Fabián Mazzi, un agradecido a la vida


De chico relataba partidos imaginarios y en quinto año se llevó educación física por relatar a sus compañeros que jugaban en las clases. Historias de vida de un personaje que pasó por todas: su accidente, las primeras experiencias en el relato, su compromiso social, la familia y mucho más.

Textos. Ignacio Pueyo. Fotos. Guillermo Di Salvatore y Pablo Aguirre.

La vida suele dar segundas oportunidades, y Fabián Mazzi es un agradecido a esa vida. A su vida. En esta montaña rusa que es vivir, a él le han pasado muchas cosas: de las buenas y de las otras también. Sus primeros recuerdos del relato son echado en el suelo, armando partidos con botones extraídos de los abrigos de sus abuelas: «jugaba con los botones, armaba camisetas y yo simulaba ser el relator de ese partido entre botones. Así empecé. Me gustaba la radio», cuenta.

«¿Cómo se me metió la radio? lavando el auto los domingos con mi viejo. Esa ceremonia que tal vez ahora se perdió. Los domingos con el auto en punta en casa, entonces el viejo a la mañana con la ceremonia de limpiar las alfombras, el lavado. ¿Qué hacía papá? La radio fuerte, el volumen fuerte que se escuchaba con las puertas abiertas. Era la radio, el intentar sintonizar en esa época a José María Muñoz en Radio Rivadavia, o en Santa Fe a Ricardo Porta o Enzo Volken. Y esa música de relato se me metió con seis años», le explica Mazzi a Juan Carlos Haberkon en el ciclo Historias que no son mías, de CyD Litoral.

A los 14 años ya hacía los informes de Colón y Unión para LT28 de Rafaela, y a los 15 cubría Liga Santafesina para El Litoral, a la vez que también jugaba en el club La Salle. Al poco tiempo le llegó la oportunidad que tanto estaba esperando: ser relator.

AQUELLOS INICIOS

El Cementerio de los Elefantes es un hervidero. Colón pierde 1 a 0 ante Talleres de Remedios de Escalada por la fecha 11 de la Primera B de 1985. En la cabina de LT10, Luis Mino carraspea durante el entretiempo. No se siente bien. Relató mucho durante la semana y ese sábado no se levantó como hubiera querido. Su comentarista, Rodolfo Raviolo, se da vuelta y se dirige al joven de 18 años que tiene atrás.

—Pendejo, prepárate porque vas a relatar el segundo tiempo.

—Sí, si —responde un incrédulo Fabián Mazzi, que piensa que simplemente lo están poniendo a prueba. Acto seguido sale de la cabina a recorrer y conocer toda la zona de prensa, creyendo que en pocos minutos Mino se recompondrá y todo seguirá como de costumbre.

Pocos minutos después, Mazzi vuelve a la cabina, pero lo que ve lo deja asombrado: Luis Mino ya no está y Raviolo gira impaciente hacia la puerta: 

—¿Vas a relatar o no vas a relatar?

Lo demás es historia conocida. Aquel 11 de mayo de 1985 fue el bautismo de fuego de Fabián Mazzi en la radio. Finalmente el Sabalero se impuso 3 a 1 con dos tantos de Werner y uno de Acosta Silva. «Cada 11 de mayo lo llamo a Daniel Werner para recordarle que para mí fue mi gran goleador, porque fue mi primer gol en LT10» cuenta el periodista.

—¿Qué fueron para vos Colón y Unión en todos estos años?

—Qué linda pregunta. La excusa perfecta para irme de mi casa cada fin de semana. Colón y Unión me dieron el compromiso de llevarle a tanta gente la ilusión. Alguna vez te lo dije en el diario El Litoral, yo me defino como un vendedor de ilusiones. Me parece que es la manera que tengo. Yo soy ese payaso de circo que hace reír a la gente con un gol. Y si pierde bueno, a lamentarlo juntos. Eso son Colón y Unión para mí, el circo y la felicidad de cada fin de semana. 

HISTORIAS DE VIDA

En medio de esta gran pasión que es para los santafesinos el deporte, y para Fabián Mazzi en especial a través del relato, debemos hacer mención a una de las etapas más duras que le tocó vivir al periodista. 

