«El cuarto de Verónica»: nada es lo que parece


Llega a Santa Fe la obra escrita por Ira Levin, creador de «El bebé de Rosemary», un thriller en el que el encuentro entre dos parejas de diferentes edades toma un rumbo inesperado. Estelarizan Silvia Kutika, Fabio Aste, Fernanda Provenzano y Adrián Lázare, con dirección de Virginia Magnago. Antes de la visita, Nosotros conversó con la protagonista para adentrarse en este laberinto psicológico, como así también repasar su intensa actividad en el campo audiovisual.

TEXTOS. Ignacio Andrés Amarillo. FOTOS. Nacho Lunadei y gentileza producción.

Del maestro de suspenso Ira Levin, creador de «El bebé de Rosemary», llega a Santa Fe «El cuarto de Verónica», con la actuación de Silvia Kutika, Fabio Aste, Fernanda Provenzano y Adrián Lázare, con dirección de Virginia Magnago. «Como en el cine pero en teatro, este thriller psicológico mantiene al público inmóvil en esta pieza con éxito en Broadway y en todo el mundo», prometen desde el equipo creativo.

Susan, de 20 años, es abordada mientras cena con su novio en un restaurante por una encantadora pareja de ancianos, que se muestra impresionada por su parecido con Verónica, fallecida hace mucho tiempo. Susan y su novio acompañan a la pareja hasta la mansión para ver el retrato de Verónica y comprobar la semejanza. Solo se puede contar hasta ahí… pero allí comienza esta intrigante pesadilla que mantendrá al público atrapado.

La función será el domingo 25 de septiembre desde las 20, en el Teatro Luz y Fuerza (Junín 2957, Santa Fe); las entradas están a la venta por sistema Ticketway. Adelantándose al desembarco, Nosotros habló con Kutika sobre el desarrollo de esta puesta pero también sus otros proyectos, como la miniserie que compartió con Robert De Niro.

EL ENCUENTRO

-Venís con «El cuarto de Verónica», este thriller escrito por Ira Levin. ¿Cómo salió la propuesta para sumarte (hubo una puesta anterior, pre pandémica) y cómo fue abordar esta historia tan particular?

-En diciembre del 2020 la directora Virginia Magnago me mandó un mensajito: «Mirá, tengo esta obra, queremos retomarla, a ver si te interesa, te la paso». Me la pasó, la empecé a leer y me encantó: no paré de leer ese mismo día. Enseguida la llamé y le dije que era una propuesta que me interesaba muchísimo y que la quería hacer sí o sí.

Así empezó esta aventura con «El cuarto de Verónica», que ya lleva todo el año pasado y este año. Hemos cambiado de sala: arrancamos en La Mueca, después nos vino la propuesta del Paseo La Plaza en la sala Neruda, y ahora estamos en el Metropolitan hace tres o cuatro semanas. Supongo que terminaremos ahí, con alguna giras; y estamos hablando también el tema de Mar del Plata, a ver si hacemos temporada. Así que muy bien.

-Vos no la habías visto, entraste por el texto directamente.

-Entré por el texto (risas), no la había visto. No me acuerdo si en el 75, por ahí, se había hecho esta obra con (Alberto) Argibay, Germán Kraus, Susú Pecoraro y María Vaner: un elencazo. Fabio Aste la fue a ver: era chico, y como le gustaba mucho ir a ver teatro le pidió al papá que lo llevara a ver una obra y la fue a ver. Después él hizo este el personaje de El Chico (son dos jóvenes y dos personas adultas) y ahora está interpretando al adulto: es maravilloso, a Fabio «El cuarto de Verónica» lo va siguiendo (risas), o él sigue a la obra; ya tiene como una historia.

A mí me encantó el texto, creo que el autor no deja nada librado al azar, nada es caprichoso; ninguna frase es así porque sí, no se puede desperdiciar nada. Todo es para trabajar, todo es para entender, todo es para profundizar: es una obra que tiene muchas capas, vas como sacando cada capa y decís: «Bueno, ¿qué más hay acá?», y seguís encontrando cosas para trabajar. Dije: «Sí, está esta es la obra para hacer ahora».

EL MECANISMO

-A vos, te toca probablemente, sino el más complejo, uno de los personajes más complejos de la trama. ¿Cómo te acercaste a esta mujer, que además implica diferentes registros en diferentes momentos de la obra?

