José Raúl Capablanca, el genio cubano


Textos. Nadir Dib (dibnadir@hotmail.com).

José Raúl Capablanca nació el 19 de noviembre de 1888 en La Habana, (Cuba), hijo de una ama de casa particularmente hermosa, y de un militar español quien fue el que inculcó al prodigio los primeros pasos en el mundo del ajedrez.

Capablanca participaba como espectador de lujo de las partidas de ajedrez entre su padre y sus amigos militares, hasta que por fin le fue concedido jugar, derrotando a todos ellos con tan solo 5 años de edad, despertando un especial asombro en su padre, quien inició un particular acompañamiento en lo que sería la formación como ajedrecista de su hijo en el recordado club de La Habana.

Rápidamente llegaron las primeras victorias resonantes y ya se comenzaba a palpitar que estaban frente a un niño prodigio, con una capacidad insuperable para resolver problemas frente al tablero, con un sentido extremadamente exquisito del ajedrez posicional, y con una comprensión del juego ciencia pocas veces vista hasta la actualidad.

Se consagró campeón cubano absoluto con tan solo 13 años, derrotando al experimentado poseedor del título hasta ese momento Juan Corzo, en lo que sería el inicio de una carrera próspera y vertiginosa, hasta su conquista de la corona mundial.

A sus 18 jóvenes años viaja a estudiar a los Estados Unidos, obteniendo una beca que le otorgó un empresario cubano a cambio de posicionar a su empresa en los principales mercados. José comienza la carrera de ingeniería química, pero su pasión por el ajedrez lo supera ampliamente, entonces comienza a asistir al club de ajedrez Manhattan, donde conoce a las principales figuras del ajedrez mundial, incluyendo al por entonces actual campeón, el alemán Emanuel Lasker.

Fueron muchos los apodos para citar a nuestro querido personaje, el Mozart del ajedrez, La Máquina de Ajedrez, y muchos más, pero su torneo consagración sin lugar a dudas fue el de San Sebastián, en 1911. Allí se daban cita las principales figuras del ajedrez, poniendo en duda su participación, al no poseer ningún pergamino para participar en dicho evento con tamañas figuras, todas esas incógnitas se callaron rápidamente cuando el cubano comenzó a jugar, ganando el premio a la belleza en la primera de sus partidas, luego, terminaría ganando dicho evento de manera contundente frente a sus principales rivales de turno, esta sería la primera gran conquista de nuestro joven cubano.

Ese mismo año desafía al por entonces campeón Emanuel Lasker, este se niega a jugar un match con el cubano, poniendo una innumerable cantidad de condiciones imposibles de llevar a cabo. Al año siguiente, en vísperas del rutilante ascenso de Capablanca, Lasker decide otorgarle el título de manera voluntaria, sentenciando «es usted el verdadero campeón en la actualidad, yo solo seré su retador».

Desde 1921 hasta 1927 Capablanca se mantuvo como campeón del mundo, mostrándose permeable a disputar su título a cualquier jugador que consiga una bolsa de 10.0000 dólares para repartir en dicha contienda, esta oferta se hizo realidad, y la realidad se volvió una verdadera amenaza, siendo Alexander Alekhine quien cumpliera con dichas condiciones para disputar el esperado match por el título del mundo.

El match ya tenía día y lugar, 16 de noviembre de 1927 en el querido Club Argentino de Ajedrez de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Los pronósticos eran desalentadores para el retador Ruso-Francés, ya que hasta ese momento no había conseguido derrotar nunca al genio cubano, pero hay un detalle que no es menor, Alekhine había realizado una exhaustiva preparación para el citado match, mientras el cubano, subestimando a su rival, y teniendo una excesiva confianza en su talento, se dedicó a recorrer Sudamérica dando simultáneas y promocionando nuestro querido ajedrez.

La primera partida del match arrojó la primera sorpresa, el ruso derrota al genio cubano demostrando una extraordinaria preparación, lo había estado estudiando durante meses, sus partidas, su razonamiento, su ajedrez, y todo eso al fin daba sus frutos, 1-0 en favor de Alekhine.

Luego de una innumerable cantidad de empates, los cuales no eran tenidos en cuenta, el ruso logra la tan ansiada 6ta victoria y por ende la obtención del título, la rendición como no podía ser de otra manera llegaba por escrito, de parte de Capablanca, diciendo lo mismo: «Mis felicitaciones Alexander Alekhine,es usted Campeón del Mundo, hágale llegar mis augurios a su joven esposa».

La rivalidad existente entre ambos era manifiesta, se habla de desprecio mutuo, incluso, prácticamente no compartían la mesa juntos, tablero de por medio, cuando efectuaba su jugada, se levantaba e iba a dar un paseo.

Alekhine, por ese entonces campeón del mundo, puso la misma condición que el cubano, una bolsa de 10.000 dólares a cualquiera que quisiera retarlo, condición muy poco probable, ya que luego vendría un colapso económico mundial con la ya conocida crisis de 1929.

Capablanca se mudó definitivamente a los Estados Unidos, realizando unas descollantes victorias en torneos internacionales, pero sin conseguir poder disputar nuevamente la revancha por el título del mundo, tras varios intentos esquivos del por entonces campeón Alekhine.

Poseedor de un estilo único, y un talento pocas veces visto, lo único que podemos reprochar era su pereza para el estudio, o su exceso de confianza en su talento natural, es por eso que hoy homenajeamos a nuestro tercer campeón del mundo, el brillante niño prodigio, José Raúl Capablanca.

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