El jazz santafesino: actores, espacios e identidad


Santa Fe es una referencia ineludible a nivel nacional si hablamos de este género musical. Esto no es producto de la casualidad sino de la intervención de condiciones históricas, políticas, sociales y culturales que hacen de la ciudad un escenario propicio para que la propuesta jazzera germine.

 Textos. Lic. en Sociología Pablo Bolzico (FHUC, UNL).

Desde el punto de vista de la Sociología, los debates sobre el arte pueden aportar herramientas para entender la complejidad de los procesos de producción de las obras, de los públicos, de las instituciones y todo el complejo mundo que rodea a las disciplinas artísticas. Las líneas de investigación son infinitas y están abiertas a los más diversos intereses y objetivos: van desde los artistas y las instituciones artísticas a las obras, pasando por los procesos sociales, económicos y políticos que los atraviesan. Asimismo, se interesa por el mercado del arte y el Estado como productor de políticas culturales. Del mismo modo, los públicos y la recepción de arte se incluyen como elementos de análisis para esta rama de las Ciencias Sociales.

EL ROL DE LA MÚSICA

Si comparamos con las artes plásticas, la fotografía o la literatura, la música ha recibido menos atención por parte de los sociólogos, quizás por su carácter más abstracto y esotérico. Sin embargo, el estudio de las prácticas sociales relacionadas con las actividades musicales en las culturas contemporáneas puede decirnos -y mucho- acerca de cómo estas funcionan y se estructuran. Al fin de cuentas, los grupos se valen de hechos culturales para marcar sus fronteras, y las prácticas musicales asumen frecuentemente esta función.  

Una de las preguntas habituales de los sociólogos interesados en la temática refiere al rol que la música ocupa en la construcción de la identidad de las personas y sus comunidades. De modo similar, los investigadores se preguntan cómo y de qué manera está práctica social puede contribuir a la generación de lazos de identificación en los distintos grupos. Dada la complejidad del fenómeno, la respuesta a estos interrogantes no puede ser unívoca y definitiva, sino que debe atender a múltiples causas que afectan de manera diferente según el caso concreto.

LA ESCENA LOCAL

A modo de ejemplo, la ciudad de Santa Fe se ha convertido en una referencia ineludible a nivel nacional si hablamos de jazz. Y eso no ha sido producto de la casualidad o un efecto divino de la providencia. Por el contrario, para que esto suceda han intervenido diversos factores que se relacionan directamente con las condiciones históricas, políticas, sociales y culturales que hacen de este punto geográfico un escenario propicio para que la propuesta jazzera germine.

Al respecto, podemos afirmar que la escena local de jazz no hubiera sido posible sin la existencia de un complejo entramado institucional que obró de base material para su crecimiento. En tal sentido, la ciudad cuenta con «espacios formales» especializados en la enseñanza musical, que proponen una formación más bien tradicional, al «estilo del conservatorio». El Liceo Municipal, la Escuela Provincial de Música N° 9901 (también conocida como Orquesta de Niños y Jóvenes), el CREI y el Instituto Superior de Música de la UNL, son instituciones de carácter estatal, público y gratuito, que bien resumen parte del patrimonio musical santafesino. Al mismo tiempo, existen teatros centenarios, foros culturales y centros artísticos (lindantes entre lo público y lo privado), que hacen posible las presentaciones en vivo, tomando en consideración la magnitud de público y el carácter de la propuesta musical.

En lo que respecta al jazz santafesino, aparecen otros espacios, «informales», que han contribuido a su consolidación. Por una parte, con la apertura en el año 2011 de «El Taller Casa de Arte» y su ciclo «Jam de los miércoles», pudo cristalizarse la experiencia estable y continuada de las jam sessions, que -al igual que la peña, la «guitarreada», el sarau y las Casa de la Trova-, revisten especial importancia como instancia de reconocimiento mutuo entre los músicos. Por otro lado, la fructífera experiencia musical derivada de la emblemática Santa Fe Jazz Ensamble, conocida popularmente como el Ensamblin, derivó en un verdadero semillero del jazz, donde confluyen músicos de distintas generaciones para aprender y difundir los conceptos básicos del género, como así también interiorizar un repertorio común de temas sobre los cuales se sustenta la «afiliación» con los demás participantes. Por último, de la mano de la Asociación Civil «Amigos de Jazz Ensamble», se han establecido dos eventos de importante convocatoria: el Festival de Jazz de Santa y Trombonanza, ocasión ideal para el intercambio de prácticas y saberes entre los artistas locales y foráneos. 

