Educar desde la esperanza


En el Día del Maestro, Nosotros quisimos homenajearlos aunando voces donde nos cuentan cómo siguen honrando su profesión en tiempos de pandemia.

En un año en el que la vida rutinaria sufrió un cambio insoslayable, profesionales de todos los ámbitos debieron reinventarse y seguir, casi sin tiempo a detenerse a pensar. Quienes acometieron esta tarea sin dudarlo, a pesar de, en muchos casos, la falta de recursos, fueron los docentes de todos los niveles. Nosotros quisimos aunar las voces de maestros y profesores santafesinos para poder brindar un pantallazo de la realidad y, a la vez, realizar un pequeño homenaje en su día.  

Conectar con los chicos

Julieta Rozzatti, docente de 3° grado de la escuela N° 1106 «Gral José de San Martín» de Santo Tomé. 14 años en la docencia. 

Adaptarnos a esta modalidad de trabajo a distancia, sin ver a los chicos, sin hablar con ellos directamente, fue y sigue siendo muy difícil. En mi caso no tengo posibilidad de realizar clases virtuales, ya que la gran mayoría de las familias no cuentan con los medios necesarios para ello. Me comunico con todos los papás por medio de WhatsApp o Messenger de Facebook, envío actividades e información importante sobre diferentes cuestiones. 

Con algunos chicos tuve oportunidad de hacer videollamadas. Trato de mantener el vínculo con los chicos aunque no resulta tan sencillo ya que al ser tan chiquitos el contacto principal es con los padres. Es muy gratificante recibir un audio de con un «te extraño seño», o «te quiero seño».

En este contexto mi rol como docente se repartió un poco entre enseñar contenidos, acompañar a las familias y sobre todo buscar la mejor manera de llegar a los chicos.

Educar desde y hacia la esperanza

Gabriela Balbuena, directora de la escuela N° 1190 «IV Centenario de Santa Fe».

Hace 24 años y medio que empecé a transitar este apasionante camino que es ser educadora.

Todo esto ha sido un gran desafío, desde lo personal hasta lo institucional, ya que implicó volver a mirarse como trabajadora y profesional, ver qué conocimientos me estaban faltando, notar que las herramientas tecnológicas estaban hace bastante tiempo sin embargo no hacíamos un uso frecuente, por lo cual, esta irrupción de la pandemia nos obligó a vincularnos desde lo tecnológico. Yo soy una persona que siempre ve lo positivo e incluso en situaciones adversas, veo todo siempre como un aprendizaje. 

Creo que la gran adaptación fue el uso de las herramientas virtuales, pero lo esencial del hecho pedagógico está igual, no cambió mi mirada, y hablo desde lo personal, sobre los estudiantes, sobre las situaciones que deben atravesar en lo personal, cómo acompañar sus sueños, cómo sostener los vínculos con las familias de los más pequeños, cómo mirar las realidades de cada hogar sin juzgar, sino entendiendo, creo que eso se tiene o no se tiene, sea virtual o no. 

Al principio fue bastante complejo, todo sucedió muy repentinamente y sin manuales de instrucción. Fue tratar de comunicarnos con todos los alumnos y alumnas, elaborar planillas con los números telefónico, que puedan contactarse entre ellos. No fue fácil para las familias de un día para el otro hacerse cargo de la gran tarea de enseñar, un rol para los que no se prepararon. Y ni hablar cuando hablamos de brechas culturales, pero todo eso también se tuvo en cuenta para no generar al interior de las familias la sensación de frustración al no poder ayudar a sus hijos e hijas. 

Yo estoy muy segura cuál es el rol que asumí como educadora y ese no cambió en la pandemia, ya sea para niños pequeños como para mis estudiantes del profesorado de los institutos. Sí, se fortalecieron y hasta se volvió una terquedad mayor ser una educadora para la esperanza. En momentos como este de tanta incertidumbre la vida nos ruega aferrarnos a la esperanza. Decido educar transmitiendo mi propia esperanza y que mis alumnos y alumnas también perciban esto: que hay esperanza. No significa que no me sienta frágil por momentos o angustiada, pero tengo que sostener, tengo que amparar, tengo que acompañar, tengo que orientar y para ello junto pedacitos de fragilidades, de mis angustias y las transformo por medio de la esperanza en acciones concretas, públicas, que ayuden a otros y a otras a creer. En nuestra escuela 1190 realizamos una proyección de videos con dibujos de los niños y niñas a través de una pantalla gigante en la vereda de la escuela el 18 de agosto. Y no fue azaroso elegir ese lugar: la vereda, ese límite entre la escuela y la calle, entre lo público y aquello que a veces queda encerrado en una escuela. Fue una manera de visibilizar los sentires y miradas de nuestros niños y niñas y también de todos los que somos actores de la institución. Hay que reinventar las formas de acción política y la escuela pública es un gran escenario para concretarlo.

