Club de Lectura


Esta semana venimos con una de las últimas novelas del Rey del Terror, escrita en colaboración con su hijo: “Bellas Durmientes” de Owen y Stephen King.

 

Por Romina Santopietro

¿Qué pasaría si las mujeres abandonáramos este mundo?

 

En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres, niñas y bebas se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan o rompen el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. Y a ocuparse de hijos varones que han quedado a su cargo.

 

 

La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

 

 

Una fábula del siglo XXI sobre la posibilidad de un mundo exclusivamente femenino más pacífico y más justo que resulta especialmente relevante hoy en día. Publicó Plaza y Janés.

 

 

“Bellas durmientes” se escribió a cuatro manos, una historia con ribetes feministas y las auras de desastre que los King recrean con maestría.

 

 

Stephen King explicó que, al escribir Bellas durmientes con su hijo Owen, sintió como si la hubiera hecho “una tercera persona. Dos sensibilidades han producido una tercera voz”.

 

 

Para los “lectores fieles”, que conocemos su amplia obra, esa tercera voz no nos suena tan clara.

 

 

La prosa de King padre destaca por describir y dotar a sus personajes de todos los estereotipos con los que se le ocurra cargarlos, pero a la vez, los forja con identidades propias. Uno reconoce gestos del entorno propio en los personajes que surgen de su imaginación. Es un observador descarnado de su sociedad -la norteamericana- y no duda en criticarla desde sus redes sociales o sus escritos. Esa intensa mirada “hacia adentro” es la que otorga realismo a historias de ficción y terror, y es, para mí, el recurso que le da verosimilitud al relato. Así se trate de seres sobrenaturales.

 

 

Uno elige creerle, porque el tipo escribe con consistencia. Hay coherencia en su delirio. Y ese delirio se plasma en crear esos ambientes de aparente normalidad, en ciudades o pueblitos donde nunca pasa nada, hasta que ocurre la hecatombe planificada al detalle por el retorcido cerebrito de tío King. Esas atmósferas sobrecargadas de tensión terminan estallando inesperada pero anticipadamente, sembrando el caos por todas las páginas, para nuestro oscuro regocijo.

 

Stephen y Owen King aciertan cuando, a través de sus personajes, denuncian y caricaturizan usos, costumbres, excesos y delitos machistas. Y también con los guiños de humor crítico hacia una sociedad que no logra encontrar el equilibro.

 

“Se me ocurrió y le dije: ‘¿Papá, qué te parecería una historia en la que las mujeres se durmieran para no despertar?’. Me respondió: ‘Buena idea’. Y entonces le propuse: ‘Escríbela’. Y él: ‘No, no, escríbela tú’. Pero era algo muy distinto a lo que yo había hecho hasta entonces”, dijo Owen King. “Decidimos escribirla juntos -agrega Stephen King-. Era solo una premisa, sin personajes ni nada. Pero surgió la idea de combinar eso de no despertar con una prisión de mujeres. Así que necesitábamos una ciudad pequeña, tipo la Maycomb de “Matar a un ruiseñor”, un microcosmos que puedes usar para hablar de cualquier cosa. La gran pregunta era ¿qué pasa si las mujeres se ponen a dormir y no despiertan?, ¿qué hacen los hombres?”.

 

Desde esa premisa surgen los dos hilos conductores que llevan el relato: la lucha de las mujeres por no rendirse al sueño, y la desesperación e impotencia de los hombres por no saber cómo responder a la emergencia.

 

“Cuando acabamos de escribir, ¡seguimos siendo amigos! En serio, es maravilloso trabajar con tu hijo. Lo que hicimos fue cada uno escribía unas páginas, dejando blancos y luego nos las pasábamos, para llenar esos blancos. Difícilmente distingas quién escribió qué”, aseguró Stephen sobre el proceso de escritura, y se metió directamente en la trama: “Era interesante ver qué pasaba, ver a los hombres tener que limpiar, sacar la roña del agujero del lavamanos. Mi madre decía que si alguien llevaba una camisa limpia y planchada había una mujer en casa”. Cuando le preguntaron a Stephen King si se definía como feminista, no escatimó vehemencia: “Sí, por supuesto, si serlo significa creer en la igualdad”.

 

 

Novela ineludible para fanáticos, y muy buena para el lector general. Para leer con ganas de debatir después.

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