Club de Lectura


Esta semana venimos en jauría, para hablar un poco del mejor amigo del hombre.

Por Romina Santopietro.

Compañeros fieles, ángeles de cuatro patas, pequeñas bolas de pelo, ladrones de comida, sofás y camas, jardineros part-time, mejor amigo del hombre… Los perros son las mascotas por excelencia.
El libro recomendado de esta semana tiene por protagonista a un perro.

 

“La razón de estar contigo”, la novela en la que se basa la película “A dog’s purpose”, tiene el antecedente negativo que se filtraron imágenes que mostraban el maltrato a uno de los perros durante el rodaje. Pero el libro de W. Bruce Cameron no tiene la culpa de lo que haya pasado en la filmación.

 

La novela, publicada en Argentina por Rocabolsillo, está escrita desde la perspectiva de un perro. Mejor dicho, de cuatro perros. A lo largo de sus páginas tenemos al mismo animal como narrador inteligente y perspicaz. En realidad son cuatro perros y se llaman Toby, Baily, Ellie y Bear; un mestizo, un golden retriever, un pastor alemán y un labrador. Sí, un perro que se reencarna hasta cuatro veces. Hay que comprar esa premisa. Si no lo hacemos, no tiene sentido abrir sus páginas.

 

El can muere para volver a ser un cachorro y tener una nueva vida de perro, manteniendo sus recuerdos previos, sus aprendizajes y emociones, hasta que se ha cumplido el propósito de su vida -de sus vidas de perro- a lo largo de varias décadas del pasado reciente de Estados Unidos. ¿Y cuál es ese propósito? Servir al ser humano, amarlo y ser amado. Hacerlo feliz.

 

La historia es de lectura fácil y rápida, puede emocionar hasta las lágrimas en algunos momentos e incluso es divertida en otros. Y el libro rebasa amor por los animales, la necesidad de entenderlos, atenderlos, luchar contra su maltrato y la responsabilidad en su tenencia y cuidado.

 

El autor conoce y muestra sin medias tintas lo que los seres humanos hacemos a los perros, que sólo desean entregarnos sus devoción. Los criamos sin amor, los compramos y vendemos, los usamos como instrumentos, los torturamos por diversión y maldad, los malinterpretamos, desconocemos sus deseos y necesidades, los sacrificamos siendo únicamente culpables de su mala suerte y los abandonamos sin miramientos. Pero también los hacemos felices jugando con ellos, llevándolos a pasear, permitiendo que compartan nuestro tiempo y dormir en nuestra cama… entregándoles nuestro amor.

 

Cuando lo terminás, si te gustan los perros, querés ir a abrazar al tuyo, o adoptar un cachorro, si no tenés un peludito ya en tu casa.

 

Yo suelo leer en la cama, por lo que mi malcriada -una boxer viejita llamada Syndel- siempre está encuchada conmigo. Se ligó varios abrazos inesperados que la despertaron, y aunque no es gruñona, -los boxers son conocidos como los perpetuos perros juguetones- recibí unas cuantas miradas de ofensa por molestarla. Se hace la interesante, porque es súper demandante. Sí, es mi culpa por malcriarla, ya sé.

 

El libro está razonablemente bien escrito, se lee rápido, es atrapante, tiene el equilibro medido de drama, momentos felices y vicisitudes, y un final con vuelta de tuerca que coloca las cosas en su lugar. Es una conmovedora historia que sostiene que el amor nunca muere y que los amigos verdaderos siempre están a tu lado.

 

Si no te gustan los animales, no lo leas. Si creés que “el perro tiene que estar en el patio”, tampoco.
Para disfrutar con tu perro cerca, mientras lo acariciás y se duerme a tu lado.

 

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