El paso de Gardel por Santa Fe


Recordamos aquel día en que el cantante visitó y actuó en nuestra ciudad en el mítico Cine Belgrano.

TEXTOS. Mariano Rinaldi. FOTOS. Archivo El Litoral.

En el mundo del espectáculo rioplatense, el dúo musical Gardel-Razzano fue uno de los grandes éxitos a fines de la década del ’10 y principios de los años ’20.

En 1927, la visita de Carlos Gardel es una de las más grandes anécdotas urbanas de nuestra ciudad, su paso y estadía durante tres días en Santa Fe estuvieron marcados por una alta concurrencia del público que lo conocía por haber adquirido sus primeros discos en las tiendas locales del centro comercial. 

El reconocimiento y la madurez musical del dúo comenzó en 1914, cuando empezaron a presentarse regularmente en el prestigioso cabaret «Armenonville», en Buenos Aires.

Pero toda historia tiene su origen. En el caso del dúo Gardel-Razzano, este está profundamente asociado a los viajes que entre los años 1912 y 1913 realizaron por el interior del país, probando suerte en los parajes de la pampa argentina, floreciente bajo los auspicios de un exitoso modelo agro-exportador.

En ese momento el repertorio de estos músicos estaba compuesto mayoritariamente por canciones camperas. Gardel comenzó su carrera siendo el típico cantautor criollo de payadas y milongas pampeanas. En 1912 Gardel (o Gardes, como era su apellido original) acompañándose con guitarra, en un estilo muy simple, había grabado para el sello Columbia, por iniciativa de la Casa Tagini, una conocida tienda de Buenos Aires sobre la Avenida de Mayo. Razzano, por su parte, ya había grabado algunos discos para el sello Victor.

El historiador Simon Collier (1938-2003) investigador y especialista en los orígenes del tango rioplatense afirma que uno de esos primeros viajes por el interior del país lo protagoniza el dúo Carlos Gardel-Francisco Martino. Empezaron en Chivilcoy, al oeste de la Capital, y recorrieron los pueblos de la línea del Ferrocarril Oeste. Razzano, que no perdía contacto con sus colegas itinerantes, les propuso un cuarteto a Gardel-Martino e invitó al musico cuyano Saúl «Vivora» Salinas (apodo ganado por la agudeza de su mirada).

El cuarteto emprendió una gira artística, fundacional para cada uno de ellos, por el interior de la provincia de Buenos Aires, siguiendo las estaciones del ferrocarril y dando su show ciudad por ciudad. Salinas enseñó a sus compañeros a cantar armónicamente en el estilo «doble dúo». Razzano y Martino cantaban una parte, Gardel y Salinas, la otra.

A medida que la gira se extendía, algunos de sus integrantes se volvían a Buenos Aires; primero Martino y luego Salinas. El dúo Gardel-Razzano continuaba su campaña pampeana como podía, cada vez con menos entusiasmo. La gira entró en su etapa final, recibían poco o ningún dinero, en un par de municipios los propietarios de los cines les negaron permiso para cantar. Al final, en cuanto juntaron dinero suficiente para pagar el pasaje en tren, los dos hombres emprendieron un desconsolado regreso a la gran ciudad.

Simon Collier cuenta que tiempo después, Francisco Taurel, un individuo próspero aficionado a las juergas nocturnas, estaba organizando una velada con algunos amigos y pidió a Razzano que cantara para ellos. Este explicó que tenía un amigo que quizá también tuviera interés en participar y se dirigió inmediatamente al Abasto. Ni Gardel, ni Razzano tenían guitarra en ese tiempo, habían empeñado los instrumentos después de la funesta gira por el interior. Sin embargo, sería una noche memorable. Se presentaron en la elegante Confitería Perú de la Avenida de Mayo, para descubrir que no sólo debían actuar para Taurel, sino para un senador de la República, Pedro Carrera; el jefe de policía de la provincia de Buenos Aires, Cristino Benavides; y un respetable caballero chileno, Osmán Pérez Freire. El dúo instantáneamente reconstituido se esmeró en su actuación ante esta distinguida concurrencia. Después de unas copas y mucho después de la medianoche, Taurel decidió completar la velada con una visita al cabaret Armenonville. Se trataba de un elegante local nocturno porteño en la Avenida Alvear. Los propietarios del lugar ante ese tumulto, pidieron hablar con Razzano. Ofrecieron al dúo un contrato para actuar en el cabaret por una tarifa de 70 pesos. Allí los músicos tocaron su repertorio dando comienzo a la historia y consagración de nuestro ídolo popular Carlos Gardel.

