Ganamos, perdemos, aprendemos


Por Lucila Cordoneda


En estos tiempos extraños y convulsionados cuesta hablar sobre algo que no sea nuevas formas de relacionarnos, cambios momentáneos de hábitos o cualquier otra cosa que involucre a este aislamiento.

Tiempos de sentires y contradictorias emociones si los hay.

Cada mañana tiene la virtud de salir a escena envuelta en una monotonía a estrenar.

Añoramos lo que otrora sabía a rutinario, agobiante o aburrido.

Exigimos viejos quehaceres y lo que antes deseábamos poder practicar más a menudo resulta que ahora ya nos está cansando.

Pasar más tiempo en casa, poder hacer aquello que tanto nos gusta pero no nos quedan horas del día ni ganas para emprenderlo, algún aprendizaje pendiente o hasta algún emprendimiento que alguna vez tuvo la fuerza de animarnos a tirar todo por la borda y dedicarle la exclusividad de nuestra fuerza productiva ahora no resultan ser tan atractivos.

Sin embargo, acá vamos.

Ni con tanto tiempo, ni con tantas ganas.

Van unos cuantos días de alejamiento y, con cada jornada, ganamos, perdemos y aprendemos.

Paciencia, horas de sueño, comilonas.

Nuevas artes, bandadas de gorriones.

Tareas, orden, alegría.

Intimidad, presencia, lectura.

Maratones de series, cine y lo escrito.

Olvidos, recuerdos, añoranzas.

Besos dados y también olvidados.

Planes a futuro, mimos, rabias.

Angustias, sol y sombras.

Madrugadas insomnes, impotencias, charlas pendientes.

Silencios incómodos, volver a intentarlo.

Horas sin horas, el ahora.

Silencios necesarios, no poder más.

Poder más, distancia, elección.

Fantasmas, deseos, mentiras.

Risas, naipes, dudas y esperanzas.

Daños a reponer, ganas, desorden.

Una copa llena, con motivos y sin ellos.

Plegarias, rezos y lluvia.

Soledades, canciones y ese amor.

Ganamos, perdemos y aprendemos todo eso, algo más y mucho menos.

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