Consumo consciente: supermercado sin envases


Lejos de conformarse con lo que la industria alimenticia impone, Ana Pierre decidió abrir su propio negocio que ya es todo un referente de las tiendas zero waste del país.

Texto. Georgina Lacube.

Si hay un momento para salvar al mundo, ese momento es ahora. Y a eso lo sabe como nadie Ana Pierre, la creadora de Cero Market, el primer supermercado sin envases del país que comercializa desde harinas, pastas secas, arroces, legumbres, golosinas, aceites, dulces y mermeladas hasta productos de limpieza, higiene personal y cosmética, pero con la gran diferencia de que todo se vende suelto y los clientes deben llevar sus propios recipientes.

Nacida en el seno de una familia de emprendedores, donde incluso hasta su abuela se animó a emprender en una época en la que no era frecuente que las mujeres lo hicieran, siempre supo que la idea de montar su propio negocio era algo que llevaba en la sangre y que le resultaría algo sencillo de concretar. Con esa meta se propuso estudiar la Licenciatura en Economía y hasta obtuvo un máster en Políticas Públicas que le permitió trabajar durante años en investigación académica y en la creación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Más tarde se animó a cambiar de rumbo y se insertó en el ámbito privado, puntualmente en la empresa de su familia que se dedicaba a brindar servicios de reposición en supermercados. Fueron 15 años de mucho aprendizaje en el mundo de los negocios, hasta que supo que ya era hora de montar el propio. Pero no cualquiera, sino uno que tuviera impacto. «Mi interiorización en temas de medio ambiente vino primero de la mano de mis hijos. Ellos fueron mis primeros educadores y quienes encendieron en mí una chispa de conciencia, que luego fue dando lugar a algo más grande. Mi segundo aliado en estas temáticas, y quien me dio el empujón más fuerte, fue mi marido, que es asesor en temas ambientales. Las largas charlas con él fueron vitales en mi educación ambiental», comenta Ana Pierre al respecto de su exitoso emprendimiento que la Legislatura porteña reconoció ni más ni menos que con el diploma de Emprendedor Ambiental por su aporte al trabajo, la innovación y la sustentabilidad y que, a menos de un año de su inauguración ya cuenta con 3 tiendas en Capital Federal, otra en San Isidro y tiene confirmadas franquicias en Nordelta, Río Turbio y Neuquén.

– ¿Cuál es el diferencial de tu emprendimiento?

– El sistema, que es muy sencillo. El consumidor entra al local y lo primero que hace es pesar los distintos contenedores que lleva para ser rellenados. Uno de los empleados anota el peso de los mismos en la base y luego los recarga con el producto que el cliente desea comprar. Al momento de pasar por la caja, se resta el peso de cada contenedor y listo.

La particularidad de esta propuesta es que, además de evitar el consumo innecesario de plásticos de un solo uso, no se desperdician alimentos ni dinero. Por esa razón, no se requieren cantidades mínimas de compra de ningún tipo. Incluso ponemos a disposición cucharas o tazas medidoras para que los clientes puedan traer alguna receta y llevársela ya semi preparada a su casa.

– ¿Cómo surgió la iniciativa?

– Nació de una necesidad personal. Noté que había un espacio en el mercado que debía ser ocupado por alguien que no improvisara y que buscara dar una solución seria, a gran escala y a largo plazo, a la cuestión de la reducción de plásticos de un solo uso. Para desarrollarla, lo convoqué a Juan José Bartolomé, quien hoy es mi socio, y empezamos a investigar de qué modo podíamos concretar este proyecto. Viajamos, nos reunimos con emprendedores de otros países con una vasta experiencia en supermercados de este tipo, investigamos la industria, activamos un trabajo de campo local buscando proveedores y diseñadores, y aprendimos todo lo necesario para poder brindarles a los consumidores argentinos una opción que les permitiera hacer todas sus compras conscientes en un solo lugar y de la manera más responsable posible. Una vez que verificamos el mercado existente, que pudimos medir el dinero que necesitábamos para llevarlo adelante y que estuviera dentro de nuestras posibilidades, nos lanzamos a hacerlo realidad.

– ¿De qué modo su propuesta garantiza la inocuidad?

