El Litoral, testigo de los festejos de la gesta patriótica de Mayo


El 25 de mayo de 1960 los argentinos recordaban los 150 años de la gesta patriótica de 1810. El diario El Litoral, en una especial edición vespertina de tres secciones, reunió a escritores, pensadores y profesionales santafesinos. Allí estos dejaron sentadas ciertas expectativas para el futuro y balances sobre el pasado. Ahora bien ¿Cómo deseaban los santafesinos construir un futuro en común? ¿Cómo interpretaban el pasado de nuestro país? 

Textos. Mariano Rinaldi. Foto. Archivo El Litoral.

Para mediados del siglo XX el mundo atravesaba una reorganización en sus prácticas políticas y económicas. La posguerra había quedado atrás para los países centrales, pero sus efectos estaban latentes en muchas naciones que habían sido colonias de los estados europeos o periféricas en sus relaciones comerciales. 

La Argentina de fines de los años cincuenta sintonizaba con muchas de estas problemáticas mundiales. Sin embargo, tenía sus propios temores y atravesaba andariveles que solo pueden ser comprendidos a través de su identidad y cultura política. ¿Qué caminos debía tomar el país en 1960? En parte, la celebración por los 150 años de la gesta patriótica guiaba una posible respuesta a este interrogante. 

El debate para consensuar una agenda de Estado estaba dominado por aristas que atravesaban la escena pública. Alguna de estas ideas-fuerza era la posible ligazón entre: un país agrario e industrial, la función relativa del Estado y la iniciativa privada en el desarrollo económico, el rol del capital extranjero y el abastecimiento energético. Arturo Frondizi, líder de la UCR y representante político de una conjunción de ideas progresistas, era el presidente de la Republica por esos años, luego del golpe militar que la Revolución Libertadora había llevado adelante en 1955. El presidente, elegido en las elecciones de 1958, llegó al poder con el visto bueno de Perón, que estaba exiliado en Madrid, y con un peronismo proscripto. A esto se sumaba la presión política de un actor militar resguardado en la Doctrina de Seguridad Nacional y erigido como el «guardián de la Patria».    

El reconocido historiador e intelectual argentino Carlos Altamirano afirma que por sobre todos estos temas de agenda existía uno que se jerarquizaba sobre todos ellos: el articular una posible relación entre emancipar a las masas trabajadoras teniendo en cuenta un modelo económico sensible a sus aspiraciones. 

La editorial de El Litoral, en medio de los festejos patrios de 1960, tenía como título: «A la conquista del futuro» y afirmaba: «Si echamos una mirada serena a nuestra realidad nacional, en estos 150 años, ella nos dará motivos para el optimismo como para el pesimismo. Es una realidad contradictoria y como tal rica para las más variadas sugerencias. Pero es una realidad que conviene abarcar en su totalidad». 

En 1960, buena parte de los pensadores argentinos denominados «desarrollistas» compartían un mismo espíritu generalizado: «El cambio que la Argentina necesitaba no sobrevendría por evolución económica espontanea». Es decir, la edificación de una estructura económica integrada y moderna debía ser promovida por las diversas fuerzas sociales que la componían. La expectativa que se deseaba cumplir era la construcción, a partir de una matriz integradora, que evitara los antagonismo políticos y sociales, un país sin regiones privilegiadas, sino interconectadas y con cierto grado de autonomía. 

Decía El Litoral en aquellas páginas: «Desde 1810 hasta hoy (1960) el país ha progresado. Pero este dato no es más que el esqueleto, no es el cuerpo todo (…) progreso en la producción, en la industria y el comercio, que es caudal de riqueza, pero riqueza distribuida de tal modo que hablamos de regiones y ricas y pobres, como también los hay sectores sociales ricos y pobres».  

La necesidad de consolidar un proyecto de país integral era el mayor desafío de los argentinos para 1960. El siglo y medio de existencia como país abría una oportunidad que muchos de aquellos estadistas y pensadores veían como un horizonte de futuro, cargado de expectativas, pero también provisto de nuevas miradas sobre el pasado. La necesidad de frontera frente a lo deseado y lo no deseado. Sin embargo, admitir los aspectos positivos de ese pasado reciente era la tarea más ardua que tenía ese requisito de asimilación y para la cual fueron propuestos diversos caminos con distintos actores sociales que disputaron en un mismo espacio político y cultural el hecho de pensar una posible y futura experiencia y participación política para reunirla con una nueva forma. 

Finalizando aquella editorial, El Litoral decía: «El país será lo que quiere ser. Cultivar un ideal de grandeza es ya empezar a sentirse grande. Pero inclusive la grandeza económica no se concibe sin una pareja altura espiritual. Si no es armoniosa e integrada, la grandeza es monstruosidad, o grandeza aparente». 

Desde el archivo de El Litoral los invitamos a ver la tapa de aquella edición que fuera especialmente escrita en medio de los festejos que conmemoraban los 150 años de la gesta patriótica de Mayo. 

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