El turismo en esta nueva normalidad


Venecia en tiempos de post cuarentena y con los ojos de una santafesina.

Textos. Virginia Priano – Desde Italia

Después de casi 3 meses de una Italia frenada por completo, desde el 3 de junio el país empezó a ponerse en movimiento lentamente. Los italianos la llaman la «Ripartensa dalla Italia», es decir, el renacimiento de Italia luego de haber estado en el foco de la Pandemia del Coronavirus que dejó al país en con más de 38 mil muertos y más de 223 mil contagiados en total (dato actualizado hasta el 30 de junio 2020). Y después de esta gran crisis sanitaria y económica, hoy la gran pregunta es: ¿Podrá resurgir Italia sin los miles de turistas que cada día llegaban al país?

Con 23 millones de visitantes al año, Venecia era la capital del turismo masivo y, a decir de todos, ya no era habitable, especialmente para los 54 mil habitantes, cada uno de los cuales debía competir por su espacio con los turistas. Es verdad que según dicen la situación era insostenible. Pero de repente, en unas pocas semanas la ciudad perdió más del 90% de sus visitantes. Pasar de una temporada de sobreturismo a una de subturismo causó un shock en Venecia y en la Región del Veneto. Y en una Europa que ya recibió al verano, la gran pregunta es cómo será este verano europeo en esta nueva normalidad: aviones si o no, barbijos obligatorios si o no, hoteles con menos servicios, metros de distancias imposibles de mantener, playas con divisorios… Y la lista de opciones y propuestas es infinita, pero, son más las pruebas e incertidumbres que las certezas.

Y así en el primer fin de semana de «libertad», en el primer fin de semana que los italianos (y todos aquellos que vivimos en este país) tuvimos el «permiso» de poder movernos libremente por toda la bota sin tener que presentar ningún certificado ni permiso especial, tomé el tren desde la Estación Milano Centrale rumbo a Venecia, y así en menos de 3 horas salí de la Región de la Lombardía (la región más golpeada y afectada por el Coronavirus) y pude entrar en al Región del Veneto.

Pero viajar en tiempo de Covid es toda una aventura desde el inicio, aquí algunos datos llamativos: para comprar el billete de tren hay que hacerlo de dos maneras: online desde la página web o la App de las empresas de trenes (en Italia hay dos empresas) o en la estación, a través de las máquinas de venta electrónica ya que hoy no está permitida la venta en ventanilla para evitar las largas colas, así que, en caso de necesitar ayuda para comprar el pasaje solo se puede hacer a través de una computadora o teclado. Ah y otro detalle: imposible viajar sin un smartphone porque el pasaje te lo envían por mail o tenés que acceder a través de un código QR por lo tanto sin esta tecnología te quedas afuera (no hablamos de discriminación sino que lo hacen para evitar el contacto con el papel pero algunas medidas no son aptas para nuestras economías).

Se inicia el viaje

El viaje en tren es toda otra experiencia: Primero, control de la temperatura antes de pasar a la zona de los andenes. Si tu temperatura es menor a 37.5 grados, perfecto, podes avanzar hacia la «fermata» de tu tren. Podemos decir que viajar en tren en tiempos de Covid tiene alguna «ventaja»: para mantener la distancia mínima es obligatorio dejar libre el asiento de al lado, por lo tanto, si viajas en pareja, te tocará un espacio de 4 asientos pero se pueden ocupar dos, es decir, cada pasajero enfrentado al otro; en cambio si viajas solo te tocará un asiento doble pero viajas solo vos, así que podemos decir que en este caso el pasajero se ve beneficiado (no así las empresas de trenes están reclamando tener las mismas excepciones que consiguieron en Italia las empresas de aviones que finalmente desde hace una semana les permiten viajar al 100% de su capacidad).

Recordemos que es obligatorio viajar con «tapabocas» o «mascherina» para los italianos en todo el viaje, pero igualmente si llegas a olvidártela, en el ingreso del tren o cuando ya te sentaste, te entregan el «Covid kit». ¿Qué tiene? Una bolsa que contiene: un barbijo, un alcohol en gel, guantes de látex y un «apoya cabeza» descartable para que lo coloques en tu asiento y puedas apoyar tu cabeza sin «miedo» de contagiarte. Y un consejo importante: por las medidas de seguridad del Covid, los bares de los trenes están cerrados y solo pasa el comisario de abordo del tren vendiendo bebidas frías y comida empaquetada, así que si vas a tomar un tren largo, te recomiendo que te lleves tu «pic nic» a bordo porque por ahora no podrás vivir la experiencia de tomarte un café italiano arriba del tren.

Redescubrir Venecia

Y así luego de 2 horas y 35 minutos se llega de Milán a Venecia en tren rápido (hay opción de un tren regional que demora más horas). Y ya al ver el movimiento en la estación se puede percibir que estamos frente a una nueva Venecia, una Venecia con cero turistas internacionales y sí con algunos grupos de turistas locales quienes están felices de tener a «su» Venecia para ellos solos. Es decir, de oír un sinfín de lenguas distintas de todo el mundo, de repente, solo se escuchan pasajeros con acento italiano- veneciano y algunos alemanes a lo lejos. La ciudad conocida como la Disneyland de la Historia vuelve a ser más local, reabriendo un nuevo escenario.

