Como hablamos nos relacionamos


El autor nos invita a pensar acerca de la lengua y su responsabilidad en nuestros lazos con los demás.

Textos. Ps. Gustavo Giorgi. Ilustración. Soledad Grossi.

You could look like we do

Talk like we do…

But you re not one of us…

«Not one uf us»

Peter Gabriel

El lenguaje crea realidades. Así de simple de decir y complejo de entender.

Aclaro, antes que salgas corriendo, que no es este un texto de filosofía, orientado a comprender cómo conocemos. No. Solo te invito a pensar juntos acerca de la lengua y su responsabilidad en nuestros lazos con los demás.

1. La lengua materna.

Alude a las palabras que nos… ¿canta? la persona que nos cuida durante los primeros tiempos de nuestra existencia.

Importan aquí no solo las frases coherentes tales como: «Sos el bebé más lindo del mundo» o «Papá te va a amar siempre» sino también esas onomatopeyas que los babosos cuidadores profieren y que normalmente causan gracia a los observadores: «Ajó, ajó…» y cosas por el estilo.

Hablarnos es amarnos y, a contrario sensu, quienes no hayan pasado por tal experiencia desarrollarán distintos trastornos, inclusive de tipo psicóticos.

Le decimos lengua materna, un poco porque es de la mamá y a la vez de un grupo, el colectivo humano.

Así, ser hablado es ser amado y hace que nos humanicemos, desligándonos de una vez y para siempre de nuestros primitos mamíferos, algo menos evolucionados.

Debo decir que no existen muchos casos de niños ferales (criados por animales) que hayan sido documentados. El más renombrado se relata en el libro «El salvaje de Aveyron», escrito en el SXVIII por Gaspard Itard, en el que podemos comprobar que un cuerpo librado a sí mismo no se convierte en humano de forma espontánea, teniendo la biología una nula participación en el desarrollo de un sujeto humano tal como lo conocemos.

También, por más que inquiete, el hecho de haber sido hablados/amados nos convirtió en neuróticos, y como tales, todas nuestras conductas posteriores estarán gobernadas por el inconciente, con las consecuencias que ello genera: sufriremos de más; repetiremos cosas que nos hacen daño; sentiremos culpa y así… Nuestros vínculos estarán encuadrados según su lógica. Así…

2. El lenguaje nos hermana y separa.

A eso alude el epígrafe de la canción.

Traducido, podemos leer cómo un grupo le habla a una persona y le dice que por más que se vista o hable como ellos, no será parte del mismo.

Las personas que forman equipos, que se conocen por compartir mucho tiempo juntos, desarrollan un código compartido que los convierte de inmediato en una especie de clan. En este movimiento, dejan afuera de manera simultánea a todos aquellos que no pertenezcan a él.

Lacan lo piensa de manera original al decir que el origen de la fraternidad es la segregación, en el sentido de que quienes eligen estar juntos es porque se identifican en sus rasgos comunes, echando fuera en el mismo movimiento a los que no los tengan. «No hay fraternidad que pueda concebirse si no es por estar separados juntos, separados del resto» (1).

Cualquiera diría que esta jerga no tiene nada de malo y acuerdo con eso hasta cierto punto. La cosa podría ponerse complicada cuando el equipo se vuelve sobre sí mismo, decide cerrar filas mostrándose hermético a la organización y toda sugerencia de mejora. También, cuando se vuelven corporativos y denostan a los demás, usando su propia terminología.

Ejemplos: «A los del depósito los bautizamos Burrelis, porque andan todo el día haciendo cosas sin pensar» o «Cada vez que llega un vendedor, todos murmuramos ´Apareció el Backstreet Boy´».

3. Actos performativos o donde el lenguaje cede lugar a los hechos

«Uno empieza cediendo en las palabras y termina cediendo en los hechos» enseñó Freud, revelando la ligazón entre lo que uno dice y lo que sucede.

