Chamarras Negras 24: años de fanatismo Kissero intacto


Son una de las bandas de rock más longevas de la ciudad, y esto para cualquier grupo ya es un hito. Si sumamos el hecho de ser una banda tributo, el logro es aun mayor. Tienen seguidores acérrimos que se han ido renovando a través del tiempo: cuentan orgullosos que ya cuentan con la tercera generación de fans.

Textos. Romina Santopietro. Fotos. Gus Arrellaga y gentileza de la banda.

Para lograr esta nota y que los Chamarras Negras cuenten acerca de este alucinante viaje de 24 años, hubo que recurrir al soborno directo. Peña de empanadas árabes de por medio, los cuatro integrantes Seba Casis, Patricio Funes, Adrián Puig y Chino Lenarduzzi desgranaron algunas de las cientos de anécdotas que fueron cosechando. Se arrancó con la música de los almuerzos de Mirtha Legrand, proporcionada por el celu de Adrián. Y esto marcó el tono de la peña-entrevista, como debe ser: pura diversión y disfrute.

Son la primera banda argentina tributo a Kiss y una de las primeras bandas de covers de la ciudad y del país. Los cuatro aseguran que además de su inquebrantable amor por la música de Kiss, el otro gran sostén de la banda es la gente que los sigue. Esta es una certeza recurrente durante la peña-entrevista. ¿Por qué? «Porque sin la gente yendo a ver los recitales, sólo seríamos nosotros viendo los mismos videos de Kiss y discutiendo por lo mismo desde hace 24 años», asegura el Chino. «Claro, nosotros seguimos porque la gente nos acompaña», concuerda Adrián. «Y ya podemos decir que tenemos generaciones de chamarreros. Gente que se conoció en nuestros recitales, y con el tiempo llevó a los hijos. Y estos hijos crecieron y venían a vernos por su cuenta», tercia Sebastián.

LENNON Y EL CLUB DEL VINO

Con la promesa de peña de entrevista con pizzas caseras para los 25 años, los Chamarras relataron, todos juntos, cómo fueron los inicios. La dinámica entre ellos es la misma sobre el escenario. Se complementan, con esas interacciones donde se miran y ya saben qué van a decir. y, por supuesto, se divierten. Ese disfrute se traslada a la audiencia y por eso sus recitales generan una energía única.

En sus inicios, la idea era zapar con amigos. Tan simple como eso. «Se empezó a hacer un ciclo de bandas tributo, en Lennon Pub, los jueves, lo que era una idea muy novel. Entonces con Pato dijimos, bueno, vamos a armar algo», recuerda Seba.

«Ese primer show fue espectacular», resume Pato. Y de ahí no pararon más.

Más tarde llegaría la exclusividad con El Club del Vino, donde tocaban todas las semanas, con lluvias, con frío o calor, siempre a capacidad completa. E incluso con espectadores de «ñata contra el vidrio», los habitués a mirar por la ventana, desde la vereda. El ambiente que se generaba ahí es el que siguen generando en cada concierto. «Nunca hubo líos o peleas en un recital de Chamarras», asegura Adrián. Había fans que armaban su espectáculo en paralelo con la banda: desde subirse al escenario o a las mesas -cosa que los mismos integrantes hacían en pleno show-, o a la barra.

«Queríamos darnos el gusto de salir a tocar la música que escuchábamos de chicos», explica Seba. «Además en esa época era bastante inusual una banda de covers», agrega el Chino.

ANECDOTARIO INFINITO

De las anécdotas que salieron a la luz, sin orden ni concierto, en divertido bollo y relatadas por los cuatro casi al unísono, transcribimos algunas. Las publicables, claro.

La señora: «En El Club del Vino, hubo una época en la que caía una inspectora de la Sociedad de Músicos. Todos los shows, sin falta. Entonces dejábamos de tocar la canción que fuera que estuviéramos tocando, y arrancábamos con Señora, de Arjona. Al tiempo, la misma gente que iba a vernos nos avisaba, nos hacían señas que había llegado. Y tooodo el lugar empezaba a cantarle Señoooooraaaaaaa….», cuentan Adrián y Seba.

Una brújula, por favor: «Habíamos ido a tocar al interior. No vamos a decir el nombre de la ciudad. En medio del recital, para saludar, nos equivocamos y decimos el nombre de la ciudad rival, que encima ese finde habían perdido el clásico de fútbol, o de bochas, vaya uno a saber qué… miradas gélidas y silencio sepulcral siguieron a ese saludo».

Una banda de chetos: «Tomo pasaje en Santa Fe, en ese momento yo trabajaba en un remís. Creo que estaba La Nada todavía. Y salían de un show. En el viaje, escucho los comentarios… ‘mirá que hay bandas lindas acá’. Nombraron algunas y uno dice ‘¡Chamarras Negras! A mí me mata Chamarras Negras’. Yo manejaba calladito. Y otro salta y dice -imita con voz finita y alargando las palabras ‘noooo, dejáaa. ¡Esos son muy chetos! ¿No viste los instrumentos que tienen?’. Nosotros. Chetos», relata Adrián. Todos lloran de risa.

