De la inmigración como epopeya


«El lazo de las Edelweiss» es una novela coral de Susana Andereggen que cuenta las aventuras y desventuras de una familia que parte de Suiza para afincarse en nuestro país y, a través de epístolas y voces femeninas, el destino de las varias generaciones que le suceden, hasta nuestros días.

TEXTOS. Enrique Butti.

La saga se inicia con la voz de Rosalía, nacida en Mörel, Wallis, Suiza, en 1828. Promediando sus veinte años sucede un hecho clave de su vida: el intercambio de miradas al cruzarse en el camino a Eggishorn con un desconocido. Rosalía es católica y siente como un pecado la pasión que le ha encendido ese instante. Un año más tarde vuelve a ver a ese hombre cuando se presenta en el frente de su casa. Ella espía esa aparición hasta que llega su padre. Los dos hombres entran en la vivienda, y finalmente una orden: «Rosalía, venga a la cocina a conocer a su futuro marido».

El casamiento se realizará a los cinco días, porque el hombre llamado Alexander debe subir a pasar el invierno en el refugio de Eggishorn antes de que llegue la nieve. De manera que Rosalía y Alexander se casan, pasan siete días juntos antes de que él parta para permanecer cuatro o cinco meses aprovisionando el refugio para la temporada. Rosalía lo espera.

Regresa de las guerras el hermano Mauricio, mercenario ahora desocupado ante la prohibición gubernamental de emplearse como soldado en ejércitos extranjeros. La tristeza y la afición al alcohol revelan que este muchacho ha vuelto sano y salvo de las guerras, pero no entero.

La niña de Rosalía nace muerta, pero cuatro años más tarde encontramos que la pareja tiene ahora dos hijos. Y dos vacas. Dos años después, tres hijos, y una vaca. Cunde la hambruna. Los hombres se reúnen, las mujeres lloran. Algunos, entre ellos Alexander, lo deciden: «Nos vamos a América». Otro hecho clave en la vida de Rosalía. Y no será el último.

Así comienza «El lazo de las Edelweiss», una novela coral de Susana Andereggen que cuenta las aventuras y desventuras de una familia que parte de Suiza para afincarse en nuestro país (en San José de Entre Ríos, y en la Colonia Valesana de Santa Fe) y, a través de epístolas y voces femeninas, el destino de las varias generaciones que le suceden, hasta nuestros días.

La dura vida diaria, las alegrías y las tragedias que testimonian estas mujeres están narradas con la precisa y verosímil entonación que el carácter de cada una de ellas y su tiempo requerían. Sin estridencias, pero precisamente por eso en forma profundamente emotiva, Andereggen introduce al lector en un periplo conmovedor que es, por otro lado, el devenir de gran parte de nuestra historia.

Lermo Balbi repetía que era dramático el hecho de que la Argentina careciera de una gran compacta gesta de la inmigración, que nos faltaba inventar un género como el que inventaron los estadounidenses con el «western» para describir la conquista de los desiertos y el imperio final de convivencia civil. Aunque contamos con valiosas creaciones (en la Pampa Gringa, las de Pedroni, Carlino, Vecchioli, Gori), incluidas las del propio Balbi, hay que lamentar la ausencia de un corpus nacional de verdadera raigambre histórica, mítica incluso. 

Una gesta fundacional no supone una simple y feliz llegada a alguna Tierra Prometida. Son los desencuentros y conflictos los que en efecto constituyen una epopeya que nos habla de trágicas colisiones entre colonos y entre colonos y nativos, de las promesas gubernamentales incumplidas y, sobre todo, del arduo esfuerzo que fue necesario para que la Ley (y la Justicia y la Educación) fueran imponiéndose.

Las distintas corrientes inmigratorias a lo largo del país tuvieron un carácter épico, y los inevitables desencuentros que se produjeron hubieran debido, gracias al testimonio y pasión de historiadores y artistas, constituirse en hitos de esa epopeya inmensa que sirviera a fraternizar en la actualidad a todos los nativos de la tierra, tanto a descendientes de indígenas como a los de extranjeros de todo el mundo. Carecer de conciencia sobre tal gesta en la constitución de la patria es muy peligrosa, como sostenía Balbi, y la prueba son los despropósitos y malentendidos y falsas revisiones históricas que estamos sufriendo en la actualidad. Esa ignorancia ha instalado como patéticas bases culturales a la falsificación, la ingratitud, el resentimiento, para erigir una destructiva ideología de maniqueísmo, animosidad, desquite, desprecio, xenofobia.

«El lazo de las Edelweiss» es un digno y notable aporte a esa epopeya, a esa «Eneida» que algún día quizás lleguemos a componer. 

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