desdoblar lo personal, si no te podés comprometer enteramente, no sirve. Tomé la decisión con total reflexión y estoy contenta por eso. Porque gracias a que dejé de dirigir, gran parte de esa camada de actores son ahora directores”, afirma emocionada. “Se animaron a crecer, a romper sus límites”.

 

Ya como protagonista de la cultura dentro del Estado, Chiqui cuenta que sus pares del teatro nunca mezclaron su faz política con lo personal. “Aquellos que no votan al mismo partido, o no comparten las ideas, nunca mezclaron lo político o partidario con las cuestiones personales. Son muy pocos los sectores que son tan fieles”.

 

“Ahora soy docente en Buenos Aires, sobre técnicas para cine, pero aplico muchísimas cosas de teatro. Y aunque comienzo las clases a las 19 y salgo a las 23, me da alegría. Yo a las 19 estoy ya para dormir, porque me levanto a las 6 de la mañana. Pero cuando entro y empiezo con la clase, hay algo de mí que revive”.
Por esa pasión que tiene por el teatro viajó 42 veces a Cuba para enseñar a actores.

 

Los espacios para la niñez

 

“A mí el juego me salvó. Yo era muy introvertida. Era una nena que no quería ir a la escuela porque no quería dejar mi casa. Mi padre era maestro. Yo tenía pesadillas, me despertaba gritando. Y mi padre me envolvía, en invierno con un cobertor y en verano con una sabanita, para estar protegida, me llevaba al patio -que era de tierra- y me decía ‘elegí una estrella’. Y yo elegía una estrella y empezábamos a cantar ‘tiremos el miedo a la estrella’ -con ritmo de ‘porque es un buen compañero’- y mientras tanto yo me iba serenando hasta poder volver a dormirme. Mi padre hizo una gran intervención: puso el juego como sanador”.

 

“Mi trabajo como docente, como teatrista, como abogada siempre estuvo relacionado con la familia, los jóvenes y los niños. Yo tenía en la cabeza hacer un parque de juegos. Pero que ese parque no tenía que ser infantilizado. Tenía que abordar los miedos, el amor, las construcciones, la selección de cosas, y para todos, chicos y grandes. Que a la manera del chico, se capte también al adulto. Ahí aparece el tríptico de la infancia de Rosario. Se logró porque las autoridades pusieron el dinero, la fe y la confianza para construirlo. Y a un grupo de gente muy dispar y sumamente creativo para realizar esos parques. Hicimos la Granja de la Infancia, La Isla de los Inventos y el Jardín de los Niños. Y cuando en 2007 fui ministra, el mismo que me había dicho que sí en la municipalidad de Rosario, me dijo que sí acá en Santa Fe, el Dr. Binner, y los siguientes gobernadores Bonfatti y Lifschitz lo sostuvieron con amor y alegría. Y aquí se hizo el tríptico de la imaginación: El Molino Fábrica Cultural, La Redonda, Arte y Vida Cotidiana en el Parque Federal y La Esquina Encendida, donde estaba el campus universitario, en barrio Don Bosco. Y ahora tuvimos la suerte que un equipo, ya santafesino, de los formados después del tríptico, hicimos juntos El Alero, que es un centro comunitario con base en los niños y jóvenes, que está en French y Sarmiento. Es maravilloso. Tenemos clases de cocina, fábrica de juguetes, un bazar entero de juegos para que saques el juguete que quieras, todos hechos a mano. Se enseñan oficios…”, relata y la emoción le pone brillo a sus ojos.

 

Su oficina está llena de esos juguetes. Y su oficina de Rosario también. Incluso sus familiares y allegados le regalan juguetes. “Mi hija, hasta el año pasado, para el Día de la Madre me regalaba juguetes, porque yo los colecciono. Pero este año me dijo que ya no me regalaba más juguetes. Y remató con una orden: ‘Crecé, por favor, mamá. Crecé’. Desde ahí me regala cosas de adultos”, relata entre risas.

 

Autodefinida

 

“Soy dramática, me hago un mar de problemas de algo pequeño. Soy muy ansiosa. Soy tragicómica, pero a la vez me gusta mucho el humor. Sé que el humor, el juego y la poesía, el mundo poético es lo que nos podrá compensar un mundo tan mediatizado y tan consumista. Necesito amor. Soy una demandante de amor. Porque el amor protege. Creo que todo juego tiene riesgos, que no todo es hermoso. Dice Tato Pavlovsky: ‘Para jugar, hay que jugar en serio. Hay que comprometerse, hay que entrar y salir del mundo de la locura. Porque si no, uno se vuelve hombre concreto, se burocratiza, repite palabras de otro’ ”.

 

Y concluye: “Jugar no es mentir. Jugar es aprender. Y también se aprende en la calle, en la escuela, en los parques y en todos lados. Porque a la vida vinimos a aprender”.

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Currículum

 

Ha dedicado su vida a trabajar en diferentes espacios y ámbitos de la cultura. Mayormente en la ciudad de Rosario, donde nació y se crió en el barrio Saladillo, para luego comenzar una extensa producción teatral como actriz, directora y dramaturga dentro y fuera del país.

 
Habiendo estudiado Derecho de Familia con Posgrado de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UNR, ejerció muy poco tiempo para dedicarse a desarrollar proyectos teatrales.

 
Asimismo fue partícipe de la apertura de diversos circuitos de teatro independiente como la Sociedad del Ángel, Agrupación Discepolín y el Teatro Arteón.

 
Ya los 90 la encontraron con nuevos desafíos y equipos de trabajo, sin perder el vínculo con la docencia, la formación, la creación y la invención. Tuvo a su cargo así la Dirección General del Centro del Expresiones Contemporáneas (1996 /1999), el Proyecto “La Ciudad de los Niños” (1996 / 2001) y la Isla de los Inventos (2004 / 2006).

 
De esta manera surgiría un gran amor que la acompañaría hasta el día de hoy: los niños, el juego, la infancia, las imágenes y el trabajo cotidiano con los ciudadanos.

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