Viajando como animalitos: «Adrián es el mánager, él se encarga de arreglar los shows y del dinero», empieza Seba. «Nunca Chamarras tocó gratis», aporta el Chino. «Cierro para tocar también en el interior y la persona que nos llevaba nos dice que había arreglado el transporte para que nos pasen a buscar. Y nos pasaron a buscar… en un camión jaula. Lleno de gallinas», remata Adrián. A continuación se produce una discusión acerca de quién realmente viajó atrás con las gallinas, pero no se aclaró por completo. Esa noche fueron Chamarras con Plumas gallináceas.

Chamarras fantasmas: «Algo insólito que nos pasó es enterarnos que algunos personajes decían que tocaban en Chamarras… cuando nunca fue así. Nos llegaban esos comentarios y nosotros a veces ni siquiera conocíamos a la persona en cuestión. Incluso hubo una vez donde me dijeron que habían estado hablando con el nuevo baterista de la banda…. El batero siempre fue Adrián», cuenta Seba. «Decían eso para levantar minas», sentencia el Chino.

LOS FANS DE CHAMARRAS

Los cuatro integrantes coinciden en que si no fuera por la gente que los sigue, y que va siempre a los shows la banda no seguiría. Hablan con cariño, respeto y un poco de asombro todavía sobre esos fieles fans.

Al considerarse ellos mismos fans de Kiss, tienen una conexión especial con los seguidores. «Hay parejas que se conocieron en los recitales de Chamarras. Que más tarde llevaban a sus hijos a vernos», dice Seba. «Más tarde, cuando se separaban, volvían a encontrarse en los recitales», aporta Pato. Y claro, ellos conocen las historias porque después de tanto tiempo, la gente se acerca y los hace parte de su vida.

«Hemos tocado en casamientos, cumpleaños, ¡despedidas de soltero! Donde la novia nos contrataba para que vayamos de sorpresa a la despedida del novio», enumera Adrián. Pato suelta un escueto «Jorge 40». Todos en coro «Ohhh siiii», más risas. «Jorge nos contrató para que toquemos en su cumple., de 40 años. Había un souvenir que decía Jorge 40, y así es como lo identificamos a partir de ahí. Ese es el saludo que le damos de arriba del escenario cuando nos va a ver. Ahora ya nos avisó que es Jorge 55, pero bueno…», explica Adrián.

«En este tiempo, transcurrió la vida, los hijos crecieron, algunas parejas se separaron, nosotros los músicos también, pero creo que este público se renueva. Se agrega gente», dice Pato. Calculan que ya llevan, en algunos casos, tres generaciones de chamarreros.

«Se generó una confianza con los seguidores. En el Club del Vino a veces había semanas en que tocábamos viernes y sábado por la cantidad de público que nos iba a ver. A tal punto que el dueño empezó a desestimar a otras bandas, porque ya con Chamarras le cerraba el fin de semana. Llegamos a tocar en Navidad y Año Nuevo», dice Seba.

«Todavía ahora, con las restricciones, la gente sigue siendo increíble. En el último Tribus, a pesar de estar sentados, el público nos respondió de forma increíble», resume Pato.

Pintarse la cara o no, esa es la cuestión

La banda Kiss lleva como insignia la lookeada con maquillaje, plataformas y vestuario que acompaña al show con pirotecnia, luces, fuego, pollitos -en el pasado- la lengua de Gene Simmons y demás parafernalia. Ellos montan un show visual y musical donde todo esto se convierte en su marca. Ante la pregunta de por qué no se pintan, los Chamarras responden en sintonía: «No es sólo pintarse y ponerte las plataformas. Hay toda una puesta en escena enorme para lograr ese efecto», explica Adrián.

«Kiss además tiene un vestuario de primera. Para recrear eso, nosotros estamos muy lejos. Y para hacerlo de forma deplorable, preferimos no hacerlo», sentencia Seba.

«Nos enfocamos en lo que podemos hacer bien, que es la música. Como fans que nosotros mismos somos, preferimos no hacer la mímica de Kiss, sino un real tributo», sigue el Chino.

«No tenemos en mente imitar a Kiss. Desde el primer día dejamos en claro que podíamos ser nosotros cuatro o cualquiera de los que nos estaban viendo, que se suba al escenario y pueda tocar una canción, era lo mismo. Somos fans. Y la gente responde a eso», explica Seba.

«El tributo que hacemos tiene identidad. Las canciones no son nuestras, las conoce todo el mundo, pero Chamarras hace su propia interpretación», concluye Pato.

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