Carnavaleando en Santa Fe


Santa Fe tiene tradición carnavalera, y de larga data. Los Carnabarriales y la comparsa Marivera son dos de los exponentes de la ciudad.

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Karina Passet, archivo Revista Nosotros y gentileza de las comparsas.

El carnaval es una de las fiestas populares de mayor tradición en la historia de la humanidad. Su celebración tiene su origen probable en los rituales paganos a Baco, el dios del vino; en los festines que se realizaban en honor al buey Apis en Egipto; o en las “saturnalias” romanas, en honor al dios Saturno.

 

Algunos historiadores precisan que los primeros carnavales se remontan a la antigua Sumeria, hace más de cinco mil años, pasando luego la costumbre de la celebración a Egipto y al Imperio Romano, desde donde se difundió por toda Europa, siendo traído a América por navegantes españoles y portugueses en época de colonización y conquista a partir del siglo XV.

 

El carnaval cristiano

 

Con el paso del tiempo, el carnaval fue adoptado por los pueblos que poseen tradición cristiana, precediendo a la cuaresma. El término carnaval proviene del latín medieval carnelevarium (“quitar la carne”) refiriéndose a la prohibición religiosa de consumir carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma.

 

En la actualidad, el carnaval se encuentra muy arraigado a la celebración popular, alejándose de su significado religioso, alargando los festejos a los primeros fines de semana del mes de marzo.

 

El carnaval durante la Edad Media y durante el período de las colonias

 

En la España de la época colonial, durante el reinado de los Reyes Católicos, ya era costumbre disfrazarse en determinados días con el fin de realizar bromas en los lugares públicos, hasta que en 1523 el rey Carlos I dictó una ley prohibiendo las máscaras y enmascarados. Fue el rey Felipe IV quien se encargó de restaurar el esplendor de las máscaras.

“Por cuatro días locos, te tenés que divertir…”

 

Con el correr de los años, el carnaval fue adoptando estilos diferentes según cada país. En América incorporó elementos aborígenes y hasta alcanzó ribetes místicos precolombinos.

 

Hoy esta expresión popular se celebra en distintas partes del mundo, haciendo que los escenarios donde se desarrollan atraigan a miles de turistas de otras latitudes para sentir, vibrar y cantar con el paso de las comparsas. Así, por ejemplo, el Carnaval de Río de Janeiro en Brasil, el de Oruro en Bolivia, el de Venecia en Italia, o el de Gualeguaychú en nuestro país, se encargan de trasmitir los estadios de felicidad que los caracterizan, haciendo que participantes y espectadores se contagien con el audaz ritmo de las batucadas, disfrutando de un espectáculo lleno de brillo, luz y sonido sin precedentes.

 

Santa Fe no es ajena a esta celebración, desde la época de los corsos en avenida Freyre hasta el actual sambódromo natural de la Costanera Este.
Música, color, alegría. Brillo, ritmo y samba. El carnaval no es solamente carioca, Santa Fe samba y tiene tradición de comparsas. Suena la murga y la batucada cobra vida.

 

Los Carnabarriales arrancan en San Lorenzo

Desde El Birri nació y se expandió la Birrilata, gestada en los talleres de escuela de carnaval que se desarrollan en este centro cultural durante todo el año, para mostrarse con todos sus colores, ritmos y alegría en los corsos Carnabarriales.

 

Estos corsos se llevan a cabo en General López, entre bulevar Zavalla y San Juan. Y participan numerosas agrupaciones barriales, no sólo del oeste. Vienen desde Alto Verde y La Vuelta del Paraguayo a sumar colorido. La organización MOMO -Moviento de Organizaciones Murgueras del Oeste- facilita el encuentro entre diferentes agrupaciones y murgas, algunas pertenecientes a centros culturales -como El Birri- o a vecinales u organizaciones sociales, que piensan en carnaval todo el año, pero con una impronta barrial y netamente social.

 

Justo el día que se realizó esta entrevista, se cumplían 4 años del intento de desalojo del Birri. Pero los murgueros están presentes, la siguen peleando y plantan cara con sonrisas de batucada. Con un Momo gigante. Con una murga traviesa. Con mascaritas sueltas que corretean entre el desfile de comparsas. Defienden el Oeste y su acervo con su tradición carnavalera.

 

Emilia Schmuck y José Municoy Tejedor son dos de los coordinadores de la gran escuela de carnaval que funciona todo el año y desde hace cinco- en El Birri. Entre pegar papelitos al Momo y armar la volanteada para invitar a la gente al corso, se hicieron un tiempito para hablar con Nosotros.

 

“El Momo no sólo se arma para las fechas de febrero y marzo, las tradicionales de carnaval. La idea de la escuela de carnaval de este espacio es justamente, tener el carnaval todo el año. Por eso se organizan más fechas, como por ejemplo, el Murgón de Invierno y el festejo del Día del Niño a pura Murga”, comenta José.