«En un viaje de pasión por transmitir, veníamos de un partido de básquetbol y en la autopista se nos cruzó un caballo. Estaba tirado porque lo había llevado por delante un camión. Eso nos llevó a no verlo, veníamos rápido y nos metimos abajo del camión. El momento triste, perdí a un compañero, que lo llevo siempre en mi corazón, Oscar Bailo, operador de transmisiones de tantos viajes. Estoy vivo, le agradezco a Dios que estoy vivo», cuenta Fabián recordando los hechos ocurridos aquel 27 de febrero de 1999. En ese viaje también lo acompañaban Daniel Jovellano y Pedro Eusebio, que estuvieron graves y pudieron salir adelante.

Del después de aquella experiencia tan traumática Fabián recuerda una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: «Yo estuve grave pero lúcido, y el médico viene a hablar conmigo. Me dice ‘¿qué querés saber?’. Habitualmente el paciente cuando está lúcido quiere saber si se va a morir o no. Están preparados para responder a eso los médicos. El me dice que yo le cambié los papeles porque le pregunté cuándo iba a volver a relatar. Cuando yo le pregunté eso, dice que se miró con el otro médico y dijeron ‘ah, no, tenemos un elefante en una cristalería que nos lleva puestos a todos. Este tipo sale'».

En aquel momento, le dijeron que con suerte en un año podía estar relatando nuevamente, realizando la recuperación necesaria. Sin embargo, el 27 de abril, dos meses después del accidente, el periodista ya estaba relatando en la Bombonera el 1 a 1 entre Boca y Colón de aquel año.

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«Sueño con tener un ventanal grande con un patio, poder leer todas las mañanas. Que Dios me permita tener en la vejez la posibilidad de estar todas las mañanas con un libro, desayunar y recordar cosas de mi vida», relata con una sonrisa en el rostro Fabián.

— ¿Detrás de un trabajo hay una familia que acompaña?

— Sin dudarlo. Es primordial tener el apoyo de mi gente. De Ileana mi mujer que a la par me acompaña de manera incondicional.

— Y tus hijos… familia ensamblada…

— Si jajajaja… edades diferentes pero aprendo también de ellos. Matias, Maxi y Constanza son mi luz y a ellos se suman Mili, Tomi y Marcos, que le dan vida a mi mundo. Aunque mis tiempos ya son mas para Fausto, mi nieto de 7 años, jugar a la Play con él me saca de este mundo. Volamos. No tiene precio. El ser abuelo no tiene nombre. Uno va aprendiendo y va entendiendo algunas cosas. Malcriarlo con cosas que los padres no quieren. Así como yo retaba, ahora me retan a mí. Es maravilloso.

Para cerrar, el agradecimiento no es solo de la ciudadanía para con Fabián Mazzi. El relator es un agradecido con su ciudad y con todo el pueblo santafesino, y el día de mañana le gustaría poder devolverle a Santa Fe un poco de todo lo que le dio. De hecho, no descarta trabajar en política el día de mañana, aunque sabe que aún no llegó el momento: «Más adelante nos volvemos a sentar y a lo mejor empiezo a recorrer los barrios porque quiero hacer un trabajo social que me interesa y que me compromete. Pero no por ahora. Me gusta lo social, y sobre todo trabajar para mi ciudad» explica.

Fabián Mazzi y Oscar Bergesio en LT10. Foto: Pablo Aguirre

En esa gratitud que siente Fabián Mazzi se sintetiza la emoción de alguien que lleva a Santa Fe en lo más profundo de su corazón: «Como dice Miguel Ángel Morelli, soy un santafesino de veras. Quiero a mi ciudad, soy un agradecido porque alguna vez alguien dijo que nadie es profeta en su tierra, y yo me siento muy querido, mimado y respetado dentro del ambiente del fútbol, más allá de las pasiones y las grietas que tantas veces hay. Gracias. Es la palabra que me sale para los santafesinos, porque hay afecto, hay cariño en la calle, en un grito, en una palmada, en una foto. Esa es la palabra: gracias a Santa Fe por lo que me da día a día».

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