Bastante más adelante, allá por la década del ’60 aparecen dos lingüistas americanos, Austin y Searle, quienes desarrollan el concepto Acto de Habla para ejemplificar esos dichos que implican acciones en sí mismos. «De acuerdo con Austin, el ‘acto ilocutivo’ se da en la medida en que la enunciación constituye, por sí misma, cierto acto, entendido como transformación de las relaciones entre los interlocutores o con los referentes. Un ejemplo clásico es que al decir ´lo prometo´ o ´sí, acepto´ en una ceremonia matrimonial estamos, a la vez que hablando, realizando el acto. En este sentido, el acto de habla, es decir, la emisión del enunciado, puede realizarse en forma oral o escrita, siempre y cuando se lleve a cabo la realización de una acción mediante palabras. El efectuar un acto de habla, expresando una oración con sentido, implica un compromiso con el entorno. Un acto de habla puede ser utilizado para: solicitar información, ofrecer, disculparse, expresar indiferencia, expresar agrado o desagrado, amenazar, invitar, rogar, etc.»

La gente que se dedica al coaching hace uso frecuente de estas cuestiones, siendo uno de los nervios principales de la actividad.

4. Donde no hay palabra, hay acto.

Cuando callamos demasiado corremos el riesgo de que explotemos mal, a destiempo, con quienes no lo merecen, en ámbitos que no son los adecuados o incluso con violencia dirigida hacia uno mismo o a terceros.

Sabemos por el psicoanálisis que lo no tramitado en lo simbólico aparece en lo real, mostrando, una vez más, el lazo entre palabras y hechos.

Lo real no es la realidad sino que alude a lo imposible de nombrar como por ejemplo los traumas. Seguramente, quienes hayan atravesado por una vivencia de esta naturaleza como pusiera ser un robo o situación de violencia habrán notado que reaparecía en sueños una y otra vez. Esa es la forma en que nuestro inconciente trata de incorporar lo que no puede ser nombrado (el trauma) y pasar a formar parte del material simbólico.

Si eso no se logra, es posible que aparezca un intento fallido e inconducente de hacerlo, por medio de un acto loco o cuanto menos extraño. Una conducta muy fuera de lo común que, luego de ser ejecutada, no tiene vuelta atrás: un grito en medio de la calle; un corte en un brazo; una cachetada; irse de casa con lo puesto…

Si queremos aplicar estas ideas a nuestros equipos, es importantísimo analizar si determinadas conductas de los colaboradores que nos dejan con la boca abierta no responden a esta lógica, la de lo no dicho.

5. Efecto del lenguaje en las emociones.

Cada tanto recuerdo esta viñeta de mi vida universitaria.

Estábamos en la clase de Psicología, en primer año, cuando uno de mis compañeros le preguntó al profesor: «¿De verdad cree que la palabra tiene efectos?». A lo que de inmediato respondió: «Dígame, ¿usted se cree vivo por hacer ese cuestionamiento? ¿¡No le da vergüenza decir eso en un aula como esta!?».

Imaginen al muchacho ahora. Colorado, traspirado y con ganas de ser teletransportado a Marte justo allí…

Luego, continuó el docente: «¿Te das cuenta que la palabra, efectivamente, tiene efectos? Te contesté así de mal para que lo compruebes vos mismo».

Un debate aparte merecería analizar si el profesor estuvo bien o mal, o tratar de indagar al respecto de su costado psicopatón. Sin embargo, pretendo ir al nudo de la cuestión y decir con claridad que las palabras inciden en nuestras emociones de forma directa.

Veamos en el ejemplo, como el cuerpo y la mente del alumno se vieron afectadas con un par de simples frases.

Traslademos y amplifiquemos esto a la vida real. Detengámonos por un instante a pensar cuánto estamos haciendo o dejando de hacer para provocar cosas en los demás.

«Está claro que esta tarea no es para vos…». «No naciste para hacer números…». «Aún no estás capacitado para el puesto. No estás lo suficientemente maduro…».

Hagámonos cargo de la parte que nos toca.

Entendamos que la forma elegida para comunicar tallará el hueso de nuestras relaciones con los demás.

1. Lacan, Jaques. «El Seminario, libro 17: El reverso del psicoanálisis», Barcelona, Paidós, 1992.

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