Creo que el docente pudo percibir el valor social de su rol, más allá de los aplausos presentes o ausentes desde los balcones, por mejoras salariales presentes o ausentes, creo que el maestro se pudo autorreconocer como un actor fundante de cultura, fundante de transformaciones y fundante de esperanza. Creo que las familias explícita o implícitamente han reconocido el valor de la labor docente. Y también ha visibilizado las condiciones precarias del trabajo docente que con esfuerzo personal compra las herramientas de trabajo al servicio una actividad pública. Un maestro que salió a aprender los usos de las nuevas tecnologías ( esto nos habla de la gran deuda con la formación permanente), un maestro que salió a participar de cuanto conversatorio virtual había ( esto habla también de la necesidad de escuchar y ser escuchado en un espacio de formación docente), un maestro que paga de su bolsillo fotocopias para darles las tareas a sus niños y niñas. Estas son las acciones que destaco, estos son los maestros que me inspiran a seguir creyendo que hay otro mundo mejor. Hay que alejarse del discurso del odio que nos instan todo el tiempo resistiendo, y la mejor forma de resistir es con actos políticos de esperanza.

El trabajo constante

Carina Martínez, docente de 1°grado en la escuela «J.M. Estrada» del barrio Los Troncos.

Hace 5 años que soy docente. 

Costó adaptarse al trabajo remoto. Yo al principio planifiqué para 15 días, como inicialemnte se creía que sería la duración de la cuarentena. 

Después uno tiene q empezar a modificar el trabajo. Hacer videos, videollamadas, audios… para estar en contacto con los chicos, para que no abandonen. De todas maneras hubo un gran quiebre cuando el ministro Trotta dijo que no era tiempo para evaluar. Ahí muchos padres abandonaron el grupo, si total no iban a evaluar a los chicos. Así que hubo que hacer un gran esfuerzo y contactarlos a uno por uno, para que vuelvan al grupo ya trabajar con los chicos.

El ritmo de clases es el mismo en la planificación. Yo planifico una vez por semana. Pero el contacto con los chicos y los padres es permanente. Se mandan las actividades semanales, pero las consultas son a diario. Estoy siempre en contacto con los padres y los chicos, para ver cómo les va. Tengo primer grado, casi no llegamos a conocernos, tuvimos muy poquitos días. Sí o si estoy en contacto para que no se olviden de mí y sepan que seguimos. Pero con la promoción directa, esta semana se me bajaron 6 padres del grupo. Una mamá me contó que tiene 6 hijos, no puede sostener más esto, porque no estudió para maestra. ¡Y tiene razón! Pero en este momento no hay otra posibilidad, yo no puedo ir a cada una de las casas. 

En cuanto al rol del docente ya ha variado a lo largo de estos años, ya no somos solamente el transmisor de conocimiento, ahora cumplimos muchas funciones. Y ahora tenemos más que trabajar con los chicos, trabajar con los padres, más en mi caso que es primer grado, sí o sí necesitan el acompañamiento de un adulto. Entonces hay que convencer a los padres para que asuman el trabajo junto con sus chicos. Hay que mediar con el adulto, tratar de que entiendan y también de no molestar, porque la mayoría de mis papás son jornaleros. Hay que tener en cuenta que vienen de trabajar cansados. Hay que mandar un mensajito preguntando si se puede llamar, si se van a poder conectar… Es estar disponible para lograr mantener el contacto.

Reinventarse y perder el miedo

Patricia Benítez, 2do grado, Escuela Dr. Estanislao María López, n° 809.

A principios de febrero me encontré de vuelta en la escuela, nos encontramos todos, empezamos a planificar el ciclo lectivo, a charlar cómo podría ser este año, propuestas, proyectos; todo lo que generalmente se acuerda antes de dar comienzo a un nuevo año, antes de recibir a nuestros alumnos, antes del encuentro con los principales actores de este maravilloso acto de enseñanza-aprendizaje.

