Huerta urbana, alimentos frescos y educación ecológica


Declarada como mejor proyecto en el rubro ambiente y sustentable del 2020, Sitopia es un emprendimiento que ha logrado captar a la comunidad a través de los beneficios de la vida sustentable. No por nada su cuenta de Instagram tiene más de 200 mil seguidores. En adelante, todo acerca de su creadora.

TEXTOS. Georgina Lacube.

Florencia Gallino nació hace 34 años en Gualeguaychú, Entre Ríos, pero debido al trabajo de su papá pasó su vida en muchas provincias del sur y norte del país y en otros países como Chile, Venezuela y Barcelona, donde se graduó como Lic. en Comercio Internacional y nacieron sus inquietudes en temas de Desarrollo Sustentable. Tras recibirse, regresó a Buenos Aires y, al año, volvió a partir. Su próxima residencia fue la ciudad de México, donde vivió 9 años. 

Al comienzo de su vida laboral trabajó en varios proyectos relacionados a la sustentabilidad, uno de ellos en el área de Responsabilidad Social de Converse (marca de zapatillas) con proyectos vinculados a lo ambiental. «Siempre tuve interés por el cuidado del medio ambiente y fue por esa conciencia ambiental y por el amor hacia los animales que cambié mis hábitos personales y me volví vegana. Siempre busqué con mis acciones generar un impacto positivo en mi entorno y en la naturaleza. El mundo y la pasión por los cultivos vino por ese lado, y al dejar de comer carne y derivados animales sentí curiosidad por aprender a cultivar mis propios alimentos. Así arranqué a hacer cursos de huerta y a meterme en ese mundo que me atrapó y apasionó», recuerda. 

La historia de Sitopia, su emprendimiento, se remonta 7 años atrás, cuando Florencia y una amiga mexicana decidieron montar una enorme huerta en La Roma, un barrio de la ciudad de México. La idea inicial era lanzar un restó vegano que tuviera un huerto en su terraza para cosechar la enorme variedad de vegetales orgánicos con los que prepararían sus platos. Con ese fin, comenzaron a tomar cursos para aprender a hacer cultivos aprovechando los espacios de la ciudad. Gracias a ese bagaje comenzaron a cosechar y ya a los 3 meses estaban consumiendo todos los días de delicias de su huerta y descubriendo los auténticos sabores de las hortalizas: deliciosos, frescos y más intensos. Esto generó una comunidad de entusiastas que querían ir por su mismo camino. «Desde ese momento todo fue fascinante: descubrimos un mundo nuevo, el de la siembra de las semillas y su germinación, el de conocer el ciclo de las plantas que siempre comíamos pero que desconocíamos su génesis. Fue una época de mucho aprendizaje, donde descubrimos que llevaban polinizadores, que había que hacer compost para alimentar el suelo, empezamos a convivir con plagas, con bichitos, todo fue una aventura. Las cosechas eran tan grandes que teníamos que pedir ayuda a nuestros amigos, quienes a su vez se copaban con la idea de cultivar también. En un abrir y cerrar de ojos habíamos hecho el acto más revolucionario de nuestras vidas: ser sostenibles, comer de nuestra huerta y educar para generar conciencia», relata Florencia. 

ESPACIOS VIVOS Y COMESTIBLES

Ese fue el clic que les hizo dar cuenta de que su proyecto era otro, y así fue como en el 2015 nació su emprendimiento de regeneración urbana que promueve, educa y facilita el cultivo en la ciudad con el fin de crear espacios vivos y comestibles, incluyendo el compostaje de los residuos orgánicos. 

 «Cultivar te lleva a lugares muy lindos y te conecta con emociones sencillas pero súper puras y sanas. Es una experiencia transformadora para quienes la descubren, especialmente si sos citadino. Y la pandemia contribuyó a que muchas gente de la ciudad quisiera empezar a cultivar sus propias hortalizas», asegura. 

