Gustavo Pueyo: retratos de Santa Fe en acuarelas


Llegó a su profesión casi por casualidad, aunque llevara ya impreso en el paisaje de su alma el legado de su papá y su abuelo, ambos pintores. 

Textos. Romina Santopietro. Fotos: Pablo Aguirre.

«Mi abuelo, Don Joaquín Pueyo, era poeta y pintor. Él pintaba al óleo, en mi San Justo natal. Mi papá pinta también al óleo. Yo estudié diseño gráfico, así que puedo decir que esta inquietud por la pintura la llevo en los genes. En la escuela y en el instituto era el que hacía los afiches, y escribía en el pizarrón, algo que ver con el dibujo siempre tuve», comienza a contar Gustavo, desgranando un poco su historia.

Llegó a Santa Fe a estudiar en 1984 y desde entonces está afincado aquí.

Los críticos de arte lo describen como un pintor documental, puesto que su obra remite a retratar la arquitectura urbana de la ciudad de Santa Fe, con particular predilección por su barrio, en la zona sur y el casco histórico.

Sus trabajos buscan aportar a la conservación patrimonial de nuestra ciudad.

Descubrió su vocación un poco por casualidad, cuando estaba atendiendo su negocio de ropa, y se entretenía dibujando en hojas Canson y con las acuarelas de sus hijos.

«Comencé dibujando el barrio, los edificios de la zona… En ese momento, quien era mi esposa me incentivaba a seguir. Un día le regalé una acuarela del edificio de la inmobiliaria de la esquina a Toto Bottai, que le encantó. Y él insistió en que yo hiciera una expo, una muestra. Él organizó la primera exposición, en 2015. Yo hice 12 o 14 imágenes de barrio sur… todas de arquitectura de edificios emblemáticos: la Iglesia de los Milagros, Casa de Gobierno, el Colegio Inmaculada… En esa muestra vendí todas las obras. Más adelante la gente comenzó a venir al local, donde se vendía ropa y yo exhibía los cuadros. Era medio confuso, la gente no entendía mucho, pero preguntaban y yo les contaba lo que hacía», explica y se adivina una sonrisa en el recuerdo.

Eligió la acuarela por comodidad, confiesa. «Solo necesitás un vasito con agua, las pastillitas y los pinceles… además se seca rápido. Para el óleo necesitás aguarrás, y si se mancha la ropa o algo con óleo, no la sacás más», describe. «La acuarela me resultaba cómoda y rápida. Me gusta empezar y terminar rápido los trabajos, de ser posible en el día», afirma.

Es autodidacta. Fue aprendiendo en la práctica constante, observando, y buscando literatura sobre acuarelas. Sostiene que no le gustan mucho sus primeros trabajos, pero por otro lado, se siente conforme por la evolución de sus trazos.

Se inspira en la arquitectura, en principio de la ciudad, y luego por donde se encuentre. Siempre carga con su valijita de madera con los implementos para pintar, ya sea cuando va a trabajar, o si se va a pescar un finde a la costa. Esa valija lo acompaña todo el tiempo y por todos lados por los que pasea.

El corazón de la pintura

«Algo que trato de conseguir es que mis obras lleguen al corazón de la gente. Que las vean y reconozcan los lugares, algo cercano. Mi pintura es figurativa, por lo que es fácil reconocer qué lugar pinté, esa identificación hace que la gente disfrute mis obras», explica.

«Me gusta mostrar el patrimonio de los lugares. Como para que la gente valore lo que tenemos. Cuando camino voy mirando las puertas, los balcones… También me gusta retratar las costumbres de la ciudad. Algunos paisajes… Pero definitivamente, es la arquitectura lo que más me atrae. Todos los días me despierto motivado para pintar».

Fútbol y acuarelas

Gustavo es presidente de la Liga Santafesina de Fútbol, lo que ha generado divertidas cargadas en su grupo de amigos del «fóbal». Por ejemplo, al enterarse de su profesión, inmediatamente lo apodaron «El Acuarelero». Él se ríe y disfruta de su mote, destacando que el ambiente de este deporte es muy sano y muy bueno.

¿Cómo equilibra fútbol y arte? Poniéndole alma a las dos actividades.

«Al principio, como la mayoría de mis amigos son del ambiente del fútbol, no querían ni aparecer en las primeras exposiciones. ¡No querían entrar! Convengamos que el ambiente del arte y el del fútbol son muy distintos», se ríe. «Ahora, por ejemplo, el equipo de la liga profesional de UPCN no solo van a las muestras, sino que ¡hacen críticas! Son unos fenómenos. Son unos amigos increíbles, siempre están presentes, listos para dar una mano. Claro que son unos personajes. De a poco estamos mezclando el arte con el fútbol y eso es muy bueno», concluye.

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