El Litoral cumplió 103 de años de historia


Con motivo del aniversario del diario compartimos la génesis y el desarrollo que reflejan los primeros años de crecimiento y organización de un trabajo periodístico. Entendiendo que todo producto de la acción del trabajo, una vez finalizado, presupone la labor ordenada y orgánica en la que muchos hombres y mujeres se ven implicados. El periodismo es un claro ejemplo de esta dinámica y la piedra basal de toda la historia de El Litoral.

TEXTOS. Mariano Rinaldi. FOTOS. Archivo El Litoral.

El origen tuvo como escenario de acción un viejo caserón entre las calles Juan de Garay y Corrientes. En aquel edificio, propiedad del vecino Don Francisco Iturraspe Rodríguez, dio sus primeros pasos El Litoral. Desandando el camino de la opinión pública y la libertad de expresión, promocionando los ideales del progreso y el anhelo por el mejoramiento individual y colectivo en el plano educativo, intelectual y cultural de todos los santafesinos.

A comienzos de los años ’30 el diario se mudó, siguiendo su derrotero sobre calle San Martín, a otra añosa casa entre las calles Rioja y Catamarca, a media cuadra de la Basílica de Nuestra Señora del Carmen. En los años ’40 El Litoral dio un enorme salto empresarial y tecnológico en su breve historia. Construyó en ese predio un edificio moderno pensado para alojar a un diario en desarrollo, que llegó a constituirse en un hito referencial de la principal arteria de la ciudad. Por un lado, las oficinas de redacción y administración, con mucha luz y aire, doble sistema de escaleras y ascensor con una amplitud necesaria que acompañó el creciente desarrollo de las actividades periodísticas. Por otro lado, el taller de impresión, en donde se instaló una enorme máquina Marinoni de origen francés, compuesta por dos rotativas superpuestas y doble boca de salida de ejemplares.

CÓMO SE «HACÍA» EL DIARIO

A mediados del siglo XX la organización del diario se centraba en tres departamentos claramente diferenciados: administración, redacción y talleres, con sus respectivas secciones.

Por aquellos años, el camino de una noticia comenzaba con los servicios de la agencia United Press International (UPI) que El Litoral contrataba para recibir informativos nacionales e internacionales. Por medio del sistema de «teletipos» el diario recibía constantemente las distintas noticias internacionales desde Nueva York. En la sección Cables y Telegramas se corregía, ordenaba y seleccionaba el material a publicar previa revisión de parte de los directivos.

De manera telefónica se recibían las noticias nacionales y las locales requerían de los contactos que El Litoral mantenía con los distintos sectores de la actividad santafesina para dar de forma inmediata la información certera. El periodista, quien ha hecho de este trabajo su medio de vida, debe ser sensible a los sucesos generales y disponer el comentario justo y razonable. Una vez que la crónica recibe el visto bueno del jefe de redacción, pasa al taller.

He aquí una parte del diario en donde la tarea se ajustaba a la acción de las máquinas para transformar materialmente lo producido en la redacción y la sección publicidad de la administración. Las secciones del taller eran: linotipia, tipografía, estereotipia, fotograbado e impresión.

EL MÍTICO TALLER DE IMPRESIÓN

En primer lugar, la noticia llegaba al taller para la tarea de composición en las máquinas denominadas linotipos (en esos años se contaba con 12 linotipos). Eran impulsadas eléctricamente y operadas por un obrero calificado llamado linotipista, que iba componiendo las líneas del material que eran de inmediato fundidas en plomo, en la misma linotipo, para de esta manera ir conformando línea por línea lo que luego eran las columnas del diario.

Otra parte del material, como los avisos publicitarios y los titulares, se componían de manera manual con tipos móviles en la sección tipografía con la intervención de los obreros calificados conocidos como tipógrafos.

Una vez compuesto el material o el «original» iba hacia la sección armado, pudiendo diagramarse de forma previa (en base a una página modelo) según la noticia y la comunicación con la redacción. Otra de las maneras de encarar el armado era que un miembro de la redacción se encuentre en el taller y se encargue de proceder a la distribución de las noticias en la página según criterios especiales y dando una organización específica según el espacio. Muchas veces ciertas noticias quedaban relegadas a ediciones posteriores debido a la urgencia de una primicia.

Una vez armada la página el tipógrafo, encargado de esta tarea, la revisaba detalladamente, muchas veces se recurría a tener una reproducción o la llamada «prueba de página» para efectuar una minuciosa revisión.

En cuanto al fotograbado para la presentación de fotografías y dibujos, se utilizaban las máquinas alemanas llamadas «Klischograph» que elaboraban los grabados sobre una chapa metálica de aquellas fotografías.

Esta página que había quedado lista en la sección de armado era transportada para ser matrizada. Esta operación consistía en reproducir mediante la acción de una prensa mecánica especial la imagen directa de la página que estaba en plomo en un cartón especial. Aquí el operador debía tener en cuenta que no haya virutas de plomo y que los grabados estén perfectamente alineados y en su lugar.

Ya lista la matriz de cartón, se la sometía a un tratamiento manual que permitía mejorar ciertos detalles, se cortaban los extremos del cartón para que coincida con las medidas de la rotativa. Ese cartón se colocaba en un horno que permitía secarlo y luego se distribuía el plomo fundido desde un crisol para tener la reproducción exacta en imagen invertida. Esta matriz de plomo era curva, ajustándose a los rodillos de la rotativa impresora. Se necesitaban cuatro matrices de plomo idénticas por cada página. En esos años el diario tenía 12 páginas, o sea que eran fundidas 48 matrices de plomo. Posteriormente se pulía esa matriz antes de ser enviada a la impresión y con ello el final del recorrido hacia expedición y circulación.

Desde el archivo de El Litoral les compartimos fotografías de todas estas secciones que marcaron a fuego el desarrollo de la empresa y que supieron entregar en largas jornadas de trabajo, día tras día, el diario vespertino para los santafesinos.

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