LOS MÚSICOS

Vistas estas condiciones materiales favorables, resta saber quiénes son los actores principales de ese proceso. Esta pregunta, inevitablemente sociológica, está destinada a los músicos, y especialmente, a comprender el significado y el sentido que los mismos le dan al hecho de «tocar jazz». Así las cosas, en ocasión de mí tesis de licenciatura, me interesé por averiguar cómo los jazzeros locales articulaban sus prácticas personales y profesionales en su intento por «vivir de la música», es decir, por hacer de la actividad musical su medio de vida. 

En ese camino, me encontré con estrategias laborales muy diversas, que combinaban muchas veces empleos estables y formales vs. trabajos precarios e inestables. No obstante, en unos y otros casos, la proyección laboral estaba íntimamente ligada a su participación activa dentro de la escena local de jazz. Parecía existir entre estos músicos un acuerdo sobre la importancia de dar continuidad a la propuesta jazzística de Santa Fe, incluso cuando esta decisión simulaba ir a contramarcha de toda lógica económica y laboral. 

Como resultado de la investigación, pude comprender que las relaciones que los músicos habían construido como producto de su socialización en los espacios «informales» afines al jazz, habían impactado más allá de su conocimiento musical. Gracias a esa sociabilización, los artistas habían adquirido un discurso común, una «cultura de oficio», que les servía como pautas de conducta frente al ejercicio de la música. Del mismo modo, esa sociabilización había operado en la identificación de los participantes como «colegas», independientemente de la situación personal y profesional de cada uno. En pocas palabras, los jazzeros habían interiorizado una identidad profesional compartida, una visión común respecto del quehacer del músico, que tenía al jazz como elemento diferenciador.

Con lo expuesto, sugiero que la música, o mejor dicho, el ejercicio de una práctica musical compartida, contribuye a reforzar los lazos de identificación de los participantes, dotándolos de nuevos recursos que les sirven al momento de construir su propia identidad. En el caso analizado, la identidad se halla ligada a una carrera profesional y a las pautas y rituales que los miembros del grupo establecen como requisitos de ingreso y permanencia. 

Cabe señalar que cuando este proceso de construcción identitaria se da de manera positiva, es decir, cuando los individuos internalizan como propios los valores de ese colectivo, se produce un «efecto expansivo»: al acrecentarse el compromiso afectivo con el proyecto general, el nuevo miembro colabora para que ese proyecto tenga mayor continuidad y crecimiento, aunque eso no signifique en lo inmediato una salvaguarda económica o laboral a nivel personal. Lo dicho implica un compromiso real por parte de los sujetos, pero también la puesta en juego de sus propios recursos (materiales, simbólicos y relacionales) para lograr ese cometido. Como es habitual en las prácticas culturales, el éxito del proyecto no siempre va acompañado de un beneficio económico.

El caso de los músicos de jazz santafesinos sirve para pensar también otras experiencias colectivas que tienen a la música, y demás expresiones artísticas, como protagonistas. En definitiva, este tipo de investigación puede ser una buena excusa para observar de qué manera las personas, reunidas en torno a convicciones e intereses compartidos, logran articular estrategias y formas de organización que contribuyen a disminuir los efectos negativos sobre la «identidad» y el «trabajo» provocados por los procesos de individuación y fragmentación social propios de las sociedades contemporáneas. 

Las fotos que ilustran la nota pertenecen a la muestra “Almeida-Bruschini: una mirada sobre el jazz” (José Almeida y Héctor Bruschini, 2012).

Previo EDICIÓN IMPRESA 28-11-2020
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