Otro gran cambio en esta nueva manera de viajar son claramente los hoteles, uno de los sectores más afectados por esta pandemia y cuyas consecuencias se sienten hoy. Pensemos como ejemplo que en Venecia solo 1 de cada 10 hoteles reabrió sus puertas y con una bajísima demanda de turistas y también con una capacidad limitada. Ya hacer el check in es una nueva experiencia: tus datos y documentos tenés que enviarlos previamente por mail; cuando llegas al hotel hay una puerta de ingreso separada de la puerta de salida. En la recepción al conserje lo tenés que saludar detrás de una separación de blinde y siempre con tu barbijo. Y las llaves y demás información te la entregan en un sobre cerrado para evitar el contacto entre ambos. Y recomendable viajar «liviano» porque en muchos hoteles los ascensores están prohibidos o, como en este caso, el ascensor solo puede usarse de una persona a la vez.

Y finalmente una vez que pasé todas las medidas de seguridad pude salir a ver con mis propios ojos cómo era esta nueva Venecia de la que tanto leía en los diarios locales: una Venecia con muy poca gente, una Venecia «triste» sin el murmullo de los miles de turistas caminando por sus pequeñas callecitas, en sus botes y góndolas. El primer gran cambio e imagen que hoy nos habla de esta nueva vida obviamente es el tapabocas: turistas, trabajadores, niños, ancianos, gondoleros, mozos… todos con sus barbijos cubriendo sus rostros y muertos de calor, porque «turistear» con barbijo en verano en Europa no va a ser fácil. Por eso las autoridades italianas de muchas regiones ya eliminaron la obligación de uso de tapabocas en los lugares al aire libre y sí es obligatorio en todo el país su uso en los lugares cerrados y donde no pueda garantizarse el metro mínimo de distancia.

Y que imagen más veneciana que los gondoleros: esos hombres de remera a rayas blancas y negras, con sus músculos marcados por el remo, simpáticos, «chamulleros» como diríamos nosotros o «bugiardi» dirían los tanos en un modo simpático. Pero verlos sentados, esperando a los turistas que no llegan, ofreciendo descuentos y promociones para el famoso romántico paseo en góndola que los turistas agradecen pero no pagan. ¿Y eso por qué? ¿El Coronavirus afectó el romanticismo? La respuesta es no, pero lo que sí afectó es el bolsillo y por eso el nuevo turismo local es un turismo más «gasolero», y gastar 80 euros para un paseo en góndola no es una alternativa. Este es un ejemplo que se repite en todos lados en Venecia y por eso, más allá del fuerte sentimiento nacionalista de los italianos, todos extrañan a los turistas extranjeros que llegaban a Venecia con deseo de gastar, sobre todo los turistas asiáticos, chinos y japoneses, de los cuales no hay (ni se espera que haya en el corto y mediano plazo) novedades por estas tierras europeas.

Siguiendo estas pequeñas callecitas, pasando por puestos, canales y más calles se llega (mucho más rápido porque no tenemos el «embotellamiento» de turistas pre-covid) a la famosa Plaza San Marco, reflejada en miles de imágenes, films, retratos, una plaza que sí debo decir que se la ve «triste» o al menos «apagada»: solo tres de sus tradicionales cafés están abiertos: muchas mesas vacías y mozos ávidos de recibir turistas, ofreciendo «descuentos» a la hora del famosos aperitivo (nota al pie: también un beneficio para el turista que hoy podrá tomarse un aperitivo en la famosa Plaza San Marco antes impagable y hoy mucho más accesible. Pero estos beneficios serán solo hasta que empiece a llegar más gente a la ciudad).

A partir de ahora

El mensaje que más se escucha es que sin turismo masivo la ciudad muere. Sin embargo otras voces más optimistas dicen que una manera de «aprovechar» esta crisis sería el poder experimentar con un modelo de ciudad más sostenible, que facilite la vida diaria con una mejor movilidad y alquileres más bajos, reduciendo la pérdida o estampida general.

Por ahora entonces Venecia quedará reservada para el turismo italiano y de otros países de la UE que poco a poco se animen a atravesar sus fronteras y visitar Italia donde pueden entrar ya sin necesidad de cuarentena, en una estrategia del gobierno italiano por atraer turistas. Sin embargo desde los grandes operadores turísticos ya saben que este verano será un «estate italiano»: Italia para los italianos.

En resumen, los italianos tienen un gran deseo de comenzar de nuevo, en todos los sentidos. Se llaman a sí mismo un pueblo de «navegadores» que exploran las nuevas rutas del mercado con coraje y confianza y sueñan con nuevas salidas para volver a viajar. Según una encuesta de Confturismo afirman que 7 de cada 10 italianos piensan que la emergencia de Coronavirus todavía durará dos o tres meses en Italia. La mitad de ellos tiene la intención de tomarse vacaciones tan pronto como termine la emergencia de salud y la alarma se haya detenido. Según los datos recopilados: el 83% de los italianos tomarán vacaciones en Italia; 16% temen, sin embargo, que no tengan suficientes recursos financieros para hacerlo; El 44% de los encuestados lo haría si pudieran deducir parte de su costo.

Por lo pronto a seguir esperando y recorriendo una Italia con barbijo y alcohol en gel pero casi en exclusividad.

Previo Consejos de salud de Mayo Clinic: derribando mitos sobre la COVID-19
Siguiente Meditación: una manera simple y rápida de reducir el estrés