El realismo mágico tenía lugar en Santa Fe


Desde el archivo de diario El Litoral, fuimos en busca de aquellos sucesos locales que el pasado nos ofrece y que hoy en día nos parecen sacados de fábulas, cuentos y películas.

Textos. Mariano Rinaldi. Fotos. Archivo El Litoral.

Lo que narraba Gabriel García Márquez en su novela «Cien años de soledad» sucedía en nuestra ciudad y hoy es parte de nuestro rico pasado. El novelista colombiano narraba en aquellas páginas: «frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

En las obras de García Marquez podemos encontrar muchas veces «una forma más real que la realidad misma». Sus obras tienen como escenario predilecto la cotidianidad de aquellas «voces» que fueron silenciadas por la historia. Sus formas de vida, creencias y consumos culturales son la bitácora del realismo mágico. Muchas veces esa realidad roza lo fantástico, así como su manera de contarlo.

Desde el archivo de diario El Litoral, fuimos en busca de aquellos sucesos locales que el pasado nos ofrece y que hoy en día nos parecen sacados de fábulas, cuentos y películas.

LA DÉCADA DEL SESENTA Y LA ESCASEZ DE HIELO

La fascinación y la demanda por el hielo era una noticia que el diario El Litoral compartía con sus lectores por la década del sesenta. La escasez de este producto, que hoy en día podemos tener en nuestra heladera, al momento de recurrir a nuestros «cubitos», no se compara en lo más mínimo a la experiencia de comprar la barra de hielo.

Generalmente la cervecería era la responsable de su suministro, pero para fines de los años sesenta fueron cuatro las fábricas que se encargaban de producirlo: Marymil, frigorífico La Estrella y Layton. Sin embargo, la producción total era muy baja, generando grandes cuellos de botella. Los números eran 3000 barras de hielo sobre un total de 8000 diarias que se calculaban para toda la ciudad.

Las largas filas de santafesinos en busca del preciado hielo era un acontecimiento veraniego que se repitió durante muchos años. Sobre todo en épocas festivas como lo refleja la foto que compartimos de un 31 de diciembre de 1967.

EL DÍA QUE UN BAILE DURÓ OCHENTA HORAS ININTERRUMPIDAS A PURO RITMO Y SABOR

El jueves 29 de enero de 1969, Lucio Oscar Suárez, un vecino del barrio de Alto Verde, batió un récord de baile en la Sociedad Vecinal San Martín de nuestra ciudad. Bailó durante ochenta horas seguidas acompañado por la música tropical de «Los Quijotes», que también tuvieron su parte en este suceso, en lo que respecta a ejecución instrumental.

Días antes visitaron la redacción de El Litoral, en la foto se los ve expectantes y sonrientes en la espera de su día de gloria. Manifestaron «ser santafesinos» y que por ello contaban «con todo el apoyo popular y los aplausos asegurados».

LA «FARÁNDULA ESTUDIANTIL»: UN SUCESO JUVENIL SANTAFESINO EN LAS PRIMAVERAS DE LA CIUDAD

Muchos de ustedes recordarán que durante los años sesenta y setenta sobre la calle San Martín, desde su intersección con Juan de Garay hasta Catamarca, desfilaban carrozas repletas de jóvenes en representación de sus respectivas escuelas.

En 1962 El Litoral compartía a sus lectores: «Con ingenio, entusiasmo y aporte popular, se llevó adelante la tan esperada por todos farándula estudiantil». En el marco del día de estudiante y auspiciados por la asociación «Amigos de Calle San Martín», se reunía la sociedad santafesina para disfrutar del suceso popular. Estos desfiles, caracterizados por su gran adhesión y la originalidad de sus propuestas artísticas, poblaban las calles céntricas de nuestra ciudad.

UNA VISITA A EL LITORAL QUE EMOCIONÓ A LOS SANTAFESINOS

Si hablamos del patrimonio histórico de la ciudad, el puente Colgante se encuentra indiscutiblemente en las conversaciones de todos los santafesinos. Envuelto en la niebla de la madrugada litoraleña y el sol ardiente del verano, esconde relatos que se guardan en la memoria de aquellos protagonistas que lo vieron nacer y relucir durante muchos años.

En noviembre de 1983, la visita de Exequiel Manuel Perdomo a El Litoral fue un emotivo acontecimiento. El 28 de septiembre de ese mismo año, el puente Colgante se había desmoronado. Perdomo, testigo de su nacimiento, entre 1924 y 1925, dio su testimonio oral en la redacción. Empezó diciendo: «Yo fui el calentador de remaches de los hierros, que dan soporte al puente Colgante». Perdomo, con tan solo 14 años, encendía la fragua y ponía al rojo vivo esos remaches que construyeron el puente sobre la laguna Setúbal. Venía desde su localidad a dar su testimonio a la Capital provincial.

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