El Paso… Del amor al arte


Un mural de 10 metros realizado por 25 niños y coordinado por Gabriela Garrote se convierte en testimonio de la pandemia y de cómo los chicos con sus dibujos pudieron atravesarla.

Textos. Marina Zavala. Fotos. Pablo Aguirre y gentileza.

El arte siempre surge como una necesidad de expresar, de salir, de sacar afuera… A veces se manifiesta de manera silenciosa y solitaria, pero otras toma muchas voces y logra volverse un acto colectivo.

Con esas ganas de decir y muchos deseos de vincularse -en plena pandemia- 25 niños de El Paso crearon un mural de 10 metros de ancho por 4 de alto en una pared de su propio barrio. Allí se autorretrataron y dejaron su manifiesto para siempre.

El proyecto, que se inició en diciembre pasado y se inauguró esta semana con la presencia de los niños y sus familias, fue gestionado por la artista plástica Gabriela Garrote. Con ella charlamos y conocimos un poco más del origen, la realización y de lo que significó esta propuesta.

UN TALLER AL AIRE LIBRE

«El Paso… Del amor al arte», como se titula el mural, nació de pensar cómo continuar trabajando con los niños su costado artístico en pandemia, con los cuidados necesarios y respetando protocolos, pero también atendiendo a la necesidad que tenían de disfrutar de su libertad y expresarse.

Gabriela recuerda que al principio las madres reclamaban sus clases de arte para chicos pero ella no se animaba a retomar la iniciativa por las restricciones y los cuidados necesarios en medio de la situación sanitaria actual. «Se me ocurrió entonces la idea de hacer un taller al aire libre todas las mañanas y pensé la posibilidad de utilizar una pared de mi casa que está muy visible a la calle para hacer un mural todos juntos», relata.

Así se fueron sumando chicos y el grupo llegó a sumar 26 pequeños artistas de entre 3 y 13 años que se autorretrataron de manera totalmente libre: con barbijos, con el pelo de diferente colores, con la camiseta de Colón, con las banderas de Unión.

Gabriela explica que de alguna manera este mural está integrado a otros que ha hecho en otras latitudes y lugares: «Desde hace 11 años trabajo en Alto Verde donde hicimos el mural ‘El milagro de los peces’. La comunidad de La Boca es muy cercana a la capilla San Alonso Rodríguez, que pertenece a la comunidad de los padres jesuitas. El párroco nos cedió parte de una pared donde los niños en entera libertad pintaron una obra muy linda. Y unos años antes tuve la oportunidad de estar unas cuantas semanas en Etiopía, en una de las tantas aldeas donde estuve, en un poblado que se llama Moketurri, pintamos un mural que se llamó ‘Las riquezas de Moketurri’. Los 350 niños del jardín, la comunidad educativa, las madres, todos pasaron por el mural dejando su impronta personal como un testimonio de que entre todos el arte colectivo es posible».

EL PROCESO CREATIVO

La concreción del mural implicó un proceso en el que, en primer lugar, Gabriela dibujó con tizas de colores el contorno del cuerpo de los chicos sobre la pared rosa (el tono de su casa). Luego cada niño marcó el limite de su figura con marrón o negro. A partir de ahí cada uno trabajó con entera libertad los colores. «El único color que todos tuvimos en común fue el azul de fondo, lo elegimos porque quisimos hacer los diferentes momentos del día, por eso en el mismo dibujo hay un sol y una luna», cuenta la artista plástica.

«Cada uno se autorretrató -agrega- y puso su nombre. Posteriormente los invité a que vayan observando las características de la flora y la fauna del lugar donde vivimos, así que enseguida colmaron el mural de cotorras, iguanas, teros, caranchos, cardenales, palomas, perros, gatos, comadrejas y también de las flores que ven acá en El Paso».

Al final, a modo de collage, los niños fueron incorporando trozos de espejos al trabajo de tal manera que a la puesta del sol -que da hacia el mural- el rojizo del atardecer se refleja en la pared con destellos de luz naranja. Así, azules y naranjas logran una perfecta armonía complementaria.

ALGO QUE CONTAR

«¿Qué cuenta nuestro mural? Cuenta que en pandemia el arte es posible», destaca la gestora del proyecto.

«Estos niños -agrega- que fueron privados de la escolaridad, de alguna manera se sintieron escolarizados. Venían una vez por semana, con la mochila en la que traían su botella de agua, unas golosinas, su barbijo y alcohol en gel; mantenían la prudencia de la distancia. Y así se dieron cuenta de que era posible que 26 personas trabajen juntas en 10 metros lineales, manifestándose con lo mejor que tienen: la creatividad sin prejuicios, sin tapujos, porque el niño tiene una manera de expresarse mucho más libre que un adulto».

De esto también surge el nombre elegido para el mural, de un juego de palabras entre el nombre del barrio y el amor puesto en una obra de arte maravillosa y colectiva. «Felizmente -finaliza Gabriela- no puse mi mano personal en nada. Cada uno de los niños se expresó con total libertad y es una obra enteramente hecha por ellos. Este fue un paso que dieron con amor, porque en un momento difícil se animaron a involucrarse con el arte de manera colectiva».

/// SOBRE EL MURALISMO

Pintar un mural no es pintar una pared. Este siempre tiene que tener un mensaje didáctico y moralizante, tiene que dejar una enseñanza. Su mensaje debe ser claro porque la gente transita en la ciudad y a veces se puede detener a mirarlo pero generalmente no lo hace. Por eso también tiene que tener dimensiones acordes y, lógicamente, hablar de la vida del hombre y las cosas que le pasan al hombre.

De alguna manera el ejemplo de todo esto está en la historia del muralismo, empezando por el arte primitivo, donde el hombre pintaba en las paredes de las cavernas bisontes, jabalíes, mamuts y hombres cazando porque de alguna manera era el su deseo que eso sucediera. Con el transcurrir del tiempo distintas culturas fueron ilustrando la vida de las personas que atravesaron esas civilizaciones y contándonos la historia a través de esos murales.

Y por último, lo que más conmovió el mundo de las artes visuales, el movimiento muralista mexicano encabezado por los grandes maestros David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Diego Rivera, Rufino Tamayo y tantos otros. También Matta en Chile; Berni, Spilimbergo, Alonso y Roux en Argentina. En Santa Fe, el maestro César López Claro. Y tantos grandes que nos ha dado el arte nacional, regional y latinoamericano. Cada uno de estos artistas supo marcar a través de sus pinturas la historia del pueblo y la lucha por sus derechos.

Gabriela Garrote

/// PATRIMONIO

«Estos niños -cuenta Gabriela Garrote- traían a sus amigos, sus primos, sus padres y les mostraban el mural. Con la inauguración que hicimos quise de alguna manera cerrar este capítulo. Quiero que la gente del barrio valore que hoy hay una obra de arte que forma parte del patrimonio artístico y natural de El Paso, que va a quedar mientras la obra siga en pie. De alguna manera este mural también va a contar la historia de la pandemia y de cómo los chicos con arte supieron atravesarla».

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