Cada tres segundos en el mundo se diagnostica una demencia


TEXTOS. Laila Tomas. Instagram: @psicologalailatomas

El 21 de septiembre de cada año se celebra el Día Mundial del Alzheimer y si bien esta fecha aislada se utiliza a modo de difusión de información tendiente a la prevención de las demencias y el deterioro cognitivo, son numerosos los organismos científicos del ámbito de la salud que luchan diaria y activamente contra ella al considerarla como la epidemia del siglo XXI y al identificar la necesidad real de encontrar mejoras tanto en el diagnóstico temprano como en el tratamiento de estas enfermedades que tanto caos ocasionan a nivel biopsicosocial en la vida del paciente y su entorno.

Actualmente en nuestro país existen más de medio millón de personas con demencia, por lo que podemos ver que no quedamos atrás de esos números globales que asustan. La media de incidencia anual es de alrededor de 74 mil nuevos casos, y, pasando aún más en limpio, uno de cada ocho argentinos mayores de 65 años padece de Alzheimer u otra demencia.

Si bien abrimos grandes los ojos al leer esto, también déjame decirte que según los últimos estudios en la materia hasta un tercio de los casos de demencia son atribuibles a siete factores de riesgo que -por fin una buena- son modificables y los encontrarás más abajo, luego de leer las famosas banderas rojas a las que tenés que estar alerta ante ciertos olvidos peligrosos, perdidas de funcionalidad y demás alarmas.

Veamos la lista que publicó la Alzheimer’s Association, sobre las de diez señales de advertencia el Alzheimer y otros tipos de demencia:

1. Cambios de memoria que dificultan la vida cotidiana: Una de las señales más comunes, especialmente en etapas tempranas o fase inicial de la enfermedad es olvidar información a través de la formación de lagunas mentales. Existen olvidos de fechas o eventos importantes; se pide la misma información repetidamente; se depende de sistemas de ayuda para la memoria (tales como agendas, notas, o dispositivos electrónicos) o de familiares para hacer las cosas anteriormente no requerían de ayuda. Estos no deben confundirse con olvidos asociados a un deterioro cognitivo por envejecimiento, que si bien tampoco recuerdan nombres o citas, estos son recordados con el paso del tiempo, o luego de escuchar pistas para recordar.

2. Dificultades para planificar o resolver problemas: Algunas personas experimentan cambios en su habilidad de desarrollar y seguir un plan o trabajar con números. Pueden tener dificultades para seguir una receta conocida o manejar las cuentas mensuales, así como sostener la concentración, además de costarles más tiempo hacer cosas que antes realizaban con dinamismo.

3. Dificultades para desempeñar tareas habituales en la casa, en el trabajo o en su tiempo libre: muy seguido se les hace difícil completar tareas cotidianas. A veces pueden tener dificultad en llegar a un lugar frecuentado con anterioridad, administrar un presupuesto en el trabajo o recordar las reglas de un juego que poseía internalizadas desde hace años.

4. Desorientación témporo-espacial: Los enfermos olvidan fechas, estaciones y el paso del tiempo. Pueden tener dificultades en comprender algo si no está en proceso en ese instante. Es posible que se les olvide a veces dónde están y cómo llegaron allí.

5. Dificultad para comprender imágenes visuales y cómo objetos se relacionan uno al otro en el ambiente: Para algunas personas, tener problemas de visión puede ser una señal del Alzheimer, ya que encuentran complicaciones en leer, juzgar distancias y determinar color o contraste, lo cual puede causar problemas para conducir un vehículo.

6. Nuevos problemas con el uso de palabras en el habla o lo escrito: Los que padecen del Alzheimer pueden tener problemas en seguir o participar en una conversación. Es posible, también, que paren en medio de conversar sin idea de cómo seguir o que repitan mucho lo que dicen, perdiendo el hilo de la conversación. Puede ser que luchen por encontrar las palabras apropiadas o que llamen a las cosas por un nombre incorrecto (como llamar a un «lápiz» un «palito para escribir»).

7. Colocación de objetos fuera de lugar y la falta de habilidad para retrasar sus pasos: Suelen colocar cosas fuera de lugar. Se les pierden objetos, y no poseen la capacidad de retrasar sus pasos para poder encontrarlas, al recordar donde las habían colocado. A veces, es posible que acusen a los demás de robarles. Esto suele perpetuarse en el tiempo.

8. Disminución o falta del buen juicio: Pueden experimentar cambios en el juicio crítico o en la toma de decisiones. Por ejemplo, es posible que regalen grandes cantidades de dinero a las personas que venden productos y servicios por teléfono. También pueden presentar escasa atención al aseo personal.

9. Pérdida de iniciativa para tomar parte en el trabajo o en las actividades sociales: Comienzan a perder la iniciativa para ejercer pasatiempos, actividades sociales, proyectos en el trabajo o deportes. Es posible que tengan dificultades en entender los hechos recientes de su equipo favorito o en cómo ejercer su hobbie favorito. También pueden evitar asistir a actividades sociales.

10. Cambios en el humor o la personalidad: Estas dos esferas pueden presentar cambios en comparación su estilo anterior. Pueden llegar a volverse personas confundidas, sospechosas, deprimidas, temerosas, ansiosas, etc. Se pueden enojar fácilmente en casa, en el trabajo, con amigos o en lugares donde están fuera de su ambiente cotidiano.

Entonces, tenemos un mapa un poco más claro sobre las luces de peligro que indicarían que el desempeño cognitivo está descendido. Sabemos que estos diez puntos nos llevan a abrir un poco los ojos y tomar el teléfono para consultar al profesional que, experto en el teme, auxilie nuestro pedido.

Pero además, veamos desde la prevención y promoción de la salud qué podemos hacer para generar mayor salud integral que nos permita un mejor funcionamiento personal.

La comisión sobre ‘Prevención, intervención y cuidado en demencia’, creada por la prestigiosa revista The Lancet, fue la que presentó la idea de que el control de ciertos factores de riesgo podría retrasar o proteger a un tercio de los casos de demencia. Y, ¿Cuáles son esos siete factores?: sedentarismo, tabaquismo, hipertensión, obesidad, diabetes, depresión y baja educación formal.

Entonces, ¿A través de la adopción de ciertos hábitos que tienden a un envejecimiento saludable como lo son el ejercicio físico, la estimulación cognitiva, una dieta saludable, sueño adecuado y reparador, el trabajo activo para la disminución del estrés y el mantenimiento de la actividad social se puede lograr un escudo protector para el cerebro?. La respuesta no es solo afirmativa, sino que los beneficios son aún más grandes que mantener la demencia a raya, hallándose entre ellos, el aumento de la reserva humana, la disminución de trastornos del estado de ánimo, la mantención de relaciones afectivas, el desarrollo del proyecto ocupacional, entre un sinfín de múltiples beneficios.

Sabemos que somos seres únicos e irrepetibles, dueños de una historia de vida que nos arroja determinados saldos entre la interacción de genes y ambiente y hacen de nosotros un escenario particular donde se expresan nuestros rasgos psicológicos, sociales y emocionales.

Sabemos también que hay determinadas cuestiones que traemos «de fábrica».

Pero en relación a las pautas señaladas, si bien cada individuo puede experimentar una o más de estas alteraciones en grados diferentes, cualquier cambio que advirtamos tanto en nosotros como en familiares y amigos, sería prudente sacar una consulta con un profesional para tratar el tema para lograr la asesoría y el curso posterior necesario.

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