– Somos particularmente meticulosos en cuanto a la asepsia de los productos. Encontramos que en la mayoría de los locales que venden a granel, la higiene está bastante descuidada. De ahí que desarrollamos para cada tipo de producto un contenedor especial que garantiza la correcta preservación de los alimentos. A su vez, en cada uno de los mismos, el consumidor podrá encontrar la información nutricional del producto, su vencimiento y demás aspectos exigidos por la regulación argentina. Tenemos, además, programas de control interno que nos permiten rastrear lo que tenemos en cada batea. En cuanto a la manipulación de los alimentos, se toman todas las medidas de higiene necesarias: guantes, cofias, máscaras y barbijos.

– ¿Es una modalidad de nicho?

– Lejos de hacer de esta modalidad un mercado para unos pocos, los precios del lugar se asemejan a los de cualquier almacén tradicional. Y con el objetivo de ofrecer calidad, también vendemos productos 100% agroecológicos elaborados por productores locales.

– ¿Cuál es el perfil de sus clientes?

– Cuando abrimos nuestras redes sociales rápidamente tuvimos una excelente llegada a un público joven de entre 18 y 40 años que comparte nuestra filosofía zero waste (basura cero). Pero cuando inauguramos la tienda nos sorprendió la cantidad de gente mayor a ese target que estaba interesada en la propuesta. Hoy tenemos cada vez más clientes de más de 40 años súper fidelizados con nuestra marca y que vienen todas las semanas a hacer sus compras. Por lo cual, ahora podemos decir que tenemos un público que varía entre los 18 y más de 65 años, prioritariamente femenino que consulta mucho sobre cómo y dónde se produce la mercadería que comercializamos y cómo recibimos los productos que vendemos.

– ¿Por qué eligieron Cero como nombre del emprendimiento?

– Porque alude a la ausencia de todo lo que creemos que es innecesario. Envases, cantidades mínimas, marketing, contaminación visual, publicidades vaciadas de sentido, intermediarios (cuando lo conseguimos), agroquímicos (es un horizonte al que nos gustaría apuntar), entre muchos otros criterios impuestos a los que estamos acostumbrados y que, en realidad, restan mucho más de lo que suman. Es un término que resume nuestra filosofía de vida y de trabajo.

– ¿Cuáles son las ventajas del consumo consciente?

– Hay realmente una gran cantidad de ventajas en esta manera de comprar. Cuando nos propusimos crear este proyecto queríamos que no sólo fuera un sistema de compras que defendiera al medio ambiente evitando los plásticos de un solo uso y los envases descartables en general, sino que queríamos resignificar la experiencia de comprar y fomentar el ahorro, que deviene de la compra de las cantidades exactas que cada uno necesita. Además, nos propusimos que quienes nos visiten puedan disfrutar de su tiempo y que no sientan que lo estaban desperdiciando, por eso creamos una experiencia de compra que se disfruta desde el ingreso al local con música, olores y colores que hacen que quienes vienen a la tienda elijan volver.

– ¿Qué acciones implementan para que la marca crezca?

– Lo nuestro es básicamente un crecimiento orgánico que se da como fruto del interés genuino que la marca ha suscitado. Como modo de dar a conocer la marca, tenemos un excelente manejo de las redes sociales (fundamentalmente Instagram) que nos ha permitido conectarnos con nuestros posibles clientes, conocer sus intereses e interactuar con ellos; también un gran acompañamiento de medios, periodistas y figuras que se interesaron de forma genuina por el proyecto y a quienes siempre les estamos agradecidos. Pero somos un emprendimiento hecho a pulmón, creemos mucho en nuestro producto, en lo que el negocio aporta como novedad al ámbito de los supermercados y vamos a seguir apuntando al crecimiento espontáneo y genuino.

– ¿Cuál es el nivel de aceptación del público para con esta propuesta?

– Nos sorprendió el nivel de aceptación del público en general. Tanto que al poco tiempo de inaugurar tuvimos que ampliar dos veces nuestro horario de atención. Ahora estamos de lunes a domingos, y por suerte todos los días con mucha concurrencia. Creemos que Argentina estaba esperando una iniciativa como ésta.

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