Pero de repente, todo cambió. Lo menos pensado llegó. Una pandemia mundial, que nos obligó a un aislamiento social, preventivo y obligatorio. No estábamos preparados para algo así. Lo cotidiano, el trabajo, las relaciones; nada iba a ser lo mismo, y no lo fue.

En esto que nos tocó y toca vivir, cualquier intento de seguir haciendo «lo que hacíamos» nos enfrenta a nosotros mismos, a nuestras posibilidades, a lo que podemos con un tiempo limitado, pensar estrategias en el momento para poder sostener de la mejor manera posible el proceso de enseñanza-aprendizaje mientras éramos atravesados por la preocupación y la intriga, también por el miedo a lo desconocido. 

Así y todo hubo que accionar, buscar estrategias para que ese encuentro, ese vínculo con el alumno continúe en los hogares. Y aquí aparecieron con mayor presencia los escenarios digitales, para promover ese encuentro, para dar continuidad al proceso de enseñanza-aprendizaje. La educación virtual comenzó a protagonizar nuestra vida escolar, con complicaciones, desencuentros; pero con la mejor voluntad para lograr un puente escuela-hogar.

Creamos grupos de whatsapp con los padres de los niños, y así comenzamos este nuevo viaje, desconocido, cambiante, a través de actividades con distintos soportes tecnológicos, imágenes, videos, fotos, y a su vez, recibimos sus devoluciones con videos o fotos también. Muchas veces se manda la felicitación por el trabajo logrado con un video instantáneo, y ellos agradecen de la misma forma. Es el momento en que uno capta el cariño y la incondicionalidad del ese ser tan lindo, al que se extraña tanto y que te manifiesta que también te extraña. 

En lo diario, hay que lidiar con las dificultades de conexión que se presentan muchas veces, hay familias que tienen un solo celular para varios hermanitos, otras que no tienen wi-fi y usan datos… que cuando se les agotan te avisan hasta que puedan recargar su crédito.. .alguna con pantalla rota del celu… en mi caso solo nos manejamos por Whatsapp… no pudimos concretar clases por Meet ni Zoom…se les dificulta bajar la aplicación, la mayoría de los celulares son obsoletos… mi escuela se encuentra en el barrio Santa Rosa de Lima, urbano marginal… familias muy carentes en su mayoría, cobran planes, y las mamás son amas de casa o empleadas domésticas…

Y ahí sabés que ese vínculo, ese encuentro que teníamos a diario en un día «normal» de escuela, no lo vamos a perder jamás aunque físicamente no nos encontremos, porque «la seño» siguió acompañándolos, con errores, con incertidumbres, con miedos…pero con la convicción de que a la vuelta de la pandemia, nos encontremos reinventados para pensar una educación que reconozca en el otro y en sus realidades su mejor piedra fundante.   

Preservar el vínculo

Rocío Suau, profesora de Letras. Trabaja en la ESSO Nº2058 «7 de mayo», en el Bachillerato para Jóvenes y Adultos «José de San Martín», en la Escuela Secundaria Orientada Nº599 y en el ISPI Nº4023 de la localidad de Santo Domingo. 

Mis primeros reemplazos comenzaron en el año 2011, pero mis primeras horas titulares fueron en 2014; es decir hace 6 años. 

Fue muy difícil al comienzo de la pandemia por diferentes motivos: por un lado, solamente pude estar presencialmente con mis alumnos/as una sola vez y fue complicado el hecho de no conocer a los chicos/as de los cursos que tenían clase conmigo por primera vez. Por otro lado, la mayor de las dificultades radica en la escasez de recursos informáticos y tecnológicos que poseen mis alumnos/as, sumado al poco acceso a internet de ellos/as. Lamentablemente, las condiciones con las que contamos no son las mejores para este contexto. En vista de esto, facilité a todos/as mi número de celular personar y comencé a armar clases completas que ellos puedan descargar de un simple PDF. Así que poco a poco me fui aggiornando en explicar textos literarios mediante audios, videos cortos, contenido de You Tube, plataformas virtuales de uso simple tales como Zoom y Google Meet, etc. Todo esto, esperando que puedan acceder a la videollamada, descargar el material y demás. Considero que lo principal es mostrarse abierta y permitir que me escriban o envíen audios en el momento que sea o que, básicamente, puedan conectarse. 

