Juliana Ulla: “La danza es una forma de comunicarnos”


Bailarina y maestra de danza, concibe al arte como un espacio de encuentro. Desde hace nueve años dirige “Trobada, Escuela de Arte”, un espacio donde conviven distintas disciplinas artísticas. Aquí, una charla sobre sus inicios, la docencia, los certámenes, la vida con la danza.

Textos. Mili López. Fotos. Luis Cetraro.

Diez pares de zapatillas de punta, diez tutús inmaculados, diez miradas intensas. La música clásica se eleva y habita el espacio, se cuela por las paredes y su cadencia genera la atmósfera propicia. Primera posición, cuello erguido que culmina en un perfecto recogido del cabello. La maestra cuenta un, dos, tres, cuatro. El levare de su mano derecha habilita al primer movimiento y comienza el vuelo.


Esta escena podría ser de un ensayo en el Royal Ballet o en el Teatro Colón, pero lo cierto es que es de una escuela de danza de Santa Fe. La maestra es Juliana Ulla y son pequeñas bailarinas que se inician en el fascinante mundo de la danza. La dedicación y profesionalismo hacen que la escena sea universal.


Decía la bailarina Pina Bausch “Lo que determina mi proceso creativo son los hechos exteriores: la vida”. En este ida y vuelta, a Juliana Ulla le ha pasado lo que a muchos artistas: la danza es su vida o, dicho de otra manera, su vida es crecer junto a la danza.


“De chiquita tenía un cuerpo que me costaba manejar. Era muy torpe, larga y flaca para mi edad, por eso a los ocho años mi mamá me llevó a expresión corporal, y después comenzaba la clase de clásico. Un día Miriam Heredia, mi maestra, me invitó a participar y descubrí que me encantaba la danza, pese a que mi mamá me decía que era una disciplina estricta. Me gustaba la música, que era totalmente distinta, y la simetría que veía en los movimientos, las nenas que elevaban sus piernas al mismo tiempo, el vestuario y el peinado”, evoca.


Luego de estudiar con Miriam Heredia durante casi diez años, a los dieciocho años decide formarse en el Liceo Municipal “Antonio Fuentes del Arco” y recibe su título de Profesora de Danzas Clásica y Contemporánea.

De espíritu inquieto siguió capacitándose en la Universidad de las Artes (UNA) en Buenos Aires y viajaba cada quince días para validar su título.
Con el tiempo, el camino recorrido ha hecho que Juliana busque su espacio expresivo en la danza contemporánea, y de esa manera fue parte de “Rojo Congo”, dirigido por Claudia Ormache, en un cruce de lenguajes esta vez con las raíces folclóricas, fue integrante del Ballet “Martín Fierro”, dirigido por Ariel Sosa y también fue parte de la obra “Frida” de la Compañía Vendaval dirigida por María Paz Meza. En paralelo, como docente dio clases en San Jerónimo Norte, en la Academia de Miriam Heredia, en Tabula Rasa, hasta poder abrir su propio espacio en Trobada, Escuela de Arte.


“La danza para mí es mi vida” y lo dice como lanzando un dardo al mundo: “nunca dejé de bailar, ni siquiera cuando estuve embarazada -es mamá de Teo, Matilda y Antonio- . “Creo que el arte como formación integral siempre hace a la diferencia, aunque después no te dediques, algo te deja. La danza te beneficia desde lo espiritual, desde lo matemático, desde lo físico, desde lo musical. La danza es una forma de comunicarnos”.

Lugar de Encuentro

Trobada significa encuentro. Hace nueve años que las salas de la escuela de arte se habitan con niños y niñas, adolescentes, maestros y maestras. Ahí se gestan puestas escénicas, laboratorios de investigación, momentos de creación y nuevas bailarinas que trascienden fronteras.

“Sentí la necesidad de generar un espacio en Santa Fe, pensando en tener maestros con prestigio, con la estética que a mí me gusta, y en estos años ha habido aciertos y desaciertos, pero creo que el balance es más que positivo”, dice Juliana y agrega “mi intención fue generar un lenguaje propio de trabajo y armar un espacio con sentido de pertenencia, con el objetivo que las artes dialoguen, se fusionen, se alimenten”.

