Espíritu de fiesta


Por Euge Román

Muchas veces escuchamos hablar del ‘espíritu navideño‘, pero creo que nadie se pone a pensar realmente a qué se refiere está tan tradicional frase. Ayer mientras cenábamos en familia Benicio, el mayor de nuestros hijos, me relató una película llamada Klaus que implícitamente habla y da sentido y fundamento al espíritu navideño perdido ya hace tiempo en un lejano pueblito helado del norte que se encuentra sumergido en el odio y la rivalidad entre dos familias (imperdible la peli para chicos y adultos). Entendiendo ese sentido mágico y espiritual del que él me hablaba, creo que con el paso del tiempo lo hemos ido perdiendo.


Hace unos días recorría la ciudad y veía lugares, locales, comercios y calles pobremente decorados con alusión a estas fechas. Así que se me ocurrió inspirar y alentar a las familias a que al menos se motiven para armar un arbolito de Navidad en sus hogares y lugares de trabajo. Di un taller de cómo hacer coronas navideñas muy simples, fáciles y prácticas a través de una invitación especial de un hermoso local de decoración de la ciudad.


Hice instructivos en Instagram para mostrar cómo fui armando arbolitos de navidad a pedido especial de clientes y amigos. Me sentí un poco parte responsable de poder poner un granito de arena para que entre todos volvamos a recuperar ese espíritu festivo que se nos escapa.


¿A quién no le gustan estas fechas llegar a un lugar que esté decorado con lucecitas y motivos navideños para sentirse así en un momento especial y bien recibido? Yo sé perfectamente que hay realidades diferentes, que la vorágine de la vida diaria, la falta de tiempo, el laburo y las obligaciones, lo económico, lo social y tantas otras cosas a veces nos van quitando ese espíritu de fiesta y las ganas de pensar en cosas que a veces parecen frívolas aunque les aseguro que son la base de grandes momentos.


Sé que en diciembre todos estamos apurados, vivimos al límite, queremos cerrar el año y ni hablar si hay que ponerse a pensar dónde pasamos las fiestas y con quién las compartimos (a veces suele ser un tema también complejo). Claro que entiendo todo eso porque inclusive a mí en lo personal me pasa en estas fechas.


Pero les aseguro que después de escuchar atenta el relato de esa película en boca de un hijo y la emoción que nos genera el sentido y el mensaje, algo te toca dentro y hace que enciendas al menos la guirnalda de luz viejita guardada en un rincón, y saques ese niño interior para jugar, a armar el arbolito en casa y esperar la Noche Buena.


Seamos todos ese cartero que llega a ese pueblito lejano que solo sabe de enfrentamientos y riña, de peleas y oposiciones, seamos como el cartero de la película y agitemos el espíritu de fiesta olvidado. Porque es la única forma de reconciliar a veces lo que parece irreconciliable, recibamos a nuestros seres queridos en un lugar decorado, encendido de luces y de colores navideños. Pero por sobre todo encendido de amor, de paz y de magia.

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