El sutil encanto de los vinos


Charlamos con Maricel Camperi, enóloga y sommelier de nuestra ciudad, para conocer un poco más del mundo fascinante del vino.

TEXTOS. Romina Santopietro. FOTOS. Gentileza.

Maricel Camperi es enóloga y sommelier. Tiene una forma muy dulce y pedagógica de hablar acerca de unas de sus pasiones: los vinos. Su encuentro con el mundo de las vides fue casi casual.

-¿Cómo se inicia tu interés por los vinos?

-Yo me desempeñaba y me desempeño en otros ámbitos. Vengo de un mundo diferente, fui deportista de alto rendimiento, desde muy chica. Mi relación con le mundo del vino siempre estuvo muy ligada a Mendoza, porque tengo una tía y primos viviendo allá. En mis veranos previos a que yo entre en alta competencia, los pasaba en Mendoza, visitando a mi familia. Y mis recuerdos sensoriales de esos veranos son pisos de tierra, hasta altas, con guitarras. En esas épocas, quienes trabajaban en las viñas, terminaban la jornada y los que vivían en los viñedos recibían a sus vecinos cercanos y hacían esas grandes comilonas hasta una determinada hora, porque al otro día había que levantarse y volver a comenzar en el tiempo de la cosecha. Porque yo iba allá en la época del receso escolar. Con el tiempo, aprendí que era también el tiempo de la vendimia, en enero y febrero, que para mí es una de las mejores fechas para visitar y conocer Mendoza, o la zona vitivinícola. Mendoza es hermosa todo el año, pero en la temporada de vendimia se tiñe de ciertos colores y aromas que hay que esperar un año más para vivirlos.

-¿Dónde te formaste como enóloga y sommelier?

-En el mismo Mendoza. Comencé a estudiar en una situación de mi vida, donde estaba entre San Juan y Mendoza -risas-. Estaba entre decisiones personales y laborales. En ese momento era entrenadora de patinaje artístico, el deporte que desarrollé toda mi vida, estábamos pasando por una situación difícil del país, después del 2001. En esos momento comencé a vislumbrar cierta necesidad que vinculaba con Mendoza y Santa Fe, con la comercialización del vino. Me formé allá porque empiezo a trabajar con bodegas mendocinas La enóloga de la bodega para la que yo trabajaba me dijo que me pusiera estudiar. En ese tiempo en el mundo del vino y en Mendoza lo único que podías estudiar era enología. ¿Por qué? Porque la carrera de sommelier se forma de la mano de Marina Beltramé pero en Buenos Aires. No existía otra sede que no fuera en Buenos Aires de la Escuela Argentina de Sommelería. Después con el tiempo, se hicieron cursos en diferentes ciudades y se formaron otras escuelas. La sommelería tiene que ver con la comunicación de lo que es el vino. Y a mí me gusta más lo que tenía que ver con el enchastre del vino – más risas-. Con la cocina, el laboratorio del vino. Entonces así es como estudio en Mendoza Enología Técnica. Más tarde, con el devenir de los años, al estar más en el norte del país, era necesario empezar a incursionar en la parte de sommelería. Como tenía muchas materias de enología, era mucho más sencillo para mi.

Siempre digo que en ese punto terminé de completar lo que es entender la docencia con la comunicación. Para uno poder comunicar, creo yo y es mi modo de comunicar el vino, es llevándote a entender cómo es el proceso del vino. Es por eso que me relacionan siempre a la formación, a la parte de la escuela, para explicar cómo es este proceso que lleva el vino.

Maricel tiene una cualidad clara para esto de explicar: es muy amena y didáctica al comunicar las propiedades del vino que presenta. En muy poco tiempo y sin ser aburrida, brinda mucha información. «Esa es la idea cuando son ferias de vinos. Y la idea de esa información es que vos entiendas el porqué de la diferencia entre este producto y aquél. Entre un producto del norte o del sur, de Argentina, de Chile o de Francia, en función de que hay un detrás, un proceso y una manufactura que te van a hacer la diferencia. Y eso es lo que yo te voy a contar. Antes, a estos ámbitos venían directamente los enólogos, pero les costaba mucho conectarse con la gente, porque eran muy técnicos. Al estar en la cocina del producto, se enfocaban en los procesos de cómo hacer un buen vino. Y eso provocaba una distancia con la gente», explica Maricel, haciendo un poco de historia.

-¿Creés que el sommelier tiene también una función docente?

