El placard ideal: mientras más simple, mejor


A la hora de diseñar un vestidor a medida se debe tener en cuenta las necesidades de cada persona, siempre atendiendo a la lógica el sentido común.
Textos. Nadia Novillo.

Uno de los principales objetivos del servicio que brindo como organizadora de espacios es optimizar los lugares de guardado intentado encontrar el perfecto equilibrio entre estética y funcionalidad.


Es fundamental que todo sistema de organización y todos los nuevos criterios de orden que se implementen en un mueble o ambiente resulten cómodos, prácticos, eficientes y funcionales, si no dejan de ser viables. La finalidad es facilitarnos y simplificarnos el día a día y no sumar complicaciones.


En distintas oportunidades he citado la famosa frase “menos es más”, en alusión a ambientes más despejados, a preferir calidad y no cantidad, y hoy vuelvo a mencionarla para relacionarla con el diseño interior de placares o vestidores. En este sentido puedo afirmar que cuanto más simple sea, más funcional y versátil resultará.


Si tenemos la posibilidad de encargar o hacer un placard o vestidor a medida, debemos pensarlo estrictamente en función de nuestras necesidades pero también atendiendo a la lógica y sentido común sin dejarnos seducir por las imágenes que vemos publicadas en revistas, catálogos, o exhibidos en exposiciones y showrooms. Por muy novedosos, originales, de moda y tendencia que estos se vean, no significa que sean para nosotros la mejor opción.


La cantidad y características de nuestras prendas, accesorios y calzados, están íntimamente relacionadas con nuestra profesión u oficio, con nuestros compromisos y vida social, con nuestros hobbies, con los deportes que practicamos, con el clima y lugar de residencia, y con nuestros gustos y preferencias.


La sugerencia es analizar qué tipo, estilo y cantidad de prendas, accesorios, carteras y bolsos tenemos. Los invito a hacer un simple ejercicio, piensen en ese local comercial, en esa marca de ropa que les encanta, imaginen esa sensación agradable que les provoca al entrar y ver las prendas, esa primera impresión en la que todo lo que ven les gusta, les resulta atractivo, los llama a probarse y llevarse todo. Ahora bien, yo les pregunto cómo están presentadas y exhibidas esas prendas. La respuesta, independientemente del local, marcas y prendas de que se trate es: “Colgadas”.


Siempre suelo sugerir que a la hora de organizar y ordenar sus guardarropas se inspiren en una tienda, lo mismo aconsejo al momento de imaginar el interior de sus armarios.


Lo que intento decir con esto es que prioricen el espacio de colgado. Todo lo que está colgado se puede visualizar mejor, es más fácil y rápido de sacar y de guardar, se marca y arruga menos, se mantiene prolijo y ordenado.


Basada en mi experiencia personal y laboral como dueña de un local comercial, encargada del visual merchandising, y como organizadora de vestidores les aseguro que esta es la alternativa más cómoda, práctica, eficiente y funcional.


El modelo ideal de vestidor a mi criterio es aquel en el que todas las prendas estén presentadas colgadas, a excepción de aquellas más finas o delicadas, que por las características de sus géneros o tejidos requieran ser dobladas para no deformarse o estirarse.


Para maximizar el espacio de colgado es conveniente utilizar perchas ultradelgadas todas iguales, ya que si tenemos distintos tipos y modelos, se ocupa más lugar. Siempre debemos colgar una prenda por percha.

Recuerden que lo que no se ve, no se usa; si colgamos más de una prenda por percha, las de abajo quedan olvidadas.
Es aconsejable plantear todo un módulo para colgado y dividirlo en dos: el espacio superior, lo destinamos para todas las partes de arriba, y el espacio de abajo, para todas las inferiores.


Vuelvo a insistir, recomiendo absolutamente todo colgado: remeras de algodón, remeras deportivas dri fit, camisas, bermudas, calzas, leggins y jeans.


