El amor es una cosa extraña


Para el alicaído panorama editorial argentino es una gran noticia la inesperada aparición de tres novelas cortas inéditas de Hebe Uhart.

Textos. Enrique Butti.

«El amor es una cosa extraña» reúne tres novelas cortas inéditas de Hebe Uhart, fallecida en 2018. La primera nos cuenta sobre el singular noviazgo de Luisa y Beni, singular para quien no conozca la obra de Uhart, que no pocas veces nos ha permitido entrar de lleno e «in media res» dentro de relaciones amorosas. La protagonista no deja traslucir demasiado sus sentimientos y lo que sabremos lo sabemos a través de lo que dice y hace su pareja, en este caso el Beni que da título a la nouvelle, o lo que dicen los familiares. Aquí oímos a Luisa preguntar a su madre: «Mamá, dice Beni si puede venir para acá para el día de la madre, porque él no tiene madre», y su madre, sin levantar la vista: «A mí no me traigás acá a ese atorrante». Luisa quiere insistir: «No tiene madre, mamá, y…». «Si no tiene madre, que vaya a joder a su abuela». Y así debemos escuchar a los acreedores de Beni que llaman a la casa de Luisa, o al propio Beni fantaseando negocios como cortar árboles en Entre Ríos, tirarlos al Paraná y recogerlos en Buenos Aires. Sabemos, sí, cómo es la casa de Luisa: «En 1980, Luisa vivía en un departamento que parecía una cajita de zapatos. Si alguien entraba, de una ojeada veía toda la casa, incluso el baño. Era un departamento tan chico y tan simpático, que las visitas de mayor confianza tendían a usar todas las instalaciones para ver si no eran de juguete; iban al baño, se recostaban en la camita que se veía desde el cuadrado de entrada, corrían una mampara siempre semiabierta donde había una cocina muy chica y abrían una alacena que tenía una cortina como de teatro de títeres…».

También «Leonilda» es una variación de personajes y situaciones presentes en títulos conocidos de Uhart (en «Leonor», en «Florinda», o en las sagas sobre inmigrantes y sus descendientes). Leonilda nos cuenta con comedimiento su estremecedora historia: nacida en un pueblo del Chaco, a los 17 años le empieza a arrastrar el ala un polaco; ella consulta a su madre, no sabía si el polaco le gustaba, si debía casarse; la madre le dice «Con el tiempo te entra a gustar», y ella se casa. El polaco no pierde un minuto sin esforzarse, critica a los pobres: «La raza criolla no es buena para el trabajo». Va a tener tres hijos, y el polaco, duro cuando está atravesado, dice que va a tirar esos hijos a los chanchos. Leonilda le agarra bronca cuando lo ve tratar sonriente con otro polaco; le dice: «¿Por qué no sos así en la casa?». Un día el hijo más grande le revela: «Mamá, papá va con una señora». Una polaca o alemana, a quien Leonilda decide encarar: «Yo estoy enterada», le dice, «nosotros somos cinco y usted es una sola. Qué le parece si les llega a faltar el padre». La otra responde: «Yo no prometo nada». Pasa un tiempo ante de confesárselo al marido: «Fui a ver a tu paisana… Nosotros acá como idiotas y el señor de novio». Y concluye: «De acá en más sos el padre de mis hijos y no sos más mi marido». Y de ahí seguimos el derrotero de Leonilda en su mudanza a Buenos Aires, de ella, de sus hijos, de su nuevo novio alcohólico, de los señores en cuyas casas comienza a trabajar. Es seguramente la novela más larga y emocionante del libro.

La tercera novela cuenta historias que Uhart narraba de su propia vida, de su infancia en provincia y de sus primeros tiempos en la capital y en la Facultad de Filosofía, como la anécdota de la chica que la invita a tomar un café, pero no quiso entrar en un bar: «En ése no; ahí hay fantasmas». O de cuando conoce en un bar a una estudiante acompañada por una nena de unos 5 años, a quien presenta así: «Mi hija. Es un poco menos estrábica que Sartre». Es que en las ficciones de Hebe Uhart la realidad está tan presente como la ficción (a través del filtro de su mirada) en sus crónicas y libros de viaje.

Es una gran noticia para el alicaído panorama editorial argentino esta inesperada aparición de tres nouvelles desconocidas de Uhart. Tal como nos cuentan Pía Bouzas y Eduardo Muslip, encargados de la edición, es raro que la autora no haya presentado en vida estas novelas a, digamos, Adriana Hidalgo, que últimamente publicó sus cuentos, novelas y crónicas completos. Pertenecientes a distintos años de escritura, estaban evidentemente revisadas y corregidas, impecablemente, como puede constatar el lector.

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