-Por supuesto. La sommeleriaía viene a acortar esas brechas existentes entre lo técnico y el público en general. Que es quien en realidad te levanta la paleta y quien decide si le gusta o no el producto. Hace un tiempo, los sommeliers llevamos sin querer al vino a un punto de elitismo. Entonces la gente tenía pudor de hablar del vino o preguntar acerca del vino, para no «quedar mal». Todavía hoy te dicen «Quizá esta sea una pregunta tonta». No hay preguntas tontas, todas las preguntas son válidas, cuando el afán es aprender y conocer más. Los argentinos tenemos esto de querer ser un poco todólogos, por eso está bueno animarse a preguntar y a conocer más. Siempre digo que es un camino de ida, nunca dejás de aprender ni de formarte.

-Con un mercado tan diversificado: ¿cómo se entrena el gusto?

-Con algo que al consumidor le encanta: probando -responde con una gran sonrisa. Es tan simple como eso. Ahora, en eso simple, hay que romper las estructuras y salirse de la zona de confort. Todo el mundo sabe que los argentinos consumimos mucho malbec. Pero hay que animarse a probar otras cosas. No hace falta que sea algo de precio elevado. Y no digo caro, porque no hay nada caro ni barato, hay que buscar la relación precio – calidad. Si ese vino lo pagaste con un precio elevado, es porque seguramente dentro de esa botella hay una vuelta de tuerca en la manera de elaborar ese vino que hace que tenga un valor agregado y que el vino tenga que tener ese precio. Por lo que sea. Después podemos desandar un montón de aristas sobre eso. Hay que empezar a probar y animarse: varietales, estilos y tipos de vinos.

LA MIRADA DE LA MUJER EN EL MUNDO DEL VINO

-Es un área de la gastronomía que se relaciona en el imaginario de la gente con el gusto más masculino. ¿Creés que hay un nicho femenino, o se está desarrollando el gusto, en Argentina, por igual?

-Por la vida, los varones fueron ocupando todos los niveles. Tanto en los niveles de producción como de consumo. Y nosotras, movidas por la curiosidad, ligada a las necesidades e inquietudes, también comenzamos a bucear por las zonas que nos intrigaban, pero que nos hacían sentir cómodas también. Yo comencé en el camino del vino rodeada de muchísimos varones a los cuales les agradezco porque de todos aprendí algo. Pero la que más me incentivó fue una mujer, que en su momento era la única mujer y enóloga que había, a la cual se le dio muchísimo lugar y mucha escucha. Y esa escucha te permite ver el mundo desde otro lugar. En el mundo del vino, y en las distintas funciones, la mirada de la mujer en el día a día, con el diálogo y el pensamiento femenino ha ayudado a abrir, dentro del universo del vino, un espacio que genera mucha más seducción. Que permite jugar con las sensaciones e, incluso, le permite al hombre ponerse en ese lugar de buscarle la vuelta de seducción al vino. De buscar cómo puede expresar el vino notas más femeninas.

Y la mirada de la mujer, desde la producción, el cuidado desde las viñas a los procesos enológicos, en la elaboración del vino, en cómo se comunica, en la estética del vino… Hay muchos equipos de marketing en las bodegas que están liderados por mujeres, que con su mirada ha revolucionado las etiquetas, por ejemplo. Hoy hay muchas mujeres que se destacan en la elaboración de vinos. Creo que confluimos en los conocimientos de ambas partes y de las miradas de cada uno.

Lo bueno que tiene la mujer es que trabaja en equipo. Desarrollan y crean equipos que a su vez, crean productos maravillosos.

-¿Cuáles son los vinos insignia de Argentina? Además del malbec, claro.

-El verdadero vino insignia, que deberíamos llevar con mucho orgullo, es una uva blanca que es el torrontés. Porque en realidad, el malbec es insignia, pero no es oriundo ni originario de Argentina. El malbec es originario de Francia. Pero el torrontés sí es oriundo de nuestro país. Se hizo una cruza, una clonación de dos variedades que no tiene distinción en otro lugar del mundo. De hecho, tenemos tres estilos de torrontés: el riojano, el mendocino y el sanjuanino. Y cada uno tiene una manera de proyectarse y de desarrollarse. Otras uvas nuestras son el cabernet franc y el bonarda.

Los vinos los podemos elegir según la época del año o la ocasión en que los vamos a beber. Puede ser que hoy quiera tomarme una copa de vino sola, porque volví de trabajar y quiero distenderme, o piense en qué vino llevar si la ocasión es compartir con amigos. O si hay un encuentro más íntimo elegiré un vino para disfrutar de a dos…

Lo cierto es que habrá un vino para cada momento. Por eso hay que atreverse a probar y conocer más acerca de este universo rico y sensorial.

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