Luego, es necesario dejar un sector “generoso” para prendas de colgado largo. Habitualmente se deja un lugar muy acotado, luego descubrimos que tenemos muchas más prendas largas de las que pensábamos y no está bueno que queden amontonadas y arrastradas.


En cuanto a cajones, la cantidad sugerida depende de las distintas categorías que vamos a establecer. Puede considerarse un mínimo de 4 o 5 para ropa interior, medias, trajes de baño, pijamas, accesorios, cinturones, gorros, guantes, pañuelos; y un máximo de 6 u 8 si, por ejemplo, preferimos guardar aquí la ropa deportiva.
Dentro de los cajones es clave compartimentar, generar subdivisiones. Esto ayuda a que el orden se mantenga en el tiempo.


Los estantes son necesarios para aquellas prendas que no puedan ser colgadas. Lo correcto es pensar si vamos a apilarlas o si preferimos guardarlas con el método fichero, es decir en vertical dentro de contenedores o cajas, esto implica tener en cuenta qué altura vamos a dejar entre estantes para no desperdiciar espacio. Es siempre aconsejable que los estantes no estén fijos sino que tengan la opción de colocarlos en distintas posiciones y se puedan regular.


Respecto a los zapatos, evaluar si preferimos guardarlos en cajas o fuera de ellas, si vamos a necesitar un módulo u hoja especial para todos ellos, o si con estantes, bandejas o racks en la parte inferior ya es suficiente.
No recomiendo:

  • Pantaloneras. Tienen poca capacidad; las prendas quedan amontonadas, las de abajo no se ven, se resbalan y caen. Desperdician lugar de guardado, ya que si en el ancho que ocupa, colocamos un barral, podremos colgar más del triple de pantalones.
  • Estructuras que se deslizan para corbatas. Ocupan demasiado lugar, al sacar una se resbalan y caen las otras. Son más prácticas y económicas las perchas especiales para este caso.
  • Estructuras que se deslizan para cintos. Quedan muy abultadas, se pierde espacio de colgado, las hebillas pueden enganchar otras prendas. Resulta más cómodo y económico comprar perchas específicas o incluso guardar los cintos enrollados.
  • Estructuras para guardar los zapatos en vertical. Se desaprovecha espacio, es mejor la alternativa de apoyarlos sobre un estante, uno hacia adelante y otro hacia atrás.
  • Estructuras en altura que se bajan y manipulan con un palo. Es lo más incómodo que he visto. La capacidad de colgado queda limitada. Tarde o temprano estas se rompen porque el peso las vence. No hay necesidad de colocar un barral tan alto, es preferible destinar ese sector para estantes.
  • Bandejas para guardar camisas dobladas. Similares a un cajón pero con muy poca profundidad. Desperdician espacio que podría destinarse para cajones profundos. Es mejor tener las camisas colgadas.

Todos estos accesorios encarecen el presupuesto y no resultan cómodos ni funcionales.


Otro gran “no” son las ventanas en los walk in closet o vestidores. Tienen la característica de ser abiertos, sin puertas. Considero que deben ser ciegos porque el lugar donde se ubica la ventana podría aprovecharse para un mueble de guardado, porque las luz del sol hace estragos, come los colores, despinta las prendas, y porque una ventana propicia el ingreso de polvo. Quienes ya tienen ventana pueden anularla por dentro, colocando un mueble, cuadro o espejo delante de ella sin necesidad de modificar la fachada exterior.


Quienes ya tienen su placard y no les está resultando, no desesperen, recuerden que hay muchísimos recursos y alternativas para optimizarlos. Solo es cuestión de ser ingeniosos, de hacer algunos cambios y así lograr una distribución más eficiente. Puede haber tantos diseños de placares y vestidores como personas hay en este mundo, cada uno debe tomar el que mejor se adapte a sus necesidades, espacio y volumen de cosas.

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