¿Hasta que las velas no ardan o salga el sol?


Por Euge Roman.

El horario en el que inician las bodas se fue modificando este último tiempo. Hasta hace muy poco los casamientos en Argentina eran eventos nocturnos o diurnos, iniciando alrededor de las 21 en el primer caso o a las 12 del medio día en el segundo, minutos más, minutos menos. La duración promedio en la mayoría de las fiestas es de 9 horas. Antes de la restricción horaria de los salones en Santa Fe, estábamos acostumbrados a que los eventos nocturnos duren hasta las 7 u 8 de la mañana.

Actualmente hay un cambio de horario al que todos empezamos a adaptarnos de a poco; sucede que de repente el 50% de las bodas (al menos las de las parejas que me consultan a mi y proveedores cercanos) empezaron a querer que su fiesta tenga una parte diurna y una nocturna, ya sea porque buscan poder contemplar y disfrutar el momento del atardecer, porque fotográficamente la luz del día es mejor pero no quieren perder la calidez y el encanto de las velas encendidas de noche o porque el salón/lugar que eligieron les gusta en ambas versiones. Es así que nos empezamos a encontrar con muchos eventos que inician cerca de las 18. Ahora bien, la adaptación viene acá no solo de parte de proveedores, sino también de invitados y todo aquel que esté involucrado a la boda.

Salvo excepciones, generalmente en un casamiento de noche el armado de sonido y deco se inicia en la mañana, y cerca de las 17 se suma el servicio de catering con todo su equipamiento y personal, para tener todo ok momentos antes del ingreso del primer invitado. En las del medio día se trata de contar con el lugar el día anterior al evento, ya que de no ser posible solo tenemos 4 o 5 horas de armado y ahí si nos convertimos en correcaminos expertos.

Al iniciar a las 18, los planes de todos tuvieron cambios, hasta de los propios invitados. Antes los invitados (sobre todo las mujeres) pensaban en vestirse acorde el día o la noche, hoy deben pensar en un look que se adapte bien a ambos momentos. Estilistas y maquilladores también se adaptan a esta nueva ola.

El menú elegido entre estas parejas «diur-támbulas» (risas) generalmente es una recepción que luego da paso al finger food porque se adapta perfectamente al ser variado, amplio y descontracturado. Aunque de igual modo digo yo siempre, que los argentinos y los santafesinos sobre todo cuando se trata de festejos no hay reparo a la hora de comer, beber y bailar.

Dos puntos importantes a saber sobre este cambio son los siguientes: como aún no hay regularización sobre la hora del final del festejo, estos eventos suelen ser más largos que los demás y eso puede implicar – en algunos casos- un costo adicional por las horas extras que dure. Otro tema importante es ¿hasta qué hora nos aguanta el cuerpo sin pedir pies descalzos y colchón? Porque seamos sinceros; no tenemos el aguante gitano y no estamos acostumbrados a festejar durante muuuuuchas horas. Además surge esa necesidad de llenar espacios de tiempo muerto o baches, lo que también se convierte en una preocupación para los organizadores.

En fin, recordemos que a veces es mejor «de lo bueno poco» y no siempre el echo de que un festejo dure tantísimas horas es sinónimo de diversión y felicidad. Los cambios, lo descontracturado y lo innovador es positivo siempre que venga de la mano de la organización, la buena predisposición, el positivismo y la buena vibra.

Sea de día, de tarde o de noche LA FIESTA la hacen quienes invitan junto a sus invitados.

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