Años después, en 1917, Gardel y Razzano se convirtieron en los primeros intérpretes del tango con la canción «Mi noche triste». A partir de entonces, empezaron a incluir ese ritmo del dos por cuatro en su repertorio. La aparición de los discos de Gardel- Razzano marca el inicio de la demanda creciente de estas reproducciones y la posterior contratación de otros intérpretes de la música y la canción populares así como el florecimiento de esta industria.

SU PASO POR SANTA FE

Cuando el dúo se separó en 1925, Carlos Gardel ya era popular en Latinoamérica, España y Francia. Sin embargo, 1927, el año que visitó Santa Fe, fue su momento de consagración internacional, cosechando enorme éxito especialmente en París. En el cine Belgrano de nuestra ciudad dio un repertorio de seis canciones por cada actuación y estuvo acompañado por los guitarristas Ricardo y Barbieri. Los estilos fueron predominantemente tango, chacarera, tonadas y shimmys. Las películas que se rodaron ese día, antes de la actuación de Gardel fueron dos comedias y un drama: «Los grandes deciden» de O’hara, «Esclava del pasado» con Swanson y «El Colmero» por Frazer. 

Por aquellos años la ciudad contaba con sus primeras salas de cine: Dore, Belgrano, Mayo, Esperancino, Colón, Empire y Avenida. En las páginas de diario El Litoral, se lo presentaba como «el cantor folclórico, integrante del dúo Gardel-Razzano» y con una queja del público por la tardanza de su presentación. Además, por haberle pedido un insistente «bis» al final de la actuación sin ninguna satisfacción para los santafesinos reunidos en el cine Belgrano.

Carlos Gardel fue contratado en 1931 y 1932 por el estudio de cine Paramount para protagonizar cuatro películas rodadas en la ciudad de Joinville, Francia. Entre 1934 y 1935 conquistó el mercado de los Estados Unidos, de la mano de la Paramount americana. Allí grabó varios discos, cantó en la mítica radio NBC de Nueva York y protagonizó cinco películas musicales de gran éxito que extendieron aún más su fama.

Gardel falleció el 24 de junio de 1935, en el auge de su carrera, como consecuencia de un desastre aéreo ocurrido en la ciudad colombiana de Medellín durante una gira latinoamericana. Por esos años el país atravesaba una crisis política, el presidente General Agustín P. Justo y miembro del partido de la Concordancia Argentina (coalición de gobierno integrada por conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas independientes) estaba en jaque por su gestión, los sucesos de corrupción que comprometía a un creciente número de funcionarios de su gobierno era la noticia del momento. El senador santafesino Lisandro de la Torre y sus denuncias contra el frigorífico Anglo y los ministros de Agricultura, Luis Duhau, y de Hacienda, Federico Pinedo, ocupaban las primeras planas de los diarios. Luego el panorama fue recrudecido por el asesinato del senador Enzo Bordabehere en pleno Congreso Nacional. Bajo este contexto político, el entierro de Carlos Gardel en nuestro país era la noticia necesaria para descomprimir los sucesos de corrupción y asesinato en la denominada «década infame».

El cuerpo de Carlos Gardel fue llevado a Panamá y de allí a Nueva York a donde arribó el 6 de enero de 1936 y fue velado durante una semana en una funeraria del «Barrio Latino» a la que concurrieron cientos de admiradores locales. De allí partió haciendo escala en Río de Janeiro y Montevideo donde también se le rindieron sentidos homenajes. Finalmente llegó a Buenos Aires el 5 de febrero de 1936. Tanto el velatorio, que tuvo lugar en el Luna Park, como el entierro fue el más multitudinario de la historia argentina.

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