El ritmo y la rutina los fui logrando a medida que fue pasando el tiempo. Le dedico la misma carga horaria que si estuviera en la presencialidad. Así es que reparto mis horas en armar las clases, responder consultas, preparar informes solicitados por las escuelas, corregir las actividades y trabajos prácticos, confeccionar y corregir exámenes, etc. Además participo en las reuniones plenarias virtuales propuestas por cada institución. 

Considero que mi rol como docente ahora es ser nexo entre la escuela presencial y cada alumno/a. En este momento es central dado que más allá del rediseño de las clases, es importante fomentar y por supuesto, no perder, el vínculo pedagógico. Un simple «¿cómo estás? » o «los/as extraño» para los chicos/as es fundamental y les permite generar un acercamiento para con el docente y en sí, con la institución. 

Quisiera destacar la versatilidad con la que debemos contar los/as docentes; no fuimos formados para trabajar desde la virtualidad y, sin embargo, lo estamos haciendo desde nuestro hogar, con nuestros dispositivos tecnológicos y con nuestro propio internet. Siempre pensando en los alumnos/as para que este año, aunque es atípico para el mundo entero, puedan llevarse una experiencia lo más gratificante posible.

Continuar produciendo conocimientos

María Florencia Sadonio.  Lic. en Psicología. Docente de Estimulación Temprana de la carrera de Psicopedagogía en la  Universidad Católica de Santa Fe. 

Empecé a dar clases en la universidad este año, aunque en otras oportunidades dicte talleres y realice suplencias en escuelas de la ciudad.

La verdad que este es un año diferente para todos, sean alumnos como docentes. La universidad no fue menos y se tuvo que adaptar y flexibilizar ante todos los cambios que estamos viviendo.  Se están dando las clases a través de Zoom o de distintas plataformas virtuales donde los alumnos acceden al dictado de las mismas. se sube material al aula virtual y se llevan a cabo clases de consulta. Es un constante flexibilizar, ponerse en el lugar de los alumnos y de las distintas circunstancias y contextos e intentar cumplir con los objetivos propuestos por la materia que se dicta. Por lo menos desde mi lugar es un aprender todo el tiempo, desde como usar las plataformas, hasta como hacer que los conocimientos lleguen a los alumnos y puedan aplicar todo lo que se enseña. 

Las clases se dictan en el día y el horario ya pautado desde comienzo del año. Se trata de mantener la organización del calendario académico, ya sea en cuanto a lo que respecta  al cursado o exámenes. En mi caso, en la materia que doy, se brindan las clases de manera online, luego se sube el material para la lectura al aula virtual y en la siguiente clase se llevan a cabo las consultas de lo estudiado y se procede a dar el nuevo tema. mantener esta estructura hace que los alumnos puedan prever la forma de trabajo, puedan llevar al día la materia y seguir formándose y adquiriendo nuevos conocimientos y herramientas para desempeñarse como futuros profesionales.

En este momento creo que mi rol es lograr transmitir lo mejor posible todos los conocimientos al respecto de la materia. Poder acompañar a los alumnos en este proceso y flexibilizarnos. Entender que hay múltiples contextos y situaciones particulares y diversas y es allí donde podemos acompañar a los alumnos a aprender, creando, en palabras de Paulo Freire, la posibilidad de juntos producir conocimiento. 

Acompañar los procesos de aprendizaje

Carolina Armando. Docente de Sala de 2 años en el Complejo Educativo IES.

Desde el día uno que comenzó la cuarentena, comenzamos a trabajar a través de la plataforma virtual Classroom. Al principio costó un poco, ya que de un día para el otro cambió la escuela, pasamos de la forma presencial a la digital, debimos adaptarnos y reinventarnos, familiarizarnos con herramientas con las cuales no estábamos acostumbrados a trabajar. Fue, y continúa siendo, un aprendizaje tanto para los docentes como para las familias. 

Esta manera de trabajar implica estar muchas horas frente a la pantalla, ya sea planificando, grabando y editando videos, corrigiendo, asistiendo a reuniones, investigando para adquirir nuevos conocimientos y nuevas herramientas para hacer que los contenidos sean de mayor interés para los niños y los aprendizajes sean significativos. Las familias en general responden muy bien a las propuestas didácticas, apoyan y acompañan en este proceso. Son los adultos quienes están en el rol de mediadores entre el docente y el alumno.

Si bien la rutina diaria a la que estábamos acostumbrados es imposible mantener, intentamos tener un orden y estructura a través de la plataforma. Las actividades que vamos subiendo tienen fecha de entrega, lo cual ayuda a que todo esté más organizado para nosotros y para las familias también. De todos modos, las fechas de entrega son flexibles y se tiene en cuenta el tiempo con el que cuentan las familias que se encuentran trabajando, si tienen más de un hijo o si cuentan con dispositivos.

