De shopping por el placard


Llegó la hora de desterrar el famoso “por las dudas” y depurar el ropero de todo lo que no se usa.

 

Por Nadia Novillo.

A la gran mayoría de las personas las agota y estresa pensar qué ponerse cada mañana. Las frases más recurrentes suelen ser: “No sé que ponerme”; o peor aún, a pesar de tener un mueble abarrotado de prendas, “No tengo nada que ponerme”. Esto ocurre porque tenemos mucho más de lo que necesitamos, vemos y usamos. Por tal motivo mi propuesta para hoy es ser una guía atendiendo a dos criterios: el de organización según el cual “cada cosa debe estar donde se necesita y utiliza”, y el de orden que nos dice que debemos tener “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. Vamos a comenzar a organizar y ordenar nuestro guardarropas, vestidor, armario, ropero, placard, closet o como más les guste llamarlo.

 

Como primera medida lo que vamos a hacer es organizar. Por lo tanto, todo lo que haya guardado dentro del placard que no sea prendas, calzados, carteras, accesorios o ropa de blanco; se va al lugar donde corresponda.

 

Si al ingresar a nuestro vestidor o al abrir las puertas de nuestro placard, encontramos una caja con copas, una bolsa con una colección de revistas de decoración, una caja con recuerdos y souvenirs, sombreros de cotillón traídos de una fiesta, una lata con los adornos de la torta de cumple de los chicos, álbumes de fotos, libros que nos prestaron… (y así podría seguir con una infinidad de ejemplos) estamos ante lo que llamo “aparente orden” o “falso orden”. Esto es lo que suele ocurrir cuando creemos que ordenamos y vamos guardando en el placard todo lo que anda dando vueltas por ahí.

 

Ante cada cosa que encontramos y que no corresponda a este lugar, deberemos decidir qué hacer: tirar, reciclar, regalar, donar o vender. En el caso que sean cosas que queremos conservar, las vamos a reubicar. Por ejemplo, llevaremos las copas a un mueble del living comedor o de la cocina, ubicaremos las revistas en un mueble o revistero… Así con cada cosa.

 

 

Una vez depurado el placard de todo lo que no corresponde a él, vamos a analizar qué es lo que verdaderamente usamos, necesitamos y nos encanta.

 

 

Llegó el momento de desterrar para siempre el famoso “por las dudas”. Ocurre que muchas veces seguimos conservando prendas que ya no nos van o no nos sientan cómodas; ropa de colores que no nos gustan o que ya no nos favorecen o de estilos pasados de moda; incluso cosas que nunca fueron estrenadas. Las guardamos por años “por las dudas” nos vuelvan a ir, nos vuelvan a gustar o vuelvan a estar de moda. Es como si tenerlas nos diera alguna tranquilidad o seguridad. En realidad todo lo que hacen esas prendas es ocupar lugar y hasta nos hacen perder de vista otras que si nos gustan y deseamos usar.

 

Ocurre también que en ocasiones las seguimos conservando por culpa: porque fue el regalo de un ser querido, o perteneció a nuestra madre o abuela, o es de una buena marca y se trata de una prenda costosa.

 

 

Todas estas cuestiones tienen que dejarse de lado, debemos sincerarnos. Todo lo que no se usa debe irse. La ropa siempre se puede regalar o donar, seguro hay personas a las que le puede venir muy bien. Las prendas también pueden venderse en las ferias garaje o vintage que están muy de moda.

Ahora sí, vamos a ordenar:

 

– La parte superior queda destinada para prendas de otra estación o que no se utilizan a diario. También para ropa de blanco o para ubicar bolsos y carteras.

– En la parte central tenemos los barrales de colgado; dependiendo del espacio disponible vamos a decidir qué se cuelga y qué se dobla.

– En la parte inferior se suele ubicar el calzado.

– Respecto a los cajones, dependiendo de cuantos tengamos, se acostumbra a utilizar: el primero, para la ropa interior; el segundo, para medias; el tercero, para pijamas y camisones, en el caso de las mujeres; el cuarto, para trajes de baño. Los siguientes podrían ser para pañuelos, chalinas y pashminas; ropa deportiva; y remeras.

– Si tenemos estantes, allí colocaremos todo lo que se dobla. Esto podremos hacerlo usando las tradicionales pilas o utilizando el recurso de los contenedores o cajas para optimizar el espacio.

– Lo ideal es que todas las perchas sean iguales, estas deben mirar todas hacia un mismo lado ya que así se genera y transmite una sensación de orden, prolijidad y armonía visual.

– La regla dice que debemos tener una prenda por percha. Recuerden que lo que no se ve no se usa, por lo que la ropa que queda abajo se olvida.

– Ordenamos por color (de lo más claro a lo más oscuro), por tamaño (de menor a mayor), por abrigo (de lo más liviano a lo mas pesado). Siempre digo y repito: van creciendo mangas, cuellos y largos.

 

La intención al ordenar el placard es que podamos visualizar todo lo que tenemos, que todas nuestras prendas queden presentadas y exhibidas tan prolijas y atractivas como las vemos en los percheros de los locales comerciales, esos que nos invitan a querer probarnos y llevarnos todo. ¡Que cada mañana podamos hacer shopping en nuestro propio vestidor!

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