Guía para que un recién nacido duerma bien


Si acabas de ser mamá, sabrás lo difícil que es encadenar horas de sueño. A continuación se desarrollará una guía práctica para sobrellevar esta cuestión lo mejor posible.

A través de diferentes técnicas, uno puede ayudar a que los niños desarrollen hábitos de sueños saludables que permitirán un descanso placentero tanto para el recién nacido como para los padres.

Dormir es de vital importancia para todo el mundo, pero para los bebés es especialmente crucial. El sueño no solo les sirve para restablecer su energía, sino que también les ayuda al crecimiento, a fortalecer el sistema inmunológico de su cuerpo, al aprendizaje, a su memoria y capacidad para procesar información y muchas más cosas.

La falta de sueño priva a los niños de la energía que necesitan para adaptarse, concentrarse y estar contentos. En ocasiones, los bebés con problemas de sueño tienden a volverse caprichosos y complicados.

Ahora bien, al igual que es importante el sueño del niño también lo es el de la madre. Una vez que nace el bebé toda la atención pasa de la madre al niño. Y es natural. Pero en ese momento la madre no sólo está aprendiendo su nuevo rol sino que además su cuerpo se está recuperando del parto. Y como se sabe, el sueño ayuda a sanar y a reparar el cuerpo después del parto. Además de ayudar al cerebro a estar calmado y concentrado ante un cambio de vida tan brusco.

La falta de sueño mantenida en el tiempo provoca y aumenta los estados de ansiedad o de depresión de una madre. Lo que conlleva a cambios de humor, aumento de peso, disminución en la producción de colágeno, ralentización del metabolismo, fluctuación en los niveles de azúcar en sangre, debilitamiento de las defensas, entre otros. Por este motivo, es tan vital que el sueño sea reparador en una madre como en el bebé.

Guía de sueño reparador

Para empezar, es importante entender que a cada edad le corresponden necesidades de sueño diferentes. Los bebés recién nacidos necesitan entre 16 y 18 horas de sueño diarias mientras que, un niño de un año necesita entre 13 y 14 horas contando las dos siestas al día. Para lograr este resultado hay que seguir tres sencillos pasos:

1. Elabora y fija un horario.

2. Evita mantener al bebé despierto hasta muy tarde con la esperanza de que duerma mejor por la noche o que se despierte más tarde por la mañana. Por lo general, tiende a ser contraproducente ya que los niños demasiado cansados normalmente duermen peor.

3. Por último, enseñarle al bebé a aprender a dormir sin trucos que le ayuden. Un ejemplo claro de esto es cuando suben al recién nacido al auto para dar un paseo porque es la única forma de conciliar el sueño. Es vital evitar que el pequeño asocie el sueño con cosas poco saludables.

Caer en la solución rápida

Es importante entender la razón por la que el niño no está durmiendo bien. Pero por sobre todo es esencial en esos momentos de cansancio y estrés, mantener la calma. Ante el agobio se suele buscar todo tipo de trucos para solucionar la cuestión: mecerlo, darle de comer o andar con él en brazos para intentar que el niño vuelva a dormir.

Si se recurre a este tipo de métodos muy seguido, estas asociaciones pueden derivar en malos hábitos de sueño. Lo que al final provocará más despertares y trastornos del sueño en el bebé y en la familia de lo normal.

Si el niño no duerme bien lo que tienen que hacer tanto las madres como los padres es trabajar para que el bebé mantenga horarios de sueño apropiados para su edad. Establecer rutinas correctas para ayudar a que el recién nacido vaya desarrollando buenos hábitos de sueño.

Por otra parte, también es recomendable que las madres se centren en llevar una alimentación saludable acompañada de ejercicio diario. Pasar tiempo al aire libre anima, hacer yoga o la meditación suele ayudar a las mamás a encontrar paz y tranquilidad en ciertos momentos muy valiosos del día. Es esencial que los padres ayuden a las mujeres en este proceso. La madre necesita tiempo para sí misma, para balancear sus energías y volver a eje.

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