El profundo propósito del liderazgo


¿Te preguntaste alguna vez cuál es el propósito más elevado del liderazgo?

Textos: Psicológo Gustavo Giorgi.


Pienso, junto a otros, que la respuesta es desarrollar futuros líderes. Dicho de otra forma, si entendemos eso por atenderemos a muchas de las necesidades obligatorias de ser cubiertas cuando se ocupa aquel rol. Pensar en quien nos sucederá implicará trabajar en equipo, comunicarnos de manera transparente, resolver conflictos con la visión en mente, actuar en base a valores y asíàTener en la mira la importancia crucial y crítica de generar nuevas líneas es ser empático y preocuparse por el otro, intentando que conozca cada vez más y mejores cosas aplicables a su labor.


Ahora bien, lo que la teoría no dice es que para lograrlo, debemos tener en claro primero cual es mi propósito personal, en tanto sujeto.


Entiendo que es una pregunta sumamente compleja de resolver en un tris y como ejemplo podríamos citar sin respirar al sinnúmero de intelectuales que hicieron su aporte, desde Sócrates a Heidegger, incluyendo a Sartre, Frankl, Freud por supuesto y asíàY a propósito de este tema, hoy quiero contarles respecto de uno de los modelos más recientes.


Hace unos años un dúo de españoles escribió “El método Ikigai: Despierta tu verdadera pasión y cumple tus propósitos vitales”. Fueron el ingeniero Francesc Miralles (residente en Japón desde 2002) y el periodista barcelonés Héctor García, llevando al día de hoy más de 250.000 ejemplares vendidos y traducido a 38 idiomas.


Sus autores se vieron atraídos por una pequeña aldea denominada Okinawa en la que sus habitantes eran muy longevos, superando un buen número de personas los cien años de edad.


Así, durante su estancia, entrevistaron a numerosos lugareños y a todos les hacían la misma pregunta: “¿Cuál piensa usted que es el secreto para vivir tanto tiempo?” a lo que la mayoría respondía: “Ikigai”.


Etimológicamente “Iki”, valor y “gai” vida, este concepto expresa con precisión cuál sería el principal motor para la existencia de cada uno.


En el modelo, los sujetos poseemos cuatro esferas capaces de agrupar todas nuestras actividades y deseos:


Lo que amas
Lo que el mundo necesita
Por lo que te pueden pagar
Lo que haces bien


Y el Ikigai, o propósito, surgiría a partir de una combinación armónica entre ellas.


Asimismo, son posibles otras relaciones que, lógicamente, nos llevarán a
otros resultados. Por ejemplo, si combino 1, 2 y 3 sentiré inseguridad e inestabilidad por desconocer si efectivamente lo que hago lo hago correctamente. O bien si mezclamos 2, 3 y 4 podré lograr un buen nivel de vida pero con sensación de vacío. Respecto de 1, 2 y 4 podrá concluirse el bienestar emocional pero la imposibilidad de subsistir económicamente y por último, si sumamos 1, 3 y 4 no estaremos plenos dado que nuestra actividad no es lo que los demás necesitan.

Tal como puede suponerse, no es fácil acceder al núcleo que forman todas las esferas. Hay 4 preguntas claves, capaces de orientarnos en esa búsqueda según Miralles:


¿Me siento mejor haciendo cosas solo o acompañado?
¿Con qué actividades se me pasa el tiempo volando?
¿Qué te resulta fácil hacer?
¿Qué te gustaba cuando eras niño?


A posteriori, se trata de definir un plan y comenzar por algo. El consejo clave aquí es comenzar pequeño. Debemos abandonar esos sueños de grandeza que nos aplastan y siempre comparan con un ideal inalcanzable. Está bien desear en grande solo si nos motoriza y guía a la acción. Aún así, se trata de dividirlo en metas pequeñas, que podamos ir alcanzando paulatinamente.


Luego, es vital que festejemos esos logros, así los consideremos chicos. Muchas veces, nuestra vida moderna no nos deja detenernos a celebrar.

Imaginemos que tenemos el plan de construir una casa. Si solo festejamos con la colocación del último ladrillo nos estaremos perdiendo un montón de logros previos tales como la constitución de los cimientos, pintar las paredes en familia, elegir la habitación o los muebles de los chicos, solo por citar algunos.


En tercer lugar es fundamental que nos liberemos de todas las ideas ajenas que, con el tiempo, pudimos haber internalizadas como propias. En este sentido, sugiero que cada tanto nos preguntemos: “¿Es esto lo que yo quiero exactamente para mi vida?” “¿Soy yo el que quiere triunfar económicamente o ascender en el empleo?”.


Cuarto, setear la cabeza en el aquí ahora. El neurótico está enfermo de pasado, por idealizarlo (véase sino muchas letras de tango en la que la nostalgia es la protagonista principal) o de futuro, por anticiparlo. Los fenómenos de ansiedad tan frecuentes en los últimos años son una clara muestra de esto, entendiendo a la ansiedad como un temor a algo que está por venir y que, en general, no es bueno.


Por último, buscar la sostenibilidad de las acciones. Es mil veces preferible hacer algo hoy que pueda seguir haciendo más adelante sin dificultad, así sea mínimo, que plantearse grandes modificaciones pero muy complejas de repetir. El ejemplo más típico de esto son las dietas: si quiero variar mi alimentación primero debo detectar los principales puntos a mejorar, como ser los horarios, las cantidades, la calidad de lo ingerido etc. Elegir solo uno de ellos y actuar antes que pretender atacar a todos a la vez.


En resumen, con el propósito del liderazgo sucede lo mismo que con los chistes: si al relator no le causa gracia, no podrá hacer reír a nadie. Si el líder no tiene claro su propio propósito, nunca podrá desarrollar a nadie…

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