Compartiendo “Grandes Momentos”


Santiago Amézaga y Javier Beltramo recibieron a Revista Nosotros para recrear los comienzos de AB Sonido. Historias y anécdotas con un recorrido imperdible de una marca santafesina que no tiene techo.

Textos. Revista Nosotros.

La primera página de este imaginario libro se escribe en los ‘90. Los dos personajes de esta historia, Santiago Amézaga y Javier Beltramo, comienzan como un auténtico hobby a poner música en los bailes que, por esos tiempos, se hacían en casas de sus amigos (…y amigas, obvio). En esos inicios, como en cualquier duro inicio, todo era con equipos “caseros”. El primer año trajo un impacto recordado: Javicompra una consola usada de la década del ‘70 (sí, leyó bien) y un par de parlantes. Con eso, estos dos amigos se largaron a ofrecer sus servicios.

 

“En el año ‘91 nos llaman para hacer un baile en Don Bosco…500 personas. La verdad, más por desconocimiento que por valentía dijimos que sí. Fuimos con nuestros “parlantecitos”, una barredora de dos foquitos inventado con una máquina de hacer helados, una parrilla de luces de colores con tachos de aceite y una máquina de humo casera improvisada con una estufa a cuarzo que calentaba una preparación de polvo que lograba el efecto deseado”, recuerdan como recreando a Damián Szifrón en “Los Simuladores”.

Cuentan que la música eran cassettes grabados de la radio. En esa época, claro está, tener música original era imposible. O posible a cambio de muchísimo dinero que no había. “La mayoría de los hits estaban “pisados” con la voz de Daniel Andino diciendo “Ra-ra-radio Parrrrty” en su recordado espacio radial en Láser.

 

Los roles, en esos duros pero hermosos comienzos estaban definidos: Santiago buscaba con un walkman los temas y los dejaba en “punta”; Javier era el DJ que los ponía al aire.

 

Volvamos a esa noche de Don Bosco. Arrancó la fiesta y a la media hora las cosas se complicaron: no tenían más música por un simple motivo: habían usado todos los hits.


Allí, esa noche, conocieron el famoso “miedo escénico” de Jorge Valdano: el público se empezó a impacientar y tuvieron que suspender el baile. La crónica de la época dirá “las condiciones no estaban dadas para seguir”. Lo concreto es que Carlos (papá de Javier) se vistió de Superhéroe inolvidable: facilitó la rápida retirada con todos los equipos en una Renault 18 Break.

 

“Una vez arriba del auto, había sensaciones encontradas. Por un lado, felices de haber “zafado” de la turba; por el otro, tristes por darnos cuenta del fracaso de nuestro sueño”. Pensaban, los dos, que era el principio del final.

 

Allá por el ’92 estaban finalizando cuarto año (en distintas escuelas) pero seguían unidos por el fútbol: categoría ‘76 de La Salle. El bichito de la música les seguía picando: era la explosión del querido Compact Disc.

“En una tarde de mates y música decidimos que nuestro futuro sería el negocio de los CD. Armamos un plan de negocios pensando en unos locales nuevos que se estaban construyendo en Guadalupe. Parecía sencillo, teníamos que comprar algunos CD y cassettes; alquilar el local y atenderlo por la tarde después del colegio”, pensaron. Listo, cerraba por todos lados: “mega-emprendimiento”, dijeron a dúo.

 

Claro que como siempre, había una sola dificultad: se necesitaban 800 dólares de capital inicial (U$S 400 cada uno). Convencidos del proyecto, fueron primero a lo de Luis (papá de Santiago) a presentarle el plan. Bah, en realidad a “manguearle” directamente. Rápido de reflejos, don Amézaga salió con una frase más usada que “La Suavecita” de Los Palmeras: “Chicos, necesito tiempo para pensarlo”.

El segundo timbre fue el de Carlos (papa de Javier): don Beltramo los miró raro, hizo una pausa bastante larga y dijo: “¿Por qué no se ponen a hacer en serio eso de pasar música?”. Cerca de la Setúbal, el fondo de la Laguna esconde el misterio de saber si esas palabras fueron de puro visionario o básicamente para sacarse de encima la situación.

 

-¿Y ustedes qué hicieron?

-Nos miramos y automáticamente dijimos que sí. En definitiva los que nos unía era la música.

 

-¿Y entonces?

-Así arrancamos. Compramos una consola, dos parlantes y una etapa de potencia (usados). Imprimimos tarjetas y salimos a la calle soñando con pasar música a multitudes.

 

-¿Cuál fue el primer nombre?

-El nombre elegido para nuestro emprendimiento era “Flashpoint”, en referencia al título del CD de los Rolling Stones.

