Historia viva friulana en Santa Fe


Aída Molina de Cupelín -ex presidenta de la comisión- y Susana Persello de Marconetti -actual presidenta- conversaron con Nosotros acerca del sitio que reúne a los friulanos de Santa Fe. Historia, proyectos y servicios de la asociación que se encuentra en el corazón de barrio María Selva.

 

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Manuel Fabatía.

El Centro Friulano de Santa Fe celebró en julio del 2011 sus 60 años. Es el segundo centro del friuli inaugurado en nuestro país. Este año festeja sus 67 años. Fue fundado en 1951 por un grupo de inmigrantes friulanos que se reunían para mitigar el dolor del desarraigo, compartir recuerdos y conservar las tradiciones culturales. Actualmente cuenta con 250 socios activos.

 

El 1º de julio, en el bar de la familia Paviotti -ubicado en Aristóbulo del Valle y Pedro Centeno- en una improvisada reunión resolvió dar por constituida una Sociedad Italiana Regional, Cultural y Recreativa que se denominaría Centro Friulano de Santa Fe.

 

Con el transcurso del tiempo creció, constituyéndose en un importante centro social para la ciudad de Santa Fe y alrededores. Fueron famosos sus bailes de carnaval, los picnics de la primavera, la elección de la reina anual, momentos de su historia que formaron parte de la tradición social de los santafesinos.

Fue creado por un grupo de inmigrantes de orígenes friulanos con el objetivo de crear un lugar donde se pudiera conversar, cantar sus canciones, jugar a los juegos de cartas tradicionales, además de las bochas. “La nostalgia por su tierra natal los llevó a hacer esto, porque era un grupo bastante grande. Entonces sin darnos cuenta se hizo algo importante en Santa Fe y por eso buscamos que siga siendo así”, resume Aída.

 

La institución está abierta a toda la comunidad. No es solo para friulanos, sino para cualquiera que quiera acercarse.

 

“Hasta hace una semana Aída era la presidenta de la Comisión, y ahora yo”, cuenta Susana con una sonrisa. Los períodos son de dos años, pero todos siguen vinculados con la asociación, y van sumando gente. “Hay un fuerte lazo generacional que procuramos mantener”, tercia Aída. “Así como nuestros padres participaron de este espacio, nosotros tratamos de incorporar a hijos y nietos para que se de el recambio generacional y, por supuesto, continuar con las tradiciones. Es muy bueno que se incorpore sangre joven”, continúa.

La actual comisión directiva.

“Por ejemplo, los chicos que tienen la concesión del patio cervecero son los nietos del primer presidente de la institución”, cuenta Susana.

 

La actual comisión trata de fomentar la sensación de pertenencia no sólo de los propios descendientes friulanos, sino también de los vecinos del barrio. El Centro Friulano participa activamente de la vida de la comunidad de barrio María Selva, es una institución de puertas abiertas que no deja de crecer. “Creemos que de esta manera se cuida la tradición y el espíritu de los fundadores”, explica Susana.

Objetos donados por los socios conforman la colección del museo.

Por este motivo los concesionarios del Centro tienen relación con sus raíces. “De esta manera se conserva la esencia de lo que la institución es: una ONG sin fines de lucro y con beneficios hacia la comunidad italiana friulana como también a la comunidad barrial. En principio se definió como una entidad cultural y deportiva”, describen ambas.

 

Hace unos años se unificaron el aniversario del Centro y la Fiesta de la Polenta -“esa dura, que se corta con un hilo”- y desde entonces el festejo incluye recuerdos y polenta.

 

Este año para festejar los 67 años de fogolar de Santa Fe está programada la tradicional Fiesta de la Polenta. “Tradicionalmente la realizamos el primer domingo de julio, pero este año los piamonteses hacen una fiesta muy importante por su aniversario también en la primera semana de julio. Así que lo trasladamos, porque Italia es una sola”, anuncia Aída.

Esta organización de festejos en el calendario se debe a que hay muchas familias que comparten raíces italianas de varias regiones. “Exacto. Mi marido es piamontés y yo friulana. Yo como polenta y él bagna cauda”, cierra Susana entre risas.

 

Fogolares

 

“Las casas, los centros friulanos se denominan fogolares. Existen en todos el país, en distintas ciudades y pueblos. Se los llama así porque la vida de la familia friulana se centraba en el fogón, en los fuegos, en la cocina. En cada ciudad donde se radicaban los friulanos se reunían en una casa para compartir y mantener tradiciones y de esta manera fueron naciendo los fogolares”, relata Susana.

 

Los friulanos se radicaron siempre en centros urbanos. “Los inmigrantes friulanos tenían oficios. Por eso se radicaban en ciudades, no ya en el campo para trabajar la tierra, el campo. Como los piamonteses, por ejemplo, que se ubicaron en la cuenca lechera, para la cría de ganado y para dedicarse a la agricultura”, explica Susana.

 

“Mi papá tenía el certificado de muratore, de albañil”, cuenta Aída. “Para poder emigar a Argentina a los 21 años, tuvo que estudiar un oficio”.

 

Con el paso del tiempo y el recambio generacional, la asociación debió adaptarse, y ofrecer actividades atractivas acorde al tiempo que transita y que sean un real aporte a la comunidad hoy en día.

 

Por ello, el centro ofrece, por ejemplo, sus salones para los actos de colación de las escuelas de la zona, y en un tiempo, su cancha de bochas para práctica con chicos de la escuela 2008, que tienen necesidades especiales. La institución busca ser un lugar de puertas abiertas para el barrio.

 

 

Además de los salones, hay clases de teatro, un coro, un taller de la memoria para la tercera edad, coordinado por Pami. Y claro, taller de italiano. También se desarrollan talleres de patín, danzas árabes y karate.

Museo friulano

 

Con el aporte de todos sus socios, el Centro recolectó -y recolecta- objetos preciados, tesoros familiares para organizar un museo que relata las historias del otro lado del Atlántico y las aúna con las que se desarrollaron aquí.

 

Desde pinturas, utensilios, una bicicleta, prendas de blanco pertenecientes a los ajuares familiares, vajillas, arcones y vestimentas típicas componen la colección del museo.

 

Coro Centro Friulano

 

El antecedente del Coro se remonta a los años ’60. Está cumpliendo 30 años. Eran todas voces masculinas: inmigrantes con poco conocimiento y muchas ganas. Estaban dirigidos por Humberto Donn, y el repertorio era exclusivamente friulano e italiano.

 

Cuando Humberto Donn falleció, el coro quedó a cargo de la maestra de música Zunilda Bevegna. Pero, con el paso del tiempo, las voces poco a poco se fueron apagando. En 1987 la nostalgia le ganó a la inercia, y de la mano de dos amigos (Santiago Lenarduzzi y Aldo Pandolfo, ambos ya fallecidos) la idea del coro volvió a bosquejarse, hasta convertirse finalmente en realidad. Ellos fueron los que movilizaron a la gente, empezaron a fogonear el grupo y se encargaron de buscar un director, cuentan los coreutas. Hoy el repertorio que abordan no consta solamente de cantos tradicionales friulanos, sino que la idea es conocer y difundir la música coral de todas las épocas y lugares, especialmente la de este generoso país que supo recibir a otras culturas. A lo largo de este cuarto de siglo, el coro representó a la ciudad y el país en numerosos eventos. Lo integran unas 30 socios de la institución.

 

 

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