En este contexto de pandemia, como docente tengo una gran tarea: rediseñar las clases para aportar y acompañar en la construcción de los procesos de aprendizajes de los niños.

La educación en el Jardín de Infantes promueve en los niños la exploración del ambiente social natural y cultural. Allí adquirimos las normas de convivencia, aprendemos a escucharnos y a escuchar a otros, a respetar las diferencias, a compartir, a aprender del otro. A través de la virtualidad todo esto se volvió un poco frío, se perdió el vínculo estrecho y la magia que se crea adentro del aula. En esta circunstancia, para acompañar a los niños muchas veces nos ponemos de acuerdo con los docentes especiales, e intentamos trabajar los mismos temas, nos nombramos en los videos, usamos un mismo recurso. De este modo, fuimos construyendo un nuevo vínculo, diferente.

Sostener la educación y los vínculos

Flabia Mariana Trinidad, docente de Lengua de 4° grado del Complejo Educativo IES.

Soy docente hace 5 años. Desde el colegio nos adaptamos rápido, si bien fue muy difícil cambiar toda una metodología de trabajo de un día para otro, fue de una manera organizada y eficaz. Siempre apuntando a nuestro objetivo que fue y es sostener una educación de calidad en este contexto de emergencia sanitaria. Trabajamos con Classroom y con clases virtuales por Google Meet, los alumnos responden de una manera extraordinaria. Más allá de los contenidos que se logran aprender de una manera significativa, recuperaron el vínculo con sus compañeros y docentes. Para muchos el único lugar de vinculación con pares es el colegio y es una parte fundamental para el aprendizaje también.

El ritmo es lento pero preciso, hay un intercambio interesante entre nosotras y los alumnos, jamás podrá asemejarse al contacto de vernos todos los días, pero de alguna manera es necesario tener esa hora en donde poder observar sus avances, también mantenemos contacto escrito diariamente. 

Mi rol en este momento es el de sostener la educación y el vínculo, que los alumnos sepan que el colegio sigue funcionando, de una manera distinta, pero sigue y es fundamental. Brindar enseñanza de calidad, acompañar con paciencia y amor este proceso, creyendo fervientemente que la educación es el único camino. 

Estar lo más cerca posible

Ana Laura Scotta, docente de Educación Física de Nivel Inicial y Primario del Complejo Educativo IES.

Soy docente desde hace 6 años. A partir del 17 de marzo subimos a la plataforma Classroom todas las semanas actividades con videos que son de producción propia, desde mi área. Además, hacemos con algunos cursos encuentros virtuales trabajando conjuntamente con la docente de cada grado.

Al principio la respuesta en general de los alumnos fue muy positiva, con aciertos y errores, pero con muy buena predisposición por parte de la familia para trabajar en este contexto. Lamentablemente luego fue disminuyendo la presentación de los trabajos, debido a que los papás se reintegraron a sus jornadas laborales o se limitaba el uso de los dispositivos electrónicos que contaban en los hogares. 

Tratamos siempre de hacer lo mejor, motivar a nuestros alumnos, incentivar a las familias, innovar en cada clase que se envía, trabajar en conjunto con otras áreas, siempre teniendo en consideración la realidad de cada hogar y, lo más importante, cómo se sienten nuestros alumnos.

El ritmo de las clases se mantiene desde mi área en particular con actividades mayormente lúdicas y divertidas, respondiendo todas las consultas de los padres y alumnos por medio de la plataforma. Allí las familias suben los vídeos o fotos de las tareas enviadas.  Es un desafío aprender en línea, por lo que consideramos importante mantener una constante comunicación entre la escuela y el hogar.

El rol docente en este contexto es un desafío clave, donde se está haciendo un gran esfuerzo, porque tenemos la responsabilidad y el compromiso de seguir sosteniendo la educación. Los docentes estamos tratando de hacer lo mejor adaptándonos a los diferentes escenarios y reinventándonos para poder continuar enseñando. En este proceso por el cual estamos atravesando, todos estamos aprendiendo. Hoy los docentes nos encontramos fundamentalmente dando apoyo emocional, tratando de estar lo más cerca posible, sobre todo cuando las situaciones son difíciles para nuestros alumnos y familias.

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