De entrada, se chocaron con la realidad. Es que en los papeles, los eventos deseados estaban lejos de sus posibilidades, por lo que comenzaron a pelearla bien de abajo. Repasemos: fiestas en casas de familia, actos escolares, te bingos y los principales clientes de ese entonces: los jubilados Telefónicos que hacían varias cenas con baile. “Ahí descubrimos los Pasodobles y el Tango”, reconocen.

 

Cada fiesta era un desafío e implicaba una logística bastante singular. Días previos al evento comenzaban la recorrida “casa por casa” de amigos y familiares. La recolección incluía un CD arriba de otro, discos, un centro musical, un giróscopo (luz de moda de ese momento), caballete más tablón para apoyar los equipos, prolongadores, zapatillas y hasta un velador para poder iluminar la mesa de trabajo.


“Todos nos ayudaban incondicionalmente con la ilusión de que sea algo momentáneo y pasajero. Estos raides se prologaron por más de cinco años desde nuestros comienzos. En el año 1993, ya hacíamos ruido en el barrio y nuestros nombres comenzaban a estar presentes al momento de pensar en una fiesta: los empleados del Banco Nación o el aniversario de casados de una familia amiga con Los Palmeras como show principal. Los teléfonos de nuestras casas comenzaban a sonar”, explican.

 

Así nació “AB Sonido e Iluminación”, a pura creatividad. Con el correr de los años quedó “AB Sonido”. Hoy en día no hay empresa del rubro que no tenga la palabra “Sonido” en su nombre. “Marcamos tendencia”, dicen orgullosos.

A mediados de los ‘90, quien tenía la música hacía la diferencia. Era muy difícil acceder a los hits (en su mayoría material importado) y también muy costoso. En ese tiempo, Javi viaja de intercambio a Estados Unidos por un año y comienza a enviar por correo la música que se venía. Esto puso a AB Sonido un paso delante de todos, por lo que no tardaron en llegar los réditos: los bailes de la Tolde, algún cumple de 15 en casas de familia y las fiestas de Primavera del San José empezaron a poner la marca en vidriera.

 

“Estos pibes pasan buena música”, era el comentario más escuchado. La cosa venía bien y los convocan como DJs en el regreso de Saint Thomas, el boliche que marcó gran parte de la historia de Guadalupe y la noche santafesina. En este punto, hacen un pequeño impasse en los eventos sociales pero continuaron pasando música en Laguna Beach y Hollywood (ex Plástico Disco).

Transitando la experiencia de DJ de boliche se dieron cuenta que les gustaban mucho más los eventos sociales: el contacto con el cliente, el ser parte de momentos importantes de la vida de la gente, generar alegría y diversión.

 

-¿Se ganaba plata con AB Sonido?

 

-El agradecimiento y cariño era nuestra principal retribución. Es que desde nuestro comienzo, cada peso ganado era invertido, postergando vacaciones, ropa, salidas con amigos, cumpleaños y reuniones familiares, hasta navidades con brindis rápidos para salir corriendo a poner música.

 

-¿Quiénes ayudaban?

 

-Por esa época todos se sumaban y daban una mano. Ethel (mamá de Santiago) resignó una habitación de la casa para que sea el centro de operaciones y guardado de equipamiento. Carlos (papá de Javier) hacía la logística con los fletes. Se comenzaron a sumar amigos y nuestros hermanos (Pocho y Joaquín) para ayudar en cada armado y en las noches sin final. Comenzábamos a crecer fuerte.

 

Con los ojos brillosos recuerdan esa famosa anécdota cuando compraron el primer equipo técnico importante. Ya no prestado, sino propio. “Hicimos lugar en la mesa del comedor y armamos un ritual para armar la caja. Parecía un OVNI”, cuentan entre risas.

 

Empezaron a hacer las primeras fiestas importantes (para ese entonces) y comenzamos a implementar conceptos nuevos para el rubro, que se convirtieron en nuestra carta de presentación y luego con el tiempo serían un estándar de trabajo para el rubro.

“Queríamos dejar de ser ‘los pibes que pasan música’ para tomar un rol más importante en los eventos. Para lograrlo había que cambiar la imagen del DJ clásico de entonces. Nos calzamos el traje y corbata (formal para casamientos y con estampes divertidos para los 15). La mesa de trabajo debería estar súper prolija. El montaje de equipamiento, impecable y decorado para ser parte de la ambientación del salón. Eran típicas las reuniones previas con cada uno de los clientes, eligiendo la música y planeando los tiempos de la noche. En la fiesta generábamos un vínculo con los invitados para que se acerquen a pedir los temas que querían bailar”, comentan.

 

Sin dudas, la página web de AB Sonido con las fotos de la fiesta marcó un antes y un después en los eventos sociales de Santa Fe. Toda la ciudad se levantaba el domingo para ver quien se había casado o que tal había estado la fiesta de 15.

 

“Era la página más visitada de Santa Fe después de la del diario El Litoral”, recuerdan. Todo éso fue marcando la diferencia y generando las bases de lo que es hoy AB Sonido.

