Hágase amigo de la renuncia silenciosa


La pandemia ha modificado las percepciones de las personas luego de haber estado encerradas durante muchos meses. Y dentro de ellas, posiblemente una de las más profundas sea la vinculada al trabajo. Especialmente a la relación entre hombre y trabajo.

TEXTOS. Ps. Gustavo Giorgi. ILUSTRACIÓN. Soledad Grossi.

Parece que el mundo está a los corcovos… y sus habitantes también…

Digo esto a propósito de la amplificación de los cambios surgidos a posteriori de la harto famosa pandemia de coronavirus.

No exagero si digo que se han modificado las percepciones de las personas luego de haber estado encerradas durante muchos meses. Y dentro de ellas, posiblemente una de las más profundas sea la vinculada al trabajo. Especialmente a la relación entre hombre y trabajo.

Durante muchos siglos se pensaba que la actividad capaz de generarnos los ingresos suficientes para vivir debía ser un sacrificio. Desconozco si esto viene un poco del lado bíblico: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente», o de otra parte. Lo cierto es que esta visión duró hasta hace unas décadas y comenzó a virar a partir del ingreso de la denominada generación X al mundo del trabajo.

Al día de hoy, los X peinamos canas, rondamos los cincuenta abriles y ya de revolucionarios nos queda más bien poco, por lo que resolvimos pasar la posta a nuevas generaciones, que bien han sabido y saben hacer, proponer, impulsar y generar cambios.

Los millenials y centennials (treintañeros y veinteañeros) tienen una mirada hacia su actividad profesional muy distinta a la de antaño y, en términos estadísticos, ya componen la mitad de la fuerza de trabajo a nivel global. Entonces, si a ello le sumamos los efectos pos pandémicos mencionados más arriba, obtenemos por resultado una modificación dramática y radical en la relación de las personas con su actividad.

Aún no terminamos de procesar el fenómeno de La Gran Renuncia, en el que millones de sujetos alrededor del mundo resolvieron abandonar su empleo, bajo el argumento de que no estaban dispuestos a regresar al mismo en las condiciones de presencialidad; ahora surge el movimiento de La Renuncia Silenciosa, consistente en que los colaboradores se atienen a realizar lo justo y necesario, dejando de lado «la milla extra» que solía destacárseles antaño.

¿Coincidís conmigo que las modificaciones son sustanciales y no se tratan de una moda pasajera?

Tomemos la remanida metáfora de «tener puesta la camiseta» para ilustrar el sentido de pertenencia de un empleado hacia su organización.

En los tiempos que corren la relación es exactamente la inversa: no es el colaborador quien debe pertenecer a una Compañía sino que la Compañía debe pertenecer al colaborador.

El término inglés «ownership» alude a esta característica en la que las personas se sienten dueños de la organización que los aloja y, desde allí, pueden desarrollar conductas de interés y entusiasmo. El compromiso, enganche o engagement de un sujeto con una empresa es el resultado de dicha percepción.

En este contexto, resulta una pretensión infantilmente neurótica insistir con modelos tradicionales y pretender que la gente encaje en ellos.

Los líderes que pretendan gestionar con estas premisas se sentirán frustrados a diario. O enojados, siendo sus dichos más habituales: «Los pibes de hoy no quieren laburar» y comentarios similares.

El escenario ha crujido señores, y las tablas que antes nos sostenían fueron comidas por las termitas de las circunstancias.

Comprendamos de manera amable que muchas personas quieren un trabajo que forme parte significativa en sus vidas, pero de forma integrada con el resto de las áreas: amigos, familia, salud, diversión, ocio…

Las fronteras entre trabajo y vida fuera de él se diluyen en la mente de nuestros contemporáneos. Así, ir al empleo a sufrir y solo disfrutar en las vacaciones es una idea perimida.

Es falso que las personas no quieren trabajar. Lo que quieren es hacerlo a su modo y pretenden un empleo o actividad profesional que los ayude y acompañe en su desarrollo personal.

Desean que las organizaciones tengan un propósito sostenible y sean capaces de generar valor en la comunidad, más allá de su rédito económico.

Quieren trabajar en empresas con conciencia medioambiental, que respeten el ecosistema del que forman parte y no lo agredan con sus deshechos o indiferencia…

Pretenden de sus empleadores que sean éticamente responsables con toda su cadena de valor: colaboradores, clientes y proveedores…

Se entusiasman en los lugares que perciban una atmósfera de autonomía y colaboración.

Necesitan, en definitiva, sentirse parte de un espacio que les permita la expresión de su talento único, pudiendo ser quien cada uno es.

¿Y vos? ¿Cómo estás en tu empresa? ¿Sos un líder moderno, un old fashion o alguien que asumió la necesidad de cambiar y se está entrenando para lograrlo?

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