-Mi personaje es el que va pergeñando esta cosa macabra, esta especie de juego macabro que tienen tres personajes hacia un cuarto personaje; que van llevándolo a dudar hasta de quién es: de su existencia, de todo lo que le pasó hasta ese momento. Soy una gran lectora y consumidora de policiales, de género suspenso; el misterio me encanta, el terror. Y creo que inevitablemente me quedan muchas imágenes, y siento que esa energía de esas imágenes la quiero transmitir y trabajo para transmitirla: para que el espectador sienta exactamente lo mismo.

Es un personaje que tiene como dos aristas. Hay tres de los personajes que componen a lo largo de la obra a otros personajes, así que es un gran desafío, y es muy divertido a la vez. Es tirarse a una pileta de la mano de una «dire» que la tenía muy clara y que no nos deja corrernos de los registros que alcanzamos. Porque uno a lo mejor se va cebando un poco, y esto tiene que ser muy exacto: es un relojito, donde si uno se corre el resto obviamente se va a correr también. Entonces tenemos a la «dire» que nos quema la cabeza (risas): va a vernos todas las noches que tenemos funciones, y ahí están las apretadas de clavijas para volver a ser el relojito.

-Es un texto que requiere mucha precisión en el ritmo y en la composición de los personajes para que no haya nada de más.

-Claro, corrés ese riesgo: de remarcar algo, y al remarcar te fuiste a algún cliché o alguna cosa medio caricaturesca, que obviamente no estamos buscando. Y eso es a lo mejor el instalarse en algunos silencios; que a veces uno le tiene un poco de temor, sobre todo con las épocas que corremos, a las pausas y los silencios. Pero ahí nuestra «dire» se puso muy firme, que no tuviésemos miedo: hablamos de que esas pausas y esos silencios provocan miradas y unas energías que reciben el espectador; y que ahí empieza a dudar y a decir: «¿A ver qué sucede acá? Acá hay algo que se viene guardando, o que no es lo que parece». Y esto está muy aprovechado.

-Cuando vos decís «los tiempos que corren» te referís a que estamos muy acostumbrados a ciertos ritmos.

-Sí, viste que te mandan un mensaje por WhatsApp, no contestaste a los dos segundos y ya te mandan signo de interrogación; esas cosas: «Esperá, no tengo el teléfono en la mano todo el tiempo». A eso me refiero, sí, sí, a estos tiempos que son tan «ya, tiene que ser ahora, enseguida».

También nos pasó que después de la pandemia lo que se decía era que la gente necesitaba, y lo que se iba a ver, era más bien comedias, o stand up, o unipersonales de género comedia. Fue una apuesta jugada la que hicimos, porque nos fuimos al otro lado. No digo que sea morosa la obra, porque tiene una intensidad que no te deja relajarse y descansar; pero sí se valorizan mucho las pausas y los silencios.

SORTEAR LA COYUNTURA

-¿Cómo fue ensayar y estrenar en enero del 2021, cuando todavía había aforo, protocolos?

-Nos tocó el aforo del 30 por ciento, ver a los espectadores todos con barbijo; nosotros obviamente haciéndonos los test a ver si estábamos positivos. Empezamos los ensayos en una en una terraza de Gargantúa, un lugar maravilloso que gentilmente nos cedió la terraza para que este pudiésemos ensayar. Las primeras lecturas las hicimos con barbijo, los seis que éramos, y en una mesa larguísima, uno en cada punta (risas). Fue muy raro.

Después despacito empezamos a liberar los barbijos, a ensayar en una sala que estaba toda abierta (ventanales, puertas) y siempre testeándonos. En febrero estrenamos, y fue una emoción enorme ver a la gente; porque pensábamos: «Bueno, ¿vendrán, no vendrán, qué pasará ahora con los teatros, con los cines?». Y la gente respondió muy bien, fue mucha emoción verlos sentados ahí en la sala, con sus barbijos y todo, pero respondiendo. Así que fue hermoso.

-Esta puesta arrancó con Antonia Bengoechea en el rol de Susan, La Joven; hoy es Fernanda Provenzano quien ocupa ese lugar. ¿Cómo fue acoplar a una nueva actriz a una puesta en marcha?

-Con muchos ensayos. Ella es una actriz deliciosa, así que antes de ensayar ya se había leído la obra, ya la sabía toda; así que este no fue complicado. Fernanda es una profesional, ahora está nominada para los Premios Hugo, y fue muy natural el acoplarse: no tuvimos que hacer ningún esfuerzo, y espero que ella tampoco (risas). Fue de verdad muy natural: obviamente estábamos de acuerdo en cómo queríamos contar la historia, cada uno con su registro y con su instrumento; fue empezar los ensayos, ir poniéndonos de acuerdo charlando, y fue muy fácil, muy sencillo.

