Hijos: Manual de Uso


¿Dónde está el manual para educar a nuestros hijos? ¡A quién no le gustaría tener la técnica o la aplicación que nos de pautas concretas para resolver cada nuevo desafío que ser madres y padres nos demanda!

Textos. Lic. en Ciencias para la Familia Mariana Borga.

Por ahora, los niños no vienen con manual de uso ni tampoco existe la guía Michelín que nos muestre «parentalidades estrellas». Y menos mal que así sucede, que no hay caminos determinados ni sentido de circulación obligatorios. Educar no es transitar una autopista, es recorrer un sendero bello, pero agreste y algunas veces cansador. Cómo esos caminos serranos cordobeses, que sólo se pueden hacer de a pie, sin prisa y a veces con pausa, porque si vamos rápido nos perdemos de ver lo que está bien cerquita y también disfrutar la vista panorámica.

Con esta metáfora risueña aún de las vacaciones podemos ver que aunque haya veinte mil teorías y muchísimas experiencias educativas válidas, estas no dejan de ser «las de los otros». Nada quita la experiencia propia, el camino que hacemos nosotros como padres con cada uno de nuestros hijos.

Los mayores expertos de lo que pasa en casa, somos los padres. Los profesionales, las escuelas e instituciones son la ayuda necesaria para acompañarnos en la tarea educativa. El mejor padre y la mejor madre para nuestros hijos somos nosotros, no el especialista en familia, ni el psicólogo, ni la maestra, ni el médico. Porque a los hijos no los educamos desde una teoría ni desde una academia. Los educamos desde nuestra vida, desde lo que cada uno ES. Por este motivo, no trabajamos ni hacemos de padres; SOMOS padres. Ser madre; ser padre conforma nuestra identidad: «Soy la mamá de Fulanita y Menganito.»

A nuestro hijo le transmitimos lo que somos en nuestra manera de afrontar la vida, en cualquier aspecto que se piense: cómo hablamos del otro progenitor, cómo nos vinculamos con los amigos, con las redes sociales, con la lectura, con la imagen, con el dinero.

Mientras más seguridad adquirimos en nuestra expertise parental, más fácil afrontamos las cuestiones de crianza y de educación sin tener miedo a que nuestros hijos «nos dejen de querer». Porque, cuando sabemos hacia donde nos dirigimos y el bien que procuramos para ellos, sabemos que el «no» será la forma más clara de demostrar nuestro amor.

Ilustro esta situación con un hecho real: los padres de adolescentes sabrán que cuando comienzan o finalizan quinto año de la secundaria, se suelen reunir la noche anterior al último día de vacaciones o de clases en la casa de alguno de los compañeros; luego van a la Costanera y todos juntos llegan en manada a la escuela. Estos festejos suelen estar inmersos en excesos de alcohol, drogas y promiscuidad sexual. Por supuesto que no es unánime, pero es frecuente que así suceda. La mamá de Jere me cuenta que su hijo quiere participar del UPD, que van todas y todos, que los padres dueños de la casa estarán y que no pasará nada; todos los quintos de Santa Fe hacen lo mismo. Él es el único desdichado que se la pierde. Frente a tales argumentos, Ana- la mamá- duda: conoce a su hijo, confía en él. Tal vez se le está yendo la mano. Tal vez exagera. Pero ve la cuestión con mirada objetiva: la propuesta festiva no es buena, ni bella, ni útil, aunque vayan todos, aunque la hagan todos. Entones le dice a Jere: «Dame una sola razón válida para que te deje ir, una sola –que van todos, no lo es- y te dejo ir». Esto se lo dijo tranquila, sin sermonear, con firmeza y amabilidad. Jere no la encontró. Tampoco fue él único al que no dejaban ir. Lo que sucedió esa madrugada trascendió en los medios de comunicación por los daños que ocasionaron a personas y cosas. Acá no se agota el tema, porque la historia sigue.

Cuando decimos NO estamos diciendo un sí más grande. Si a cuidarte. Sí a mostrarte peligros y evitarlos. Si a enseñarte a usar, hacer, ir, tener, cuando sea el momento; cuando tengas la edad, cuando sea necesario. Sin tanta explicación y con más implicación, como dice el psicólogo Alejandro De Barbieri.

En nuestra familia somos únicos e irremplazables, somos los especialistas en nuestros hijos. Siendo nosotros quienes mejor conocemos lo que se vive en casa, somos los que sabemos si es necesario pedir ayuda por conflictos con nuestra pareja o nuestros hijos. Pedir ayuda nunca es un menos, una disminución a nuestra capacidad, sino al contrario: los buenos líderes saben que solos no pueden. Buscar orientación profesional y de las personas cercanas en las que confiamos, también es un gesto de amor hacia uno mismo y a los demás. Se repite seguido, y con razón, que para educar a un niño hace falta una tribu.

Prevenir siempre es la mejor opción. Encontramos libros, vídeos y demás recursos de buenos especialistas que nos pueden servir para encarar determinadas situaciones. Sin embargo nada reemplaza el encuentro cara a cara, tanto en la consulta individual como en la participación en talleres y charlas sobre determinados temas que nos interesen. A mi me encantan estos encuentros. Permiten aprender y crear esa tribu tan necesaria para educar un niño. Porque no hay manual de instrucciones para educar hijos, pero si mamás y papás dispuestos a recorrer la aventura de la vida en familia con el mejor equipo.

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