Lejos de conformarse con lo que aprendía en cursos de huerta, decidió capacitarse en Permacultura, la filosofía de trabajar con la naturaleza y no en su contra, como pasa con el agronegocio. Para Sitopia la naturaleza es la herramienta fundamental para educar, empoderar y transformar. «La naturaleza es siempre la mejor maestra, nosotros somos guías que impulsamos escucharla y trabajar a su favor».

En el 2019, Florencia decidió regresar al país para fundar Sitopia Argentina, y así llevar más allá su proyecto hacia la comunidad que la vio nacer. «La huerta está ubicada en Villa Crespo. El lugar es como una especie de co-work en una casa dividida en oficinas y en cuya terraza, un espacio de 45 metros cultivamos en macetas todo tipo de hortalizas. «Para mí era importante encontrar un lugar donde pudiera trabajar la huerta, compartirla y enseñar a otros a cultivar desde ahí, desde nuestra propia experiencia, conocimientos y errores. La huerta es una escuela de vida por eso la llamo huerta-showroom», precisa quien tiene a su cargo un equipo de 3 mujeres: Rosario Méndez Casariego, encargada de la operación de Sitopia (concreta proyectos con escuelas, asilos y empresas); Camila Márquez, que se ocupa de la tienda virtual (donde venden semillas agroecológicas, abonos, macetas geotextiles entre otros productos), y Luciana Pasión, community manager. Entre las cuatro llevan adelante este proyecto que recibió la distinción de la ciudad de Buenos Aires como mejor emprendimiento en el rubro ambiental y sustentable del 2020 en el marco de la conmemoración del día del emprendedor porteño. Esta celebración es organizada por el Gobierno de la Ciudad Autónoma con reconocimiento legislativo y ejecutivo.

«Este premio fue una sorpresa muy linda y emotiva. Especialmente porque vengo trabajando hace muchos años en este proyecto y en el medio nos agarró la pandemia que, inesperadamente, potenció mucho a Sitopia ya que nos encontró en un momento muy bueno para brindar las herramientas para que otros aprendan. Hubo búsqueda de referentes como nosotras que supieran enseñar a hacer huertas en casa y eso nos vinculó con esa gente que estaba adentro de sus casas aisladas pero con interés por la sustentabilidad. Son personas que arrancaron en confinamiento, se enamoraron del proceso y ahora están cultivando una parte de su alimento y realizando compostaje doméstico. Por eso el premio fue un empuje para saber que vamos por el camino correcto», revela. 

Además, su negocio se ve acompañado hoy por el boom de las huertas domésticas, que crecen, entre otras cosas, por el mayor acceso a la información. «Lo que pasa es que una vez que probás el sabor de un vegetal recién cosechado, sin químicos ni mutaciones genéticas, no hay vuelta atrás. Cultivar tu comida es un poco adictivo y contagioso. Y veo a esta furor por la huerta como algo súper positivo ya que nos acerca a nuestros alimentos, a comer mejor y sano, a redescubrir los sabores de la comida y por otro lado nos permite conectar con algo tan sencillo pero tan importante como los ciclos de la naturaleza, a respetarlos, aprender de los tiempos, de las temporadas y sobre qué deberíamos estar comiendo en cada momento del año. Eso te genera otra perspectiva de los comestibles, distinto a lo que pasa cuando vas a la verdulería y ya está todo listo para consumir», reflexiona quien está al frente de los cursos presenciales y virtuales y se ocupa de dar consejos en redes sociales sobre cómo armar una buena mezcla de sustrato (mezcla de suelos), la importancia de respetar las temporadas del año, qué sembrar en cada mes y qué hacer para que una planta esté fuerte, sana y no se enferme. 

Lo bueno es que muchas empresas también están trabajando a favor del medio ambiente. «Con ellas hacemos capacitaciones y cursos sobre huertas, plantas nativas, composteras, instalamos y hacemos jardines comestibles. Por otro lado, también realizamos activaciones, como la del shopping Abasto donde cada semana animamos a los visitantes a que siembren», concluye Florencia, un modelo a seguir para que las nuevas generaciones tengan un mejor lugar donde vivir.

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