LEGENDARIO

-Este año compartiste rodaje con Robert De Niro en la miniserie «Nada», también con gran elenco nacional. ¿Cómo fue esa experiencia?

-El protagonista es nuestro Beto Brandoni, maravilloso compañero. Fue rarísimo verlo a De Niro acá; yo lo miraba y me acordaba de las cosas que había visto, los laburos y todo, y decía: «Este monstruito hasta acá, haciendo esta serie, qué buenísimo». Era con técnica argentina, el resto del elenco argentino, salvo una actriz paraguaya. Nos permite que esta serie se conozca en todo el mundo, gracias a él. Fue compartir con un recontra profesional: el tipo estaba ahí cuando tenía que estar, a las 6 de la mañana, 5 de la mañana o 7, y se quedaba hasta que se terminaban las jornadas, con muy buen humor, mucha predisposición. Es ya conocido de Beto, tienen cierta amistad; entonces se hizo todo mucho más relajado. Fue una experiencia única, ahora lo pienso y digo: «Upa, ay, trabajé con De Niro, ¡madre santa!» (risas). Me sigue sorprendiendo, todavía no caí mucho. Y con Beto, que lo admiro un montonazo: es un compañero generoso, muy divertido: tiene unas salidas, un humor, es muy irónico. Entonces las grabaciones se hicieron muy placenteras.

-¿Se puede contar más o menos de por dónde va la serie?

-Sí, claro. Beto Brandoni es un crítico gastronómico que lo único que sabe es eso; el resto de la vida no la entiende: no sabe hacer un trámite, tomar un transporte, hacerse la cama. Tiene a una persona en su casa que le hace todo, le maneja la plata, le saca del cajero. Resulta que esa persona fallece, y se ve en serios problemas porque no tiene la menor idea de cómo se vive. Hasta que aparece una joven que va a trabajar a la casa, y ahí hay es un intercambio de vidas: el personaje de Beto empieza a humanizarse; esta joven (mucho más joven que él) le empieza a enseñar, y empiezan a entablar una amistad amorosa.

Mi personaje es de ex pareja de Beto, quedan íntimos amigos. Tiene un grupo de amigos que cuando empieza a complicarse la cosa están con él, acompañándolo y tratando de que pueda sobrevivir de la mejor manera. Ahí estoy yo también para tirarle un poco las orejas, a veces mi personaje lo reta, le dice «no, ¿cómo vas a estar así? Cambiate, tenés que hacer esto, aquello». Lo que hacen los amigos: apoyar al amigo que está en problemas.

Después se ven con De Niro: estos personajes ya se habían conocido, y el final no lo puedo contar (risas).

MÁS PANTALLAS

-También trabajaste para las series «Noche de hotel», una serie nacional, y «Tierra incógnita», que es un proyecto para Disney.

-Lo de «Tierra incógnita» lo grabamos el año pasado, las dos temporadas, y se estrenó ahora, creo que el 8 de septiembre. A fines del año pasado también hice una participación en la primera película que dirigió Julio Chávez con Marilú Marini, que justo se estrenó esta semana. Esos proyectos ya están saliendo, ya están naciendo esos bebés.

Participé también este año de la serie «Bimbo», también está por estrenarse la primera temporada (yo estuve en la segunda). Y estoy ahora estoy participando de la segunda parte de ATAV («Argentina, tierra de amor y venganza»), la novela de Polka de época. Estoy haciendo el personaje de la China Suárez pasados los años, de La Polaca; así que ahí estoy en plenas grabaciones.

-¿Cuándo se estrenará eso?

-Calculo que se va a estrenar el año que viene; en principio creo que se había dicho que iba a ser para fines de este año. La miniserie «Nada» también era para el año que viene.

-¿Hay algún otro proyecto en vista?

-Sí, además de seguir con el teatro, con gira. Estamos viendo esta semana seguramente cerrar Mar del Plata, que era la idea. Y después descansar un poco, porque se vino como muy movedizo por suerte el recomienzo después de la pandemia; gracias a Dios con muchísimo trabajo, muy contentos. Y disfrutar porque fuimos abuelos (con Luis Luque), del primer nieto, así que te la encargo (risas); queremos disfrutar del nietito ahora.

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