Encandilados bajo la luz del furor y la belleza


Contramar Editora acaba de publicar «Supernova», una atrapante novela de Diego Oddo, autor santafesino nacido en 1983, a quien entrevistamos en esta nota.

TEXTOS. Enrique Butti.

Contramar Editora acaba de publicar «Supernova», una atrapante novela de Diego Oddo, autor santafesino nacido en 1983, que ya se había lucido con un libro de cuentos titulado «La rutina de las máquinas». La novela cuenta la historia de dos muchachos y la invención de un sistema de luces que perfecciona su trabajo de Dj (disyoqueis, como castellanizó la Academia Española), un sistema inspirado en las explosiones estelares, mientras sus propias vidas giran y eclosionan en la cosmología familiar donde les ha tocado vivir y en las nebulosas del final de la adolescencia, lo que transforma a «Supernova» también en un «bildungsroman, en una novela de aprendizaje.

–¿Cómo nace «Supernova»?

–Una serie de apuntes y ejercicios confluyeron cuando el año pasado leí acerca de la explosión en supernova de la estrella Betelgeuse, y sirvió para dar vida a Mirco, el socio y amigo del narrador, y embarcar a ambos en la aventura de inventar una empresa de Dj’s inspirada en ese fenómeno estelar. Mirco es un fanático de la astronomía, tan desmesurado como contenido es Ivo. Tal vez por eso establecen esa amistad tan profunda que es uno de los ejes de la novela.

–¿Por qué elegiste la narración en primera persona?

–Por entonces venía discutiendo mentalmente contra uno de los falsos debates que se dan periódicamente en el mundillo literario, en este caso acerca de que la buena literatura se contrapondría a lo que se denomina vagamente «literatura del yo». Decidí que sería bueno tomar partido y trabajar ese artefacto precioso y peligroso que es el yo lírico, buscar que el verosímil se sostuviera en lo que podría llamarse el «tono confesional», aunque eso no implicara necesariamente un reclamo confidencial. Era la base para sentar un elemento que, más allá del tema o de la ideología, me parece el más importante para entrar (tanto en la escritura como en la lectura) en una novela, que es lo que genéricamente llamamos el tono narrativo.

–La novela comienza con una escena contundente: un Dj que, en plena noche de trabajo, recibe un mensaje de su madre dándole a entender que está por suicidarse ¿Cómo pensaste la relación entre Ivo -el narrador- y su madre?

–Partí de la premisa de un vínculo profundamente amoroso que, precisamente por eso, dificulta el desapego del muchacho respecto de la madre. Al mismo tiempo, la tentativa de suicidio es una de las situaciones de las que tal vez resulte más difícil desvincularse, puesto que además del vínculo amoroso, pesan todos los imperativos morales. ¿Cuántos de nosotros nos atreveríamos a hacer oídos sordos frente a una situación así? Entonces Ivo está doblemente atado: quiere mucho a su madre, y además es ético, un buen tipo.

–Vos trabajás de psicólogo. ¿Te serviste del psicoanálisis para escribir esta novela?

–Por lo general, los cruces entre psicoanálisis y literatura me resultan decepcionantes. Cuando los escritores acuden a él, terminan en general haciendo gala de un enciclopedismo pedante y aburrido. Cuando quienes se acercan son los psicoanalistas, lo hacen de un modo burdamente utilitario, reduciendo las obras a recursos ilustrativos de sus conceptos teóricos. Para Freud el arte nunca fue ilustrativo. Nunca utilizó las tragedias griegas para dar a entender cómo se darían los vínculos afectivos. Su hipótesis fue que el núcleo de la familia es realmente trágico. En esta novela trabajé en ese sentido. Con esto no quiero decir que «Supernova» sea una novela trágica. Digo que contiene ecos de la tragedia, puesto que se narran tres historias familiares: en una hay tentativas de suicidio y deseos parricidas; en otra, un chico que detesta a sus apropiadores por haberle ocultado su origen e identidad; otra, que es la menos desarrollada, se trata de un muchacho criado al cuidado de su tío, sin que se sepa el destino de los padres.

–También es una novela con sus tensiones eróticas, como la que ocurre entre Ivo y Gloria, la madre de su mejor amigo.

–Me divertí mucho escribiéndola. Gloria es una mujer escultural y exitosa, aunque atormentada por la culpabilidad de haberse apropiado de un niño al que considera su hijo; pero cuyo rechazo no soporta. Ivo entra en juego como una especie de sustituto, de puente para llegar a su hijo, pero también, por momentos, ella lo ve como un hombre. Simultáneamente, Ivo encuentra en esa otra familia un aire diferente al que circula en la suya y, de a poco, se entromete en un papel que no sabe bien por qué razón ocupa. Lo interesante es que le saca provecho a su manera, con inocencia y picardía, y eso no resulta en absoluto peligroso para su amistad con Mirco, al contrario, le está haciendo un favor.

–Todas estas consideraciones no dejan adivinar lo que a mi juicio es el valor de la novela: su ritmo sostenido y atrapante, casi de novela de aventuras o suspenso; las escenas y personajes muy vívidos y la presencia entrañable del narrador, de su expulsión fuera de la adolescencia y de su aprendizaje desorientado.

–Supongo que el ritmo resulta de la condensación de recursos que provienen de la poesía, de eso que no necesariamente tiene que ver con el contenido, sino con la musicalidad de las palabras y la puntuación. Por momentos me encontraba contando las sílabas de las oraciones en sílabas poéticas, buscando precisamente eso: su mejor sonoridad y ritmo. Fue un ejercicio que disfruté mucho y del que aprendí todavía más. También creo que el uso del tiempo verbal, que en este caso es el presente histórico, juega un papel favorable. Esta elección también tiene que ver con cierta obsesión que uno de los personajes tiene con el desfasaje entre los fenómenos astrofísicos y el tiempo de la civilización.

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