Los teléfonos sonaban y las fiestas se multiplicaban. El desafío era seguir avanzando y creciendo. “Fue ahí que decidimos ampliar nuestra capacidad de una fiesta por noche a dos luego a tres y así cada vez más. No parábamos. En temporada alta no había paz ni descanso. Arrancábamos los viernes a la mañana cargando el camión, montando el equipamiento, pasando música a la noche, desarmando, cargando el nuevamente el camión a la madrugada del sábado para ir a otro salón y repetir el proceso hasta llegar al mediodía para desplomarnos a recuperar fuerzas. Los domingos no existían en nuestro calendario. Era fundamental en esa época el trabajo de nuestras madres que nos esperaban con un café con facturas; el traje listo y la camisa planchada en forma impecable de un día para otro. No nos explicamos como lo hacían. Ellas también hacían magia”, agradecen.

 

Como la política de AB sonido era invertir cada peso ganado, cada uno tenía un trabajo adicional para poder tener dinero propio. Además estaban estudiando carreras universitarias los dos. Era momento de definiciones: o se dedicaban a full o seguía cada uno su camino.

 

“No hace falta aclarar la decisión. All In a AB Sonido. Largamos nuestros trabajos y nos dedicamos full time al emprendimiento. Alquilamos un depósito en Guadalupe para los equipos y montamos una oficina de atención al cliente. Luego nos mudamos a Barrio Candioti a un depósito más grande con dos oficinas. Se sumó más gente a nuestro staff, incluso algunos de ellos aún hoy nos acompañan. En ese entonces ya estábamos haciendo las mejores fiestas de Santa Fe y seguíamos creciendo sin parar, pero a un costo muy alto: el desgaste físico y mental era insostenible. Teníamos que organizarnos”, detallan.

En el año 2007 comenzaron un proceso de organización, contrataron a un amigo consultor que ayudó a desarrollar manuales de proceso comerciales y operativos; organigrama de la empresa: desarrollaron un software a medida para administrar clientes. Eso generó una nueva metodología de trabajo, distribuyendo nuevos roles dentro de la empresa que permitió llegar a hacer hasta ocho (sí, 8) eventos en una misma noche. (sumar acá lo de las fiestas de 15 de adoratrices y las 8 fiestas en una noche)

 

En las retinas de Santi y Javi, así los conocen desde hace años, quedan recuerdos que los mantienen más activos que nunca: trabajar contratados con la mejor wedding planner de la Argentina como es Bárbara Diez, ponerle diversión al casamiento del “Chino” Maidana en su mejor momento después de las peleas con Floyd Mayweather o tener la responsabilidad global de lo que fueron los primeros cinco años de Casino Santa Fe.

 

Pero el mayor orgullo es haber sido parte de los Grandes Momentos de la mayoría de los grandes eventos sociales de la ciudad. En una mesa de familia o una peña de amigos, seguramente hay alguien que hizo su casamiento, cumple de 15, o evento con AB Sonido.

Por su calidad de trabajo y garantía de éxito, AB Sonido es elegido en los principales eventos sociales de la ciudad y la región. Es proveedor exclusivo en varios salones de Santa Fe: Ríos de Gula, Marinas, Hotel de Campo Colón y Aires del Llano, entre otros.

 

ANÉCDOTA

En el año 1998 tenían un cumple de 15 un día sábado en el salón de Macabi. “Alquilábamos las luces en lo de Gavilán porque no teníamos propias. El día anterior también había otra fiesta que la hacía Ulla Sonido y nos ofreció alquilarnos sus equipos ya instalados. Después de ese evento, Daniel Ulla nos ofreció vendernos las luces que fabricaba junto a Marcelo Celeri. Entramos como dos Carlitos y las compramos! ¿Quién diría que 15 años después terminaríamos siendo parte de un proyecto en común: Yowon Técnica Para Eventos?” (se trata de una empresa dedicada a la realización de grandes eventos en la región y el país).

AGRADECIMIENTOS

 

– “En primer lugar a nuestras esposas Carolina Rossi y Danisa Vignatti (en la mayor parte de este relatoànovias) por hacernos el aguante cada noche de fin de semana ausentes físicamente y cada domingo ausentes mentalmente. Hoy nos siguen acompañando incondicionalmente junto a nuestros peques (Allegra, Caterina, Nina y Justina e Iñaki).
– “A nuestras familias, pilar fundamental en esta historia: Carlos y Myriam, Judith y Pelo (los Beltramo); Luis y Ethel; Andrea y Pocho (los Amézaga).
– “Y a todos los “ABsoideanos” que formaron y forman parte del espíritu de la marca. A todos proveedores colegas que fueron parte de nuestra historia y a aquellos que lo siguen siendo. A los clientes y amigos que nos dan su confianza y apoyo en cada evento”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Previo Galletitas de limón glaseadas
Siguiente Fortaleza, importante urbe del noreste brasileño