 

“Este año pasaron más de 300 niños y jóvenes por los más de 15 talleres que se desarrollaron. Juntos pensamos la temática del carnaval y se trabaja para llegar a los meses de verano con la propuesta para el desfile del corso. Este año por primera vez dirige la batucada un chico egresado de los talleres. Es un chico de 14 años que hizo un proceso interesante, de venir y espiar desde afuera, hasta integrarse. Él vende panes, así que en principio se acercó para vendernos sus pancitos. Después pasó de probar en un taller, ir a otro, a tratar de vender sus productos lo más rápido posible para llegar a tiempo a ensayar”, se explaya Emi.

“La Birrilata consta de batucada, bailarines y circo. El vestuario nace de un proceso donde nos ponemos a soñar cómo queremos desfilar. Entonces se disparan debates y juegos en los que decidimos cuál va ser la temática del carnaval. Así tuvimos la Birrilata Cósmica, la Birrilata Espacial, la Birrilata Animalada. Este año es bastante particular. Es Tropizombie. Había dos ideas muy fuerte: la Birrilata Zombie y la Birrilata Tropical. Así que como resultado de la unión de estas dos ideas, el vestuario va a ser de frutas un poco podridas, o zombies frutales… y por ahí anda la idea”, explica Emi.

 

Este año también hay división mini de murga. Los chicos menores de 6 años que venían con sus padres también se incorporaron a la escuela de carnaval y este año van a desfilar junto a la comparsa. “A los más chiquititos los organizamos y si todo sale bien, van a desfilar con las máscaras que hicieron en los talleres”, se entusiasma Emi.

 

Entre coordinadores y co-cordinadores suman 20 personas. Y los integrantes de la Birrilata llegan casi a 100, entre músicos y bailarines. “El cuerpo de percusión y batucada está compuesto por alrededor de 50 personas. El cuerpo de baile son 30. Y los que hacen circo serán unos 20, así que podemos calcular casi 100 personas”, define José.

 

En medio del trajín del equipo, llega Tomás, de 12 años, contento porque repartió volantes e invitó a muchos vecinos para el sábado. También dejó algunos en un kiosco al que va mucha gente. No se acuerda cuándo empezó a venir al Birri y a ser parte del carnaval. “No sabría decirte. Desde siempre”, afirma, categórico. Y agrega “los chicos que estamos acá no andamos ni callejeando, ni drogándonos, ni haciendo vandalismo. No nos pueden sacar algo que es para crecer y que nos gusta”, cerró, lapidario, refiriéndose a la relación -que continúa tensa- de la Municipalidad con el centro cultural.

 

A fuerza de voluntad, creatividad, autogestión, pasión, ritmo y alegría, El Birri continúa soñando carnaval, y acunando ilusión de murga.

Marivera

 

La comparsa Marivera empezó con 16 personas, 10 músicos y 6 bailarines, hace 10 años. Desde entonces están juntos y siguen creciendo.

 

Darío Gabriel Loza, su director, cuenta que “arrancamos porque queríamos hacer una comparsa para bailar, porque nos apasiona. Pero también para presentarnos, no sólo en los carnavales sino también en fiestas y eventos. Yo decidí encargarme del vestuario y la organización”.

 

En cuanto al vestuario, cada comparsa confecciona su propia imagen. Este trabajo artesanal de infinita paciencia, actualmente se puede realizar un poco más fácilmente. “Hace 10 años pegábamos una a una las lentejuelas. Ahora que ya casi no se usan más -usamos piedras, plumas, telas brillantes, telas bordadas, mucho strass- es un poco más fácil y rápido hacer los trajes. En la comparsa colaboramos todos, pero principalmente somos seis las personas encargadas de hacer el vestuario. Hace diez años cosíamos cada una de las lentejuelas. Y quedábamos con los dedos todos llenos de agujeritos” -risas-.

 

Compaginar trabajo, estudio y rutina diaria no es un impedimento para estos murgueros. “Ensayamos tres veces por semana, a partir de junio, todos los años, para empezar a prepararnos para la temporada de carnaval. Y nos reunimos en el playón del Hospital de Niños para los ensayos. Todos tenemos otras actividades, pero siempre nos hacemos tiempo para dedicarle a esta comparsa”, cuenta Darío.

 

Pero ¿qué motiva a los integrantes a ser parte de esta comparsa? Darío responde sin dudar: “la pasión. La pasión por bailar. El gusto por los viajes, también. Hemos ido a Buenos Aires, Córdoba, al interior de la provincia de Santa Fe. Actuamos mucho fuera de la ciudad, y acá también. Participamos en eventos y ahora nos estamos preparando para los Corsos en la Costanera Este. El viernes 24 de febrero nos toca. Esto yo lo hago porque me encanta. Soy empleado de comercio, pero me acomodo con los horarios y todo. Soy un loco, pero esto me apasiona. No puedo dejar de hacerlo”.

 

 

 

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