Si bien la danza es la protagonista, el espacio abre el juego a otras disciplinas artísticas. En este abanico de posibilidades, las instancias de formación incluyen “Danza clásica”, en sus distintos niveles a cargo de Juliana Ulla y la reconocida formadora Ma. Elisabeth Sture, “Iniciación a la Danza” y “Danza Jazz”, a cargo de María Eva Papaleo, “Hip hop”, con la Profesora Lucía Castillo, “Danza contemporánea” para niños a cargo de Rosario Salvatierra y para jóvenes y adultos con la Profesora María Paz Meza, “Música”, con la docente Elisa Candioti, “Telas”, con la profesora Nadia Telosa, “Taller creativo”, con Mavi Sánchez, “Teatro”, con Sofía Gerboni y además con Verónica Lencinas, entrenamiento para bailarines, yoga y pilates.

Caminar por los pasillos de Trobada es respirar arte. Sus salas, sus vestuarios, su patio se pueblan de jóvenes que saben de sacrificio, de recompensas, de sensibilidad, de disfrute. Son postales que se pintan cada día: las mallas, los rodetes, las puntas, los pies descalzos, las piernas sobre las barras, los espejos, los cuerpos, los juegos, las risas, los instrumentos, la música, el silencio, el respeto.

Sus docentes, de reconocidas trayectorias también son artistas y eso hace a la diferencia. “Es importante para nuestros alumnos y alumnas ver a sus docentes sobre el escenario. Es una transferencia directa que excede las clases de técnica, postura o interpretación. Es transmitirles la pasión por la danza, la pasión por el arte”, destaca Juliana.


Sus muestras anuales son mucho más que eso, son obras escénicas. “La docencia son las ganas” dice y mueve las manos como buscando más palabras, “la pasión que un maestro le pone a la formación. El crecimiento está en moverse, alimentarte con otros maestros, con otras disciplinas, ver videos de las mejores compañías del mundo, ir a certámenesà El arte es el motor de mi vida y trato de transmitir esa pasión a mis alumnas y alumnos. Dejar un mensaje de amor en lo que se hace”.

Semillas y frutos


“El semillero es lo más importante para un maestro, ver crecer a sus alumnos es como un padre ver crecer a sus hijos. Ya lo empecé a transitar, hay alumnos que han empezado de muy pequeños y que han llegado a la recta final y a su vez, han seguido con sus propios proyectos con la danza. Este semillero, nos hace a nosotros crecer, seguir capacitándonos y que el incentivo sea latente, que el espacio se renueve”, afirma.

Las alumnas y alumnos de su academia han trascendido fronteras y han llegado a instancias internacionales. Es el tiempo de cosecha, de recoger los frutos que se cuidan con tanta dedicación y paciencia día tras día, en cada ensayo, en cada coreografía, en cada muestra.

“Hace tiempo que participamos de distintos certámenes por la necesidad de generar en las alumnas un recorrido de carrera. Lo que sí tenemos en claro es que cuando salimos para estas competencias, son instancias de crecimiento y no para ir en búsqueda de un premio, vamos para seguir mirando y aprendiendo” subraya y continúa: “Como maestros tenemos que tener la habilidad de no exponer a un alumno a una competencia donde puede pasarla mal, frustrarse y procurar que se sientan cómodos arriba del escenario y que el trabajo que se muestre esté acorde a sus posibilidades. Es muy fructífero porque se genera en ellos una retroalimentación con otros bailarines y otras escuelas”.

Han participado de certámenes renombrados con premios y becas internacionales como “Open Art Rosario”, ganando una beca para estudiar en Italia, “Gran Premio a América Latina” (GPAL), en Carlos Paz, obteniendo becas para el Cary Ballet (Carolina del Norte- EE.UU.) y para la Escuela de Hamburgo (Alemania), “Danzamérica”, “Prix de Jóvenes Artistas”, en Mendoza con becas nacionales para estudio. También el “Premio Impulsarte”, donde una alumna fue elegida para el YAGP (Youth America Grand Prix) de New York y “Danza en Vuelo- Santa Fe”, entre otros. Adem ás se obtuvieron premios por coreografías y como Mejor Maestra.

Con la experiencia como garantía, Juliana se basa en el cruce de lenguajes. “Todo lo que un bailarín clásico pueda incorporar a su danza es bienvenido: break, danzas urbanas, jazz, todo hace a la formación integral. Aunque luego no se aplique directamente, todo alimenta. Lo mismo pasa para las otras danzas, la formación clásica es la base”.


Como un testimonio afirma: “El bailarín que quiere avanzar, si se lo propone, puede avanzar. La técnica clásica es una disciplina muy difícil que depende mucho de las condiciones físicas naturales de cada persona. Si ese bailarín tiene limitaciones por su cuerpo, así y todo se puede avanzar con trabajo y con estudio. Hay muchos ingredientes que hacen que se avance, porque con